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Beatriz de Majo

Ser anciano antes de ser rico

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Apenas en 14 años la proporción de la población de gente anciana en China, en relación con el total de sus habitantes, se habrá duplicado con respecto a la de hoy. Los mayores de 65 años llegarán a ser casi un quinto del país: 18%, cuando a esta fecha apenas alcanzan a 1 de cada 12, es decir, 9%. Pero para cuando llegue la mitad de este siglo, un contingente humano más numeroso que toda la población de Estados Unidos de hoy tendrá en China más de 60 años, serán 500 millones de almas. Todo o casi todo está por hacer en este campo en el país asiático y la toma de las decisiones heroicas que deben ser emprendidas desde el presente  pasa por la reducción del tamaño del Estado.

Las implicaciones de este envejecimiento poblacional tiene muchas aristas y quizá la más preocupante e inmediata tiene que ver con el gigantesco esfuerzo estatal para proveer a los mayores de una vida digna y con algún nivel de seguridad y salud. Pero es mucho más grave que solo eso.

El crecimiento de la economía del país es la primera variable que se ve comprometida con el fenómeno de su envejecimiento, es cierto, ya que la estrategia de expansión de este gigante estuvo tradicionalmente basada en sumar más y más trabajadores a las actividades más productivas. Si China no se orienta a la innovación en el corto plazo, el decrecimiento del volumen de su mano de obra y personal técnico impactará seriamente sus variables de crecimiento y su posición relativa en el mundo.

Hace tres años que la población en edad laboral -entre 19 a 59 años- llegó a su tope y comenzó a descender rápidamente. Si, para el año 2050, por cada persona retirada llega a haber apenas 1,6 personas dentro del contingente de trabajadores, como lo establecen las tendencias de esta fecha, será cierta la aseveración del experto demógrafo Cai Fang de la Academia de Ciencias Sociales de China quien asegura que su país “será anciano antes de ser rico”.

En otro terreno, en un muy periodo de tiempo relativamente corto, China va a necesitar desviar recursos presupuestarios significativos para sostener a decenas de millones de personas mayores y lo hará partiendo del dramático rezago que representa que China no ha contado por diseño con un sistema de seguridad social para atender esas necesidades. Como todo lo chino, los guarismos que se manejan en este campo son gigantescos. Un dato apenas: hoy por hoy solo 1,5% de los ancianos cuenta con cuidado institucional 

La demanda de atención médica, servicios hospitalarios para mayores y ancianatos ha crecido exponencialmente sin que el Estado cuente con medios para adecuarse a su velocidad expansión tanto en las ciudades  como en el campo. Solo Shangai tiene 3 millones y medio de personas en la edad de  retiro.

En definitiva, este explosivo drama humano requiere de una estrategia social de corto y largo plazo en donde las políticas cuentan, pero la necesidad de recursos económicos cuenta aun más. 

Sin decir que el país requiere de una profunda sacudida en sus costumbres para comenzar a abordar el problema de los ancianos como una prioridad nacional y no como un asunto moral o de arraigo cultural que tiene su  asiento en la obligación familiar del cuido que se debe a los mayores.