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Ignacio Ávalos

El Estado anómico

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I.

En medio del Mundial y las angustias que me ocasiona –tengo mi corazoncito y mis apuestas– me he dedicado, sin embargo, a explorar un poco el tema de la anomia, en el sentido que, desde hace tiempo, le dan los sociólogos a situaciones normativas deficitarias o discordantes. En otras palabras, a la ausencia o debilidad en cuanto a la existencia de reglas claras, consistentes, sancionables y, en medida importante, aceptadas por la sociedad, necesarias a fin de orientar el comportamiento social.

En general, se suele hablar del tema para referirse a ciertos grupos que se desempeñan de espaldas a las normas vigentes y de acuerdo con códigos particulares. Pero se habla menos del Estado anómico, concepto inventado por Peter Waldmann, académico alemán con una importante labor en diversos países latinoamericanos, un concepto que en una primera mirada pareciera (¿debiera?) ser contradictorio, pero no lo es.

 

II.

La hipótesis de Waldmann, compartida por otros autores, es que el Estado puede desarrollar características que generen cuadros de anomia en una determinada sociedad, al no ofrecer a los ciudadanos un marco de orden básico para su comportamiento en el ámbito público y actuar más bien como una fuente de desorden. Su desempeño en diferentes ámbitos y niveles es fuente de desconfianza e incertidumbre y, por tanto, no es una garantía de seguridad y orden, sino, al contrario, de irregularidades generales. En suma, reza el planteamiento, no cumple con ofrecer un marco vinculante que sirva para que tanto el comportamiento estatal como el social sean previsibles y produzcan una mínima confianza social y, con ello, la seguridad necesaria en el trato social sin la cual las interacciones sociales son muy propensas a perturbarse y lucen llenas de riesgo. Pone, pues, en peligro el contrato social. Se trata del Estado anómico, al que no le faltan normas, sino que las genera de manera inadecuada, con dosis importantes de arbitrariedad e inestabilidad, sin apelar a los consensos necesarios y las aplica de manera selectiva y hasta contradictoria.

 

III.

Visto lo anterior, uno no puede sino pensar en el caso venezolano. Observar con preocupación que desde el Estado no se contribuye, ciertamente, a poner orden, al contrario, es fuente de desorden y complica la convivencia. No produce pautas estables cuyo incumplimiento ocasione una sanción. Dificulta saber a qué atenerse y saber que eso a lo cual puede uno atenerse debe ser cumplido. En fin, el Estado anómico, pareciera ¿o no?

 

PD. El diálogo sigue en cuarentena. Prevalece el punto de vista de los radicales, sobre todo de los que hablan desde la acera oficial. Parodiando al rockero Eric Clapton, cuanta crisis más faltará para que nos demos cuenta de que ya es suficiente crisis.

 

Harina de otro costal

Si tuviera que opinar sobre lo ocurrido en el Mundial hasta hora, ofrecería trece frases casi crípticas, con el evidente riego de que la evolución posterior de los acontecimientos me desmienta rotundamente con respecto a varias de ellas. Veamos.

1. Brasil ofrece un escenario bipolar: un país celebra el fútbol y otro no ceja en sus protestas, pero la FIFA garantiza la normalidad del evento.

2. La presidenta Dilma Rousseff debe seguir rezando para que el balón ruede según vientos brasileños.

3. El campeonato va tomando rostro europeo, cara sobre todo alemana.

4. Argentina sigue tratando de aprender a jugar sin Maradona (alguito ha progresado, pero le falta).

5. El equipo de Brasil le ganó a Croacia, pero, visto como lo hizo, debiera irle a pedirle perdón a Garrincha, Romario, Falcao, Zico, Pelé y otros más que alguna vez bailaron samba en la cancha.

6. España cierra un ciclo y Uruguay como que también.

7. Estados Unidos amenaza con alargarse los pantalones, lo mismo que Costa Rica y Honduras.

8. Entre los países africanos solo promete Ghana.

9. Colombia extraña a Falcao.

10. Ecuador parecía que sí, pero como que no.

11. Portugal demostró que un solo Ronaldo no hace verano, por más Cristiano que sea.

12. ¿Qué hacemos con el arbitraje?

13. ¿Qué hacemos con el clima? (De paso, cómo será en Qatar 2022).