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Álvaro Requena

16-D, angustia otra vez

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Es curioso y chocante que estemos pasando de nuevo por lo que ya pasamos hace unos años, cuando la oposición decidió no votar en las elecciones parlamentarias y al final tuvimos una Asamblea sin oposición, llena de flojos e ineficientes parlamentarios que entregaron su condición al jefe del Estado en la Ley Habilitante y nos cundieron de leyes “veintiúnicas”.

Esta vez, y con los mismos argumentos, parece que nos queremos quedar sin gobernadores y eventualmente sin alcaldes y entregarles esos cargos, que son claves para la descentralización y para los desarrollos y administraciones regionales, al gobierno, sus secuaces y sus cómplices.

Todos los argumentos en contra de votar son rebatibles, no en su contenido que pueden ser ciertos, pero sí en el sentido del acto. Hemos dicho hasta la saciedad, al igual que muchos otros lo han hecho, que pase lo que pase hay que jugar el juego con las mismas armas y piezas con las que está montado. No jugar el juego es un abandono de la pelea que no sólo no tendrá éxito, sino que, además, traerá más y más fácil represión, corrupción, injusticia, desinserción social, exclusión y anulación del esfuerzo personal y colectivo de quienes somos oposición.

Hay que luchar electoralmente por posiciones socio-políticas. El pueblo necesita de ejemplos de luchadores, de gente recia que batalle donde se están dando las batallas, no de gente que espere momentos mejores y favorables, que no aparecerán por sí solos, jamás. Las luchas hay que darlas y el futuro hay que construirlo, contra viento y marea. Con decisión y constancia. No se puede tener la fe puesta en cuando aparezcan las ventajas. El cristianismo, por poner un ejemplo, no sería lo que es si Cristo no hubiese pasado por el vía crucis, aun sabiendo lo amargo del cáliz que le tocó beber.

La represión es un hecho evidente, la trampa también y no es en el contaje de los votos, es en el camino, en la campaña electoral y en el REP. El responsable es el CNE. Doblemente responsable, diría yo, primero por la injusticia de medir y calibrar con diferente patrón al oficialismo que a la oposición, y en segundo lugar por no ser claros, justos y equitativos en la reglamentación de las elecciones y permitir la discrecionalidad y la lenidad en el escrutinio de los inscritos en el REP y en el uso de la propaganda.

Las elecciones hay que pelearlas y ganarlas. Si no se ganaron, pero se pelearon, debemos aprender para pelarlas mejor la próxima vez, no para sentirnos apabullados, hundidos y ahogados sin posibilidad de surgir. Hay que volver a empezar, como porfiados que somos, como corchos en el agua. Nunca hundidos.

Lo del Gobierno el CNE y las elecciones es una sinvergüenzura criminal con asociación para delinquir, agavillamiento y alevosía, lo de la oposición, si llama a la abstención, es una estupidez.