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Eddy Reyes Torres

No hay almuerzo gratis

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“La política es seguramente la única profesión para la que no se supone que haga falta ningún conocimiento”. La frase es de Robert L. Stevenson (1850-1894), autor de La isla del tesoro. Eso explica los tropiezos de muchos gobernantes en el área económica. La gran mayoría de los presidentes venezolanos han demostrado que la economía no ha sido su fuerte. Y tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro no son la excepción. Las cifras del crecimiento del producto interno bruto e índice de precios al consumidor durante sus respectivas gestiones ponen de manifiesto lo que hemos señalado. En orden, estos indicadores miden el nivel de crecimiento de la economía y la inflación.

En el caso del primer indicador, durante el período 1999-2013 se pone en evidencia que el mismo ha sido muy volátil. Fundamentalmente, eso ha ocurrido por dos razones: los shocks del mercado petrolero mundial y la inconsistencia e insostenibilidad de las políticas económicas aplicadas. Los números son elocuentes. Así, por ejemplo, en 1999 el PIB fue de -6,0%; en 2002 fue de -8,9 %; en 2003 de -7,8%; en 2004 de 18,3%; en 2006 de 9,9%; en 2009 de -3,2%; en 2011 de 4,2%; y en 2013 de 1,3%. Este año es probable que tengamos una caída.

Una situación también preocupante se observa en materia de inflación. Durante el mismo lapso se aprecia el siguiente comportamiento: 20,0% en 1999; 12,28% en 2001; 31,22% en 2002; 14,4% en 2005; 30,9% en 2008; 27,6% en 2011; y 56,19% en 2013. Todo apunta a que este año la inflación supere a la del año pasado. Para paliar sus efectos se han aplicado políticas de control de precios a una amplia gama de bienes y servicios, pero al final el remedio ha sido peor que la enfermedad: los aumentos se represan por un tiempo y en lo inmediato surge el mercado negro.

La economía venezolana depende principalmente de sus exportaciones petroleras. En esta materia se observa que la “revolución bonita” se ha visto beneficiada por la evolución favorable de los precios del barril de petróleo, lo que le ha permitido contar con la mayor cantidad ingresos desde que comenzó su explotación en Venezuela. De hecho, entre 1999 y 2013 el gobierno ha recibido más de 600.000 millones de dólares. Sin embargo, no ha habido la prudencia de ahorrar nada para enfrentar sin traumas los períodos de crisis.

Como cabía esperar, los recursos que se han gastado en estos años de abundancia han impactado el consumo de la población, contribuyendo de esa manera a bajar la tasa de pobreza de 49,3% en 1999 a una cifra del entorno de 30% en 2013. Para ese propósito se han dado importantes subsidios para el consumo de alimentos y servicios de salud, entre otros, aplicando para ello una política de abastos, es decir, una política de consumidores que relega la producción como condición necesaria del consumo. En otras palabras, el chavismo ha sido muy efectivo en dar comer a los pobres, pero no los ha preparado para producir.

Lo antes expuesto pone de manifiesto que la Venezuela de la revolución bolivariana acumula desequilibrios enormes que se sostienen a duras penas con las exportaciones petroleras y el endeudamiento externo e interno. Ya se habla en el entorno oficial de hacer algunos ajustes y ello supondrá un gran costo para la población. Entonces la política “revolucionaria” dará el giro inevitable y hará patente a todos los venezolanos el verdadero alcance del popular adagio norteamericano que dice “There’s no such thing as a free lunch” (“No hay almuerzo gratis”), con lo que se quiere significar que una persona o una sociedad no puede conseguir algo por nada a cambio.

eddyreyes2007@gmail.com