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Antonio Ecarri Bolívar

68 años de Copei: vigencia de la democracia cristiana

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El día 13 de enero asistimos, toda la dirección política nacional de Acción Democrática, al acto del 68 aniversario del partido socialcristiano Copei, no solo por haber sido cordialmente invitados por su dirección nacional, sino porque los copeyanos quisieron convertir este aniversario en un homenaje a los padres fundadores de la democracia y eso nos obligaba a estar presentes para testimoniar, con nuestra presencia, el agradecimiento y solidaridad con tan justiciero acto. Allí fueron homenajeados, entre otros, Leonor Mirabal, Enrique Aristiguieta Gramcko, nuestra presidenta Isabel Carmona de Serra y entregaron reconocimientos póstumos a Jóvito Villaba, Leonardo Ruiz Pineda, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, Arístides Calvani e Hilarión Cardozo, que fueron recibidos por sus familiares más cercanos. El brillante discurso del presidente de ese partido, Roberto Enríquez, puso de manifiesto que las nuevas generaciones del partido Copei no van a arriar las banderas del pensamiento progresista de la democracia cristiana, hoy más vigente que nunca.

Ese pensamiento está vigente porque nació, no como algunos creen, como reacción al progresismo de parte de un movimiento conservador, sino, por el contrario, como respuesta al liberalismo mercantilista manchesteriano, desde sus primeros pensadores en el siglo antepasado, con  Federico Ozanán (1813-1853), a quien se le debe la denominación de “democracia cristiana”, y Philippe Bouchez (1796-1865), que fue el primero que interpretó la historia universal a través de una cosmogénesis, tan bien acabada que se dice fue el antecedente de las teorías que después desarrolló Teilhard de Chardin sobre la creación y evolución del hombre a partir de los aminoácidos. Además, se dice que las tesis de Bouchez sobre el cooperativismo y más concretamente sobre la autogestión, inspiraron el pensamiento de Proudhon, sin la carga materialista dialéctica de este último.

A este pensamiento, de tan larga data, le es diferida su vigencia, en virtud de las contradicciones de estos pensadores con la Santa Sede; sin embargo, la aparición de la encíclica papal “Rerum Novarum”, concilia este diferendo al reconocer la necesidad de impulsar el movimiento político que se ha venido formando al calor del pensamiento cristiano. Luego, ese excepcional pensador que fue Emmanuel Mounier, rescata la doctrina “boucheziana” a través de su elaboración teórica sobre el “personalismo comunitario”.

En el siglo pasado, concretamente en Europa, hombres de la talla de los italianos Alcides de Gásperi, Luigi Sturzo, Amintore Fanfani y Jorge la Pira; un estadista de fama mundial como Konrad Adenauer en Alemania, Robert Shuman en Francia –padre de la Unión Europea–, supieron impulsar el pensamiento democratacristiano quitándole la carga confesional de sus orígenes, al sustentar junto con los teóricos Jacques Maritain y Joseph Lebret que este pensamiento es de inspiración cristiana pero que, precisamente por serlo, debía ser una expresión de razón y no de fe, es decir, una postura filosófica que podía ser compartida por gente que no tuviese convicciones católicas, pero que compartiera los valores democráticos de esta teoría. Estimaban estos pensadores y eminentes políticos que la democracia cristiana tenía su base de sustentación en un trípode, constituido por la vocación social, la vocación democrática y la inspiración cristiana.

América Latina no podía quedar al margen de este ideario democrático que estaba siendo debatido en Europa; y en Venezuela hombres como Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, Lorenzo Fernández, Pedro del Corral, Arístides Calvani, Hilarión Cardozo, Eduardo Fernández, Abdón Vivas Terán, Oswaldo Álvarez Paz y un largo etcétera de importantes figuras, formaron y desarrollaron el partido socialcristiano Copei, que ha sido sostén fundamental de la democracia venezolana. En Chile también ha habido un importante partido democristiano de masas, encabezado por su líder Eduardo Frei Montalvo, por Tomás Reyes Vicuña, Radomiro Tomic, Patricio Alwin, Eduardo Frei hijo y muchos otros; en Uruguay, la figura señera de Dardo Rugeles no debe ser olvidada, así como la de Manuel Ordóñez en Argentina, la de Alsen Amoroso Lima en Brasil y la de Napoleón Duarte en Centroamérica.

Rómulo Betancourt, siempre quiso que Copei fuese el alter ego de Acción Democrática para sostener el régimen democrático y su empeño fue permanente, pues, cuando desde gobiernos adecos se hicieron alianzas diferentes, él siempre se opuso con el argumento político según el cual el partido más serio, el más organizado y de convicciones democráticas, sin esguinces, era el democratacristiano.

Somos conscientes de que en una gestión de tan largo trajinar se tuvieron que cometer errores por acción u omisión, pero en toda obra humana siempre aparecen los oportunistas, los malhechores, los corruptos que van a medrar en la organización cuando está en el gobierno y que luego la abandonan al verla fuera de las canonjías del poder; por eso los adecos que asistimos a los actos aniversarios de Copei nos sentimos regocijados al no ver corruptos, sino pueblo llano, gente humilde, los copeyanitos de siempre, que al lado de sus dirigentes como Roberto Enríquez, César Pérez Vivas, Enrique Mendoza, Jesús Alberto Barrios, Nelson Maldonado, José Alberto Zambrano, Francisco Chichí García, Robert García y Enrique Naime, entre muchos otros, ¡ah! y junto a ese ejemplo de gallardía y de convicciones profundas que es Domingo Piñate, pueden decir orgullosos que militan en un partido lejos del confesionalismo, pues ahora más que nunca Copei huele a pueblo. Como diría Luis Herrera, el más “adeco” de los copeyanos, con su voz ronca e inconfundible: ¡Pa’tras, ni pa’ coge’ impulso! ¡Viva Copei!

 aecarrib@gmail.com @EcarriB