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Antonio Ecarri Bolívar

A 56 años añoramos Puntofijo

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Hoy, 31 de octubre, se cumplen 56 años de la celebración del Pacto de Puntofijo suscrito por AD, Copei y URD en casa del doctor Caldera. Esta fecha es trascendente porque nos permitió vivir las mejores cuatro décadas de toda nuestra historia y, además, porque los responsables del desastre cometido contra la república, en estos últimos quince años, han urdido toda una mentira “goebbeliana” para demonizar ese acuerdo y sobre él pretender construir una tiranía que es el polo opuesto de aquella entente. 

Ese acuerdo, roto de manera temprana por URD, pero mantenido por AD y Copei, en lo fundamental, hizo posible la existencia de la época más brillante, progresista, democrática y en paz que vivió Venezuela en toda su historia, que llegó a servir de modelo para la transición política en España a la muerte del dictador Francisco Franco y devolvió la democracia a ese país.

Mientras, lo que ha hecho con Venezuela el “socialismo del siglo XXI” está a la vista de todos: con una concepción de planificación central y estatista exagerada ha acabado con los sectores productivos, ha iniciado un proceso irreversible de desindustrialización del país; la salud es un desastre, la educación por los suelos, la infraestructura desplomándose; la inflación más alta del mundo, el desabastecimiento haciendo de las suyas sin ningún control, los comercios cerrando sus puertas, las amas de casa haciendo interminables colas para comprar lo más elemental para subsistir con dinero que no le alcanza, sin medicinas para calmar las más apremiantes enfermedades, la corrupción galopa sin precedentes en nuestra historia, la muerte de más de 20.000 compatriotas, cada año, a manos de un hampa desbordada, y un largo etcétera de horrores. Pero, hete aquí, que todo este desastre lo ha hecho este gobierno cuando a Venezuela le ha ingresado, solo por la venta petrolera, la friolera de más de un billón quinientos mil millones de dólares que representan, a precios comparativos, unos veinte planes Marshall con que se reconstruyó toda Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Algunos paniaguados han llegado a la exageración incalificable de decir que, durante los 40 años de vigencia del Pacto de Puntofijo, no dimos respuesta a las necesidades del país. Solo con mencionar la electrificación de toda Venezuela que nos llevó a exportarla, llevar agua potable a los más apartados rincones de la geografía nacional y la educación popular, esa que creando escuelas, liceos y universidades gratuitas permitió que niños pobres, hijos de obreros y campesinos, pudieran engrosar la clase media más grande de América Latina es un tremendo logro. Eso sin mencionar el Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho que formó, en las más prestigiosas universidades del mundo, a muchachos sin recursos que hoy dirigen la mayoría de empresas privadas y públicas de Venezuela. ¿Obras materiales?: para donde usted dirija la mirada en Venezuela: carreteras, autopistas, puentes, infraestructura petrolera, hospitales, escuelas, liceos, universidades, tienen la impronta de la obra de los gobiernos de AD y Copei.

Solo la obra de AD –narrar la de Copei se la dejo a mi hijo democratacristiano – no la defiendo yo únicamente, sino que el eminente historiador Germán Carrera Damas, de insospechable militancia adeca, afirma que: “¿Tiene, algún otro partido o movimiento político venezolano, un capital histórico aunque sea de lejos comparable al acumulado por Acción Democrática a lo largo de una actuación asentada en grandes y prolongados sacrificios, grupales e individuales, y generosa de mártires? Pero, ¿y las obras? No es posible enunciarlas todas, a partir de la primaria y básica de haber rescatado la soberanía popular, secuestrada a perpetuidad desde la ruptura de la República de Colombia, dándole con ello a la república su cabal sentido. ¿Cómo no asumir, de manera abierta y orgullosa, la responsabilidad de hacer valer ese pasado, que es presente para el pueblo democrático, manteniendo activamente el compromiso no solo con el presente sino también, y fundamentalmente, con el futuro de la democracia venezolana?”.

Cualquier comparación, de lo realizado por los gobiernos de AD y Copei, con este bodrio de gobierno que está acabando con Venezuela es poco menos que una grosería: durante esos 40 años de felicidad colectiva apenas ingresaron 427.000 millones de dólares y construimos a Venezuela; estos incompetentes, en 15 años, han recibido más de un billón quinientos mil millones de dólares y no han hecho más que acabar con lo realizado en los 40 años anteriores. ¿Quién se atreve a comparar?

 

aecarrib@gmail.com

@EcarriB