• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

Y todo amarillo

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Un compromiso sentido lo es el recuento consciente de qué hacemos ante el brutal desenfreno oficial que nos acosa, y vista la actitud de abogados en roles de magistrados o jueces contribuyendo a darle el toque de legalidad al diseño del “enemigo” que el régimen requiere para justificar su retaliación política; determinantes además, de que el Poder Judicial y la administración de justicia, sean hoy atribución de unos cuantos sumisos subalternos. A nombre de la preocupación por el país, y por dignidad, se nos plantea no decaer en el enfrentamiento a la bestialidad, y mantenernos firmes en la defensa de nuestros derechos.

Vimos la fotografía de Hugo Chávez previa a su glorificación celestial, en la que jubiloso probaba los fusiles llegados de Rusia, pareciendo apuntar al futuro y al destino del país, listo para terminar de pulverizarlos, lo cual hizo; un instrumento de muerte que no cesó de disparar y un documento confirmando como una verdad la imagen de un presidente militar, de un hombre de cuartel proclive a subvalorar la sangre y la vida humanas, y no la de un estadista al frente de una sociedad civil. Actitud y ejercicio ahora continuados por peones de una mayor pobreza humana e intelectual que el venerado antecesor.

A los niños los ponen a decir y repetir mentiras en cuñas oficiales, típico abuso de adultos. Hay un manifiesto desbordamiento en el fomento de ese culto a la personalidad, buscando enaltecer al caudillo; y por ello la obligación en las escuelas públicas de rendirle homenajes conmemorando el primer aniversario de su muerte. En esta militarización vigente se palpa una descarada adoración al líder que es patológica, traducida en la saturación pública con sus retratos y tal vez pronto con colosos en bronce, a lo Mao o Kim Il-sung.

Por exagerado que parezca la sangre está corriendo entre nosotros como agua derramada, a manos de una delincuencia desatada, pero también de los cuerpos armados llamados a proteger a la ciudadanía. A pesar de mi viejo rechazo al consignismo, tengo necesidad de afirmaciones claras para difusión masiva y reiterada, como la advertencia de “No olvidar”, por ser muchas las personas asesinadas a ser recordadas y muchos los homicidas impunes a no ser olvidados.

Para terminar estas notas y sobre todo por merecer cambiar de tema (¡!) aunque sea por un rato, me referiré a un caso que con todo y lo visible parece haber llamado poco la atención o no despertar preocupación alguna, tal vez por considerarse que no vale la pena comentarlo. El hecho concreto que he estado tentado de abordar es el siguiente:

Todos recordamos haber visto alguna orilla de acera pintada de amarillo a lo largo de dos o tres metros, como indicación a los choferes de la prohibición de parar allí; pero nunca había visto ni siquiera imaginado ver pintadas así todas las aceras de la ciudad y a lo largo de cada una de ellas, además de todo muro, isla o defensas en la vía, relucientes no solo por la primera pintada sino por los repetidos retoques; así por ejemplo toda la Cota Mil es hoy de bordes amarillos, igual en urbanizaciones y las autopistas. Y pregunto ¿quién decidió pasar de la pequeña franja, al total y extenso entorno?, ¿cuántos galones de pintura fueron comprados?, ¿quién dispuso el negocio?, ¿cuál ha sido el costo de todo ello? y ¿hubo comisiones al respecto, o todo ha sido por amor a la ciudad y por una sincera preocupación de que le vaya muy bien en lo que se refiere al tránsito vehicular? Sanas preguntas de alguien a quien le preocupan las finanzas de un país que atraviesa por tan difícil situación económica. Apreciaré una explicación al respecto, para ayudarme a entender razones que atenúen mi intranquilidad. Gracias, muchas gracias.