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Freddy Lepage

2014, ¿año de sapos y culebras?

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El país apenas despierta de un año 2013 fatigoso, difícil, cargado de tensiones de toda índole, que van desde penurias económicas, desabastecimiento, marcada escasez de productos básicos, falta de divisas, hasta la real sensación de vivir en una patria sin ley donde la vida pende de un hilo del azar. Amén de dos votaciones llenas de expectativas que, como siempre, fueron manejados a su antojo por el Consejo Nacional Electoral para beneficiar a quienes (des)gobiernan.

Desde el punto de vista político las próximas elecciones serían las parlamentarias de finales de 2015, a menos que se apele a los referendos o cambios constitucionales previstos en la carta magna. Para ello, la oposición y la MUD deberían estar en perfecta armonía sobre el camino a seguir, lo que no parece probable, en virtud de las diferentes opiniones expresadas por algunos líderes y dirigentes, así como por las organizaciones políticas. El régimen en esta materia, hasta ahora, no ha dicho nada que vaya más allá de vagas conjeturas. Sin embargo, lleva la ventaja de tener la sartén agarrada por el mango, al menos en apariencia…

En todo caso, la MUD tendría que evaluar las condiciones objetivas existentes antes de decidir cualquier curso de acción, habida cuenta de que la institucionalidad democrática está en el subsuelo, incluida, por supuesto, la electoral, ya que el organismo rector ha echado las reglas de juego justo y equilibrado en el cesto de la basura. Lo más importante, entonces, es hacer una evaluación y valoración de los nuevos tiempos en atención de las nuevas circunstancias.

Da la sensación de que la oposición, por exceso de declaraciones y posturas disímiles y variadas, ha contribuido a llevar a la sociedad democrática a una especie de peligroso marasmo el cual debe ser superado. Sin embargo, pueden ocurrir algunos acontecimientos que hagan despertar a la gente frente a los atropellos, la inseguridad, la ineficiencia y el ahogo económico de quienes creen que Venezuela es un país de plastilina, que se puede moldear de acuerdo con unos caprichos “comunistoides” (manejados a control remoto desde el exterior por mentes trasnochadas ancladas en dogmas del pasado) para mantenerse en el poder, que es lo que, al fin y al cabo, cuenta para Maduro y el grupo enquistado en el poder desde hace 15 años.

Así como envejecemos los humanos, también algunos planteamientos se vuelven obsoletos y cansones. Hay que entender que las sociedades evolucionan de manera dinámica, por lo que el reto político de 2014 no puede enfrentarse con las mismas posturas y estrategias. La oposición debe sortear el cepo informativo y la trabas impuestas para enfrentar de manera efectiva la nueva realidad de un Maduro que, quiérase o no, salió temporalmente airoso de las municipales, gracias al ventajismo y al apabullante manejo mediático del aparato de propaganda oficialista.

Sin lugar a dudas, la MUD debe refrescarse (apartándose de un conservatismo rutinario y predecible) y tomar en cuenta a los movimientos sociales activos que dan una lucha diaria en solitario, sin ningún apoyo ni direccionalidad política. Con ir a Miraflores a escuchar las repetitivas y tediosas peroratas de Maduro sobre el diálogo (hasta ahora reducido a algunas concesiones administrativas, como las de que los alcaldes y gobernadores presenten un proyecto a ser financiado por el Ejecutivo, mientras siguen los organismos paralelos), o a las reuniones para compartir responsabilidades en el “combate” contra el “malandraje” criminal criado y formado por la revolución bolivariana –al mismo tiempo que se busca anular la disidencia–, no basta. Si no, las demandas de cambio buscarán sus propios cauces no exentos de violencia. ¿Saldrán sapos y culebras? Veremos…