• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

2013, ¡un año difícil!

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El año 2013 no va a ser fácil para el país desde el punto de vista político, económico y social. Hay muchos factores condicionantes internos y externos que entran en juego. Cada uno de ellos con un peso específico en la ecuación del (des)equilibrio de poder reinante. Entonces, parte de lo que suceda dependerá de la actitud que tomen los más de seis millones y medio de votantes a favor de Henrique Capriles en las pasadas elecciones del 7-O.

Ya aparecieron los masoquistas de siempre que pareciera que no terminan de entender lo que significa el funcionamiento y el manejo del andamiaje político montado por Chávez y su cúpula, que han pretendido imponer un régimen comunista de nuevo cuño. Hasta ahora, aunque han alcanzado avances, no todo les ha salido tal como ellos quisieran. Ojalá a estos venezolanos que después de cada traspié electoral pierden la fe y entran en el trance del suicidio colectivo, y llaman a la abstención como si sirviera de algo o tuviera alguna eficacia política, se les pudiera aplicar aquella traviesa frase de Saramago: “Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”. Lamentablemente, en el caso vernáculo no es así… Nuestros pesimistas (abstencionistas) quieren entregarse sin seguir luchando, dejar el terreno libre, pues.

Después de más dos lustros en el poder, podríamos aseverar que Chávez no ha logrado doblegar la voluntad de, al menos, la mitad de la nación, a pesar de no solamente disponer de los recursos petroleros más grandes con que haya contado gobierno alguno, sino también haber acumulado la concentración casi infinita de poder en una sola persona. Muy bien lo apunta Moisés Naím cuando afirma que “Chávez es de los jefes de Estado el que más hace lo que le da la gana”. Claro, no tiene contrapeso de ningún tipo y cuenta con la alcahuetería de una parte significativa de la comunidad internacional.

Pero, aun así, vienen tiempos difíciles que, si son bien aprovechados, pueden ser la palanca necesaria para conseguir el cambio democrático. Las protestas sociales exigiendo el cumplimiento de las promesas se multiplican. Cada vez son más los que salen a la calle para reclamar la atención sobre sus necesidades de aumentos salariales, de vivienda, de mejores servicios públicos, de seguridad ciudadana y sobre el funcionamiento de las misiones; en fin, por aquellos ofrecimientos que se potenciaron durante la campaña electoral. Amén del control de cambio a la vuelta de la esquina y, como colofón, el acertijo de la enfermedad del Presidente.

El 16-D se celebrarán las elecciones de gobernadores que, aun ante la circunstancia del fracaso en las presidenciales, son el escenario a los efectos de retener muchas de las gobernaciones actuales y, por qué no, quizás arrebatarle otras al oficialismo representado por segundones. Todo va a depender del talante perseverante de lucha de la gente, o del triunfo del derrotismo, auspiciado desde la cúpula gubernamental y seguido (ingenuamente o no, nunca se sabe) por individualidades divisionistas opositoras que, en el mejor de los casos, oficiarían de tontos útiles del autoritarismo.

Si el chavismo (con o sin Chávez) obtiene cargarse fácilmente a la oposición en las regionales tendría el camino pavimentado para el Estado comunal llamando a una reforma constitucional o, simplemente, como luce ser la vía, seguir adelante violentando la carta magna, tal como sucedió después de la derrota sufrida en el referéndum constitucional de 2007. Así, pues, a ponerse las pilas y dejar atrás la tristeza, el desencanto y la frustración, si no, amigo lector, no se queje, lo que viene es candanga con burundanga…