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Andrés Cañizález

60 años con el país

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Por estos días la Universidad Católica Andrés Bello celebra sus 60 años. Desde mi perspectiva, la UCAB, o la católica, como le suelen llamar llanamente las nuevas generaciones de ucabistas, debe analizarse más allá del número de graduados tanto de pregrado como de posgrado, porque lo que ha venido distinguiendo a la universidad en las últimas décadas es estar a tono con el país y al servicio de la sociedad venezolana.

La visión de las autoridades, con motivo del aniversario, seguramente enfatizarán los logros genuinos de la UCAB. Yo, en tanto, escribo como un ucabista de a pie, un venezolano que ha encontrado en esta universidad no sólo un espacio formativo profesional, sino que fundamentalmente ese campus de Montalbán ha sido un semillero de proyectos y de reflexiones, terreno fértil para pensar el país.

Mi ingreso como estudiante a la UCAB, lo pude entender años después, reflejó claramente una política de compromiso social mantenida históricamente por la Compañía de Jesús. Comencé a estudiar en la UCAB hace 30 años, en octubre de 1983. Llegué amparado únicamente con una carpeta de mis notas de bachillerato, venía de Barquisimeto a instalarme en Caracas con el sueño de ser el primer profesional de mi familia. No provengo de una familia con una tradición académica y en aquel momento tampoco teníamos condiciones económicas.

Un jesuita, uno de los viejos seguramente proveniente del País Vasco, me entrevistó para dar respuesta a mi solicitud de apoyo económico. Tras revisar mis documentos de bachillerato me dijo: “Así que quieres estudiar aquí, tienes buen promedio de notas y aquí debes seguir igual, estudiando mucho”. Me anunció de seguidas que tendría una exoneración importante en la matrícula y además me ubicó unas horas de beca-trabajo para acomodar libros en la biblioteca de la universidad en horas nocturnas, una tarea que cumplí durante varios años una vez que concluía mis horas de clase y que me significaban un ingreso económico vital.

Aquel sacerdote me abrió las puertas de la universidad, una historia que han vivido miles de ucabistas sin recursos económicos suficientes para costear la matrícula, pero que ello no les impidió estudiar en la UCAB.

Volví a la UCAB años después, como profesor y en la última década fundamentalmente como investigador. Encontré un sitio en el cual podía desarrollar una carrera académica en un espacio plural y de libertad de pensamiento. En estos años, en ningún momento, ninguna autoridad intervino para llamarme la atención sobre lo que digo, escribo o pienso y que manifiesto en las aulas y por distintos medios de comunicación.

Al contrario, presencié muchas oportunidades críticas en las cuales personal de la universidad confrontó puntos de vista con autoridades de todo nivel, exponiendo diferencias sobre la coyuntura política o las política educativa de la universidad, sin que ello implicara algún tipo de sanción.

La UCAB está comprometida con el país. La semana pasada participé en tres actividades en las instalaciones de Montalbán que así lo corroboran. Estuve en un congreso internacional en el cual se revisaron las condiciones electorales en Venezuela y que sirvió de escenario para presentar una importante investigación cuantitativa y cualitativa con las percepciones de los venezolanos sobre el proceso electoral en nuestro país.

El caricaturista Edo estuvo para inaugurar junto al rector José Virtuoso una exposición gráfica para recoger las principales conclusiones a las que arribó el segundo encuentro de organizaciones sociales, que se celebró en julio pasado en la UCAB en alianza con redes educativas y de la sociedad civil venezolana.

Se celebró -igualmente la semana pasada- un seminario para analizar las implicaciones de la Ley Orgánica de Cultura bajo la óptica de reflexionar sobre una suerte de encrucijada cultural para el país, defendiendo la pluralidad de expresión artística. Eventos, reflexiones y publicaciones de este tenor tienen lugar de forma cotidiana en la UCAB, son 60 años de compromiso con el país.