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Richard Blanco

A 5 años de mi detención

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Mañana 26 de agosto se cumplen 5 años de la injusta detención que me hizo el gobierno del presidente Hugo Rafael Chávez Frías, comandante supremo de la revolución bolivariana del socialismo del siglo XXI. Todo comenzó cuando salía de la oficina que ocupaba como prefecto de Caracas, ubicada en la avenida Urdaneta, y me dirigía a realizar una reunión de trabajo en la sede de la Jefatura Civil de la parroquia La Pastora, (en la cual solían acompañarme algunos directores del despacho, así como también el diputado a la Asamblea legislativa del estado Miranda, Oscar Pérez).  En ese momento un grupo de funcionarios adscritos a la división de captura del Cicpc, comandado por el comisario apodado “el Chino”, me abordó en la planta baja del centro Financiero Latino. 

En mi  detención participaron no menos de 30 funcionarios con  ametralladoras y armas de gran potencia,  indicaron que se me acusaba de haber golpeado al funcionario Jonathan Bermúdez, adscrito al grupo fílmico de la Policía Metropolitana. Este fue el hecho que se registró en la marcha que realizó la sociedad civil venezolana conjuntamente con los partidos políticos en protesta a la Ley Orgánica de Educación Superior.

Confieso que esa mañana, desde que me levante, sentí que algo extraño pasaría.

A eso de las 10 am, el comisario Carlos Rodríguez,  jefe de la Inspectoría General de los Servicios de la Prefectura de Caracas, me pasa la novedad que la camioneta adscrita a mi despacho estaba siendo revisada  por funcionarios de la Policía Metropolitana, cosa que me extrañó porque era un vehículo oficial y de la forma en que lo estaban revisando no era la de un procedimiento legal correspondiente. Insisto, el día pasó muy lento, con mucha tensión y complicaciones por todo lo antes narrado. 

Fueron momentos que pasaron con mucha tensión, debido a que se encontraban detenidos 11 funcionarios de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, que solicitaban en protesta pacífica ante el Tribunal Supremo de Justicia se les atendiera las reivindicaciones socio-laborales pendientes de aprobar por parte del Ejecutivo Nacional. Ese mismo día el alcalde Antonio Ledezma se encontraba cumpliendo funciones relacionadas con su despacho en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Me había solicitado la atención máxima para los compañeros de trabajo detenidos, así como el cumplimiento del cronograma de actividades de cada una de las direcciones de la institución.

Ese sábado 22 de agosto de 2009, cumpliendo mis funciones como prefecto de la ciudad, implementé un dispositivo para la custodia y el resguardo de dicha marcha pacífica. Vía al recorrido que saldría desde el centro comercial Lido acompañado por mi hijo Richard Humberto y algunos funcionarios de mi despacho, pude escuchar por radio policial que existía algún problema en las inmediaciones del sitio de salida. No dudé y me trasladé hasta ese punto sitio para observar qué ocurría y solucionar la situación. Al llegar, un ciudadano de aproximadamente de 42 años de edad que se encontraba en la manifestación cívica acompañado por su esposa y sus dos hijos menores de edad, me informó que un supuesto funcionario encubierto lo había filmado a él y a sus hijos, por lo tanto me pidió que actuara ya que no sabía cuál era el fin de esa grabación. Seguidamente el ciudadano me señaló el lugar donde se encontraba el funcionario y observé que un grupo de personas lo estaban golpeando fuertemente. Eso no lo podía permitir, primero porque soy defensor permanente de los derechos humanos y además por mi condición que ostentaba como prefecto de la ciudad, por ello me trasladé corriendo hasta donde se estaba generando este acontecimiento, abracé al joven funcionario Jonathan, lo saqué del lugar (no sin antes recibir algunos empujones y golpes de la multitud que rechazaron mi actuación) y se lo entregué a la comisión para que nada mayor le ocurriera a este inexperto policía. Esto fue filmado y trasmitido por canales nacionales e internacionales, grabado por las cámaras de RCTV. En esta grabación del sistema de radios de la Policía Metropolitana, ubicada en Cotiza, que fue expuesta a la opinión pública por el diputado Ismael García, se aprecia mi actuación ajustada a la legalidad, en una comunicación entre el sargento Carlos Melo y el operador de control maestro de la PM.

