• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Víctor Rodríguez Cedeño

Con ánimo y de frente

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La elección del 8-D no es un evento electoral más. No es el final, es cierto, pero el resultado determinará el futuro político inmediato del país. De allí la obligación de recurrir masivamente a votar, con ánimo y esperanza, pensando en nuestra Venezuela, a pesar de las comprensibles dudas que muchos expresan en cuanto al parcializado papel de un CNE sumiso y obediente, pieza principal del régimen para legitimar la dictadura comunista que se nos impone.

Las cosas están difíciles para Maduro y su gente. El fracaso, la corrupción, la improvisación y la dependencia de Cuba no lo pueden esconder con las rancheras de Juan Gabriel ni las adulancias de otros. De allí la violencia, el amedrentamiento, la descalificación, los atropellos que se traducen en persecución, secuestros, encarcelamiento y en tantas otras más para desanimar al elector, lo que en el fondo –y eso es lo que nos anima– no es más que el puro reflejo de una enorme debilidad.

El régimen, que no esconde sus claros rasgos de dictadura, ejerce un brutal terrorismo de Estado. Maduro trata de mostrar su poder a través de la violencia, la amenaza, cual dictadorzuelo que no encuentra su propio camino, prisionero del guión habanero. Un día ordena cobardemente la detención del “delincuente” Alejandro Silva, secuestro justificado por la fiscal y ante lo cual la defensora del pueblo, ausente; y, del “ladrón” Cocchiola, quien regresa victorioso ante un Maduro dolido. Otro día instruye a sus poderes secuestrados a actuar, a saquear e imponer en los negocios el terror, medidas primitivas llenas de odio que le darán algunos votos de la inconciencia, pero que terminarán revirtiéndosele y acercando más a su fin al nefasto régimen.

El llamado al trabajo forzado es uno de los mensajes más insólitos y repudiables dirigidos a los venezolanos por un Maduro envalentonado. Ahora, para colmo, una Asamblea en funciones de policía que cita e interroga a Guillermo Dávila, ídolo de varias generaciones, para que explique ante una suerte de “tribunal legislativo” la supuesta agresión en un lugar público a uno de los artistas del régimen.

Muchos no creemos en un proceso electoral transparente y honesto. Sabemos ante qué estamos. Entendemos las dudas de muchos analistas acerca de la parcialidad del CNE, reflejada en el “día de la lealtad” al eterno difunto, grosería sin precedentes y muestra del más craso primitivismo; en el grosero ventajismo que ejercen desde todos los medios oficiales, apoyado en un aberrante monopolio comunicacional y en las censuras impuestas a los medios independientes; el atropello sistemático y generalizado y todo aquello que vulnera la transparencia del proceso.

La elección del 8-D no es una simple elección municipal. Se trata de confirmar, una vez más, que la oposición es mayoría y que no acepta el destino que se pretende imponer desde fuera. Es un nuevo día, una nueva oportunidad, la última para algunos, para derrotar la dictadura que se ha impuesto desde La Habana, vergüenza que algún día tendrán que explicar los militares y civiles que tuvieron bajo su responsabilidad el destino de la república durante estos años de saqueo.

Se deteriora el régimen, se desvalorizó el proyecto, se acaba el miedo. La calle y la mesa electoral son los espacios en los que debemos actuar, siempre apegados a la ley, la misma que pisotean los sátrapas que secuestran las instituciones y los medios, sin importarles los derechos de todos.

La democracia está en peligro. Venezuela está herida y abandonada. No nos ven desde afuera ni se preocupan quienes una vez fueron comprendidos por la democracia venezolana en sus luchas contra las tiranías. Una verdadera lástima. Reyes, presidentes, dirigentes extranjeros han olvidado interesadamente el padecimiento de los venezolanos, pero es allí donde se funda nuestro valor para enfrentar una dictadura particular que, recurriendo a las reglas, las ha destruido para imponerse.

Después del 8-D se abren nuevos escenarios. Ante la presión popular ejercida a través del voto y de una calle pacífica, vendrán cambios. Si la oposición gana las elecciones “iremos por ti”, le dijo Capriles a Maduro en el acto de protesta de la semana pasada. Y así será, iremos por el cambio, por la nueva Venezuela, Constitución en mano, para responder con igual coraje a los insultos y las bravuconerías de los que hoy mandan y disponen de nuestra libertad.