• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Eli Bravo

Y ahora unas palabras

autro image
Inspirulina

Inspirulina

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Si sueles hablar en público esta columna puede interesarte, y si tienes pánico de hacerlo, podría resultarte útil. Hace unos días ofrecí una charla para más de un centenar de personas que muy generosamente compraron su boleto. El tema era la inspiración y cómo activarla. Fue una hora hablando, digamos, sin parar, y luego un fascinante ciclo de preguntas y respuestas. Nadie abandonó la sala antes del final, lo cual ya es un logro. Y las conversaciones que tuve posteriormente con varios asistentes me llevaron a sentir que apreciaron la experiencia. Para mí fue un momento de conexión y aprendizaje. A todos estoy profundamente agradecido.

La facilidad para hablar en público, ¿es innata? La verdad, se desarrolla o, quizás deba decir, se le pierde el miedo y así no causa ansiedad ponerse de pie frente a otros. Con el corazón cabalgando y con escaso aire en los pulmones resulta difícil articular palabras. Hablar es un asunto físico: hay que manejar la garganta y el cuerpo para transformar las ideas en sonido. Respirar para calmar la ansiedad ayuda cuando las manos sudan. Al menos evita la asfixia.

Más importante es manejar la conversación que tenemos con nosotros mismos estando allí, frente al auditorio. Me refiero al diálogo interno donde con frecuencia nos preguntamos qué estarán pensando o sintiendo las personas en la sala. La ansiedad muchas veces brota del miedo a exponernos o, más aún, a ser juzgados. De allí la pena. Sea desde el podio o dando un brindis, las voces internas pueden sabotearnos en el acto. Observarlas y no dejar que tomen el control ayuda a concentrarnos en lo que deseamos decir. ¿Cómo? No enganchándonos en su letanía.

Hablar desde el corazón también facilita las cosas, así como entender que se requieren ciertas dosis de actuación, narrativa y tempo. Es como contar chistes o interpretar un monólogo teatral. Si el performance acompaña el discurso, los oyentes lo agradecerán.

Como mínimo les hará menos tediosa la ocasión y, por lo general, ayuda a conectar mejor con las emociones.

Una llave mágica es hablar de forma sincera, transparente y coherente. Sin mentir. Claro que hay estafadores, ciertos analistas y algunos presidentes muy efectivos cuando se trata de envolver a sus presas con palabras. Meter gato por liebre comienza con una verborrea bien estructurada y una asombrosa capacidad de improvisación. Pero ese es otro terreno. Asumo que eres una persona honesta, pero si te interesa ser flautista de Hamelín o encantador de serpientes, te recomiendo que sigas las noticias y estudies a ciertos protagonistas. Eso sí, lamento que uses tus habilidades para engatusar al prójimo y espero que aclares tu conciencia y decidas obrar correctamente.

Por otro lado, el convencimiento de tener algo interesante que comunicar refuerza el discurso. Uno de los sabotajes más letales es arrancar a hablar pensando que nadie tiene el mayor interés en lo que vamos a decir. Esto tiene que ver con las historias que nos contamos a nosotros mismos, la autoestima y cuán preparados estamos para el momento.

Por último, un consejo: si ves que la audiencia pierde interés, involúcrate más en la comunicación y recuerda que este es un asunto de práctica. Ensayar nunca está de más, dejar fluir las emociones suaviza el proceso y saber escuchar te nutrirá el discurso.

Y, por supuesto, no hables más de la cuenta. Saber cuándo callar es también un arte.