Ahí comenzó la lucha por la injusticia que la justicia venezolana, cometía en contra de un venezolano que actuaba de buena fe. Ustedes no se imaginan la pesadilla que significó esos 8 meses y 23 días de mi confinamiento en unas de las cárceles más peligrosas de Venezuela como lo es el Centro Penitenciario de Yare en el estado Miranda. Porque siempre lo he dicho, un día en la cárcel es una semana, un mes es un año, el tiempo se va muy lento y ese olor característico a hierro fundido mezclado quizás con sangre de algún preso maltratado, mezclado también con el olor a algún muerto o muertos ocurridos en esa celda era verdaderamente insoportable. Allí en el calabozo 18 resistí atropellos y vejámenes, soporté la soledad que era mi gran acompañante, pero por dentro me llené de más valor y fuerza para seguir luchando por los sueños que tengo para mi patria, que en definitiva son los mismos sueños que tienen la mayoría de los venezolanos, obtener un país de grandes oportunidades, de libertad, de respeto a los derechos humanos, de buenos servicios, de más y mejor educación, de recursos abundantes que se utilicen en beneficio de todos nosotros. En esos momentos me dije que si ese hueco donde estaba preso de 3x3 mt, sin agua y con sólo una letrina era lo que tenía que soportar para tener una patria digna, pues estaba dispuesto a asumirlo, y así lo hice.

Mañana se cumplen 5 años de la injusticia de la justicia venezolana en contra de mi persona. Por eso hoy quiero agradecer a todo el pueblo venezolano, hombres y mujeres que estuvieron pendientes y lucharon por mi caso, que era el caso de todos los que luchamos por Venezuela. Permítanme, mis queridos lectores, agradecer especialmente a algunos compañeros y familiares que estaré eternamente agradecido: gracias a mi madre Hilda quien supo entender que si no la veía o la llamaba como siempre lo hago diariamente era por una gran causa; a mis hermanos que pudieron darle ánimo y más fortaleza a ella que ya la tenía, porque quiero que sepan que mi madre es un roble; de manera muy especial a mis hijos Andreína y Richard Humberto por la valentía, entereza y por no haberse doblegado nunca a este régimen que pretendía asustarlos y silenciarlos y provocaron en ellos la fuerza de la palabra que fue llevada a cada uno de los rincones dentro y fuera de mi país;  a Mandy y a Valeria,  a todos y cada uno de los miembros de la mesa de la Unidad Democrática que demostraron que la unidad sí se puede dar cuando se lucha de corazón por Venezuela. Gracias a  Delsa Solórzano, Henry Ramos, Oscar Rondero, Iván Marcano, Ramón Guillermo Aveledo,  José Manuel España, Ismael García, Julio Borges, Leopoldo López, Henrique Capriles Radonski, Oscar López, Ramón López, a todos sin excepción, que dieron una lucha confundida en gestos de atención y seguimiento a nuestro caso. También a dos personas de las cuales estaré eternamente agradecido, amigos de siempre, Antonio Ledezma y su señora Mitzi, que se entregaron a tiempo completo hasta el día de mi liberación y  se convirtieron sin duda alguna en unos padres para mis hijos mientras estuve ausente por una gran causa como lo es  ¡Venezuela! Gracias a todos los compañeros de mi gran partido político Alianza Bravo Pueblo. A todos ellos: Alcides Padilla, Edwin Luzardo, Sergio Contreras, Marco Pantoja, Helen Fernández, Cristóbal Hernández, Luis López, Carlos Blanco, Pedro Segundo Blanco, José Molina, Rosaura Sanz, Héctor Urguelles, Sergio Peregrino, Adriana Aguilera,  Gabriel Matute, Son muchos, definitivamente muchos, los resumo en mi gran familia ABP y a todos mis jefes civiles y personal de la prefectura.

A Oscar Pérez, mi amigo de lucha y de causa, al cual le envío mis infinitos recuerdos y le digo que falta menos para el encuentro en una patria de libertad, a todos los presos y exiliados políticos, a sus familiares, también mil gracias.  A mis amigos de otros países como las diputadas de Argentina Silvana Guidici y Patricia Buldrich por haberse trasladado a mi sitio de reclusión, a mi amigo senador español Dionisio García. También a mi equipo de abogados, los mejores. A los estudiantes universitarios que se incorporaron a la huelga de hambre frente a la sede de Organización de Estados Americanos en las Mercedes, Caracas y en cada una de las instituciones universitarias del país, a ellos infinitas gracias.

También quiero agradecer a todos los medios de comunicación que se hicieron eco de nuestra causa, en especial a Alberto Federico Ravell, Del Valle Canelón, Miguel Ángel Rodríguez, Yanelie Briceño Condado, Leopoldo Castillo, Kiko Bautista, Ronald Carreño, Carla Angola, son muchos mis queridos colegas, quizás no deba puntualizar algunos, la verdad y lo siento en el alma es que todo el pueblo de Venezuela con las cartas que me enviaron, las estampitas, rosarios, con las oraciones que llegaban a mi calabozo todos los venezolanos sin excepción no estuvieron jamás de acuerdo con semejante atropello.

Gracias Venezuela, sigamos en la lucha, que más temprano que tarde lograremos la alegría de ser libres.