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Alexander Cambero

Mi anécdota con Mandela

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El mundo libre llora la muerte de Nelson Mandela. Los gruesos barrotes no pudieron someter su espíritu, el estrecho reclusorio no fue óbice para que un hombre cargado de sueños planeara una vida mejor para su pueblo. Durante 27 años en Robben Island un surafricano luchaba todos los días por no dejarse abatir por la desesperanza. Renacía desde el dolor para que el odio no fecundara en la colmena del corazón. La humanidad miraba perpleja lo que ocurría con un hombre al que quisieron reducir hasta el polvo de sus huesos. Cada amanecer, un nuevo reto para no sucumbir en medio del infortunio. La mirada serena para buscar la estrella más brillante en los solitarios instantes del anochecer. Unas manos que acariciaban el viento y escribían poemas hermosos nacidos de su amor por la vida. Desde el mundo de las palabras construía su paraíso de libertad.

Un sol brillante despuntaba el 11 de febrero de 1990. Parecía que aquel hermoso día presagiaba momentos estelares para la humanidad. Junto con el abogado y profesor universitario Vladimir Petit, para entonces secretario juvenil nacional de Copei, acudimos a una reunión en Venezolana de Televisión. Mientras esperábamos, di una vuelta por los estudios y pude presenciar un seminario que dictaba el reconocido periodista Adolfo Herrera a todo el equipo de El Noticiero. Allí estaban comunicadores, camarógrafos y personal de planta. Con gran maestría, fue dándoles orientaciones de cómo lograr explotar al máximo las potencialidades del canal usando como punta de lanza un noticiero más dinámico y con gran credibilidad para el público. De pronto me puse a observar los equipos que estaban conectados con las agencias internacionales, un cable urgente de Reuters me llamó poderosamente la atención, hablaba de la liberación de Nelson Mandela. No había ningún personal en el sitio y, en un arrebato de ímpetu juvenil, tomé el cable, atravesé todo el recinto para entregárselo a Adolfo Herrera. Este me miró para decirme: “¿Quién es usted?”. Le expliqué: “Creo que la información es más importante que saber quién soy”. Aquel hombre abrió sus ojos y gritó: “¡Vamos al aire con este bombazo!”. Me quedé impávido cuando me percaté de que El Noticiero se les había adelantado a los de la competencia en tres minutos, y les ganó por primera vez en ocho años. Herrera transpiraba honda satisfacción y me expresó algo que jamás olvidaré: “Tienes madera de buen periodista”. Luego me dio la mano y se marchó a proseguir con su actividad. Aquella noche no pude conciliar el sueño. De alguna manera mi vida se cruzaba con aquel hombre que dejaba la cárcel con la flor de una sonrisa. Un hecho fortuito me había conectado con un ser humano de una espiritualidad única. Es lo emocionante de estar en el sitio adecuado, en el momento justo...