• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

El huevo de la serpiente

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Este 2014 se presenta de manera distinta para los venezolanos, no solamente por la profunda crisis moral, económica y social que hunde al país. Durante 15 años hemos tenido elecciones permanentes de todo tipo, arrastrados por los acontecimientos en una espiral indetenible. La única iniciativa que partió de los sectores democráticos fue el referéndum revocatorio presidencial realizado en agosto de 2004, con los resultados conocidos por todos. Sin embargo, este año no está programado ningún evento electoral, a menos que se activen algunos mecanismos establecidos en la Constitución Nacional.

El que más ruido ha hecho de parte de algunos opositores (sin haber acuerdo) es el de una posible constituyente cuyos términos no se han concretado aún, ni en la forma ni en la ruta para realizarla. Por tanto, hay un tiempo de “relativa” tranquilidad que, poco a poco, se va convirtiendo en una rutina brumosa y espesa de pesimismo y de resignación que facilita el avance de la deriva “comunistoide” a donde nos lleva el grupo de Nicolás Maduro y la cúpula del PSUV, que actúan en función de sus propios intereses sujetos a dogmatismos anclados en el más aberrante autoritarismo-totalitario.

¿Hay razones para el desaliento?, ¡sí que las hay!, habida cuenta de que ya no existe la atracción electoral que, de alguna manera, mantenía a la gente ocupada, motivada y expectante ante una posible derrota electoral del régimen. Esta esperanza jugaba el papel de la zanahoria que se pone delante del caballo, o de la liebre que corre al frente de los galgos que nunca logran alcanzarla. Amén de ello, está el desbarajuste de una nación que luce sin rumbo cierto, sumergida –intencionalmente– en un tremedal de problemas de difícil solución, a menos que se tomen las rectificaciones necesarias. Pero sabemos de sobra que los actuales mandamases no tienen la autonomía para actuar (reciben directrices desde La Habana) y, mucho menos, la capacidad, disposición y voluntad política para hacerlo. En dos palabras, estamos entrampados en un callejón sin salida, en el cual los males se potencian exponencialmente…

Ahora bien, este estado de cosas signado por el desabastecimiento, la guerrilla inclemente contra la prensa escrita (ya que los medios radioeléctricos han sido domesticados en su mayoría por medio de la autocensura y algunos periódicos por “secretísimas  adquisiciones” hechas por boliburgueses afectos al poder), la escasez de todo tipo de bienes y servicios, la delincuencia con patente de corso para asesinar, las restricciones para viajar, el cepo al acceso de divisas, la inacción en relación con los tipos de cambio oficial y el llamado eufemísticamente “dólar paralelo”, la insolvencia con las empresas de alimentos y la industria química, las trabas a los servicios privados de salud (los públicos no funcionan), a las líneas aéreas y pare usted de contar, hacen casi insostenible mantener las cosas como están. Algo tendrá que suceder…

De modo que la desesperanza está estrechamente ligada al porvenir, por lo que la dirigencia opositora (llámese como se llame) debe tomar conciencia de que hay que actuar en consecuencia para evitar la desmovilización y desgano políticos. La “remozada” MUD, la Iglesia, lo que queda de los poderes fácticos democráticos y la dirigencia económica y social (el problema es de todos) tienen que encontrar la manera de trabajar en un frente común de acción para salir del agobiante marasmo en que nos encontramos convertido en densa y oscura nube. O sea, recuperar la democracia. En conclusión, si no afrontamos la realidad alimentamos el huevo de la serpiente que, por ser transparente, se puede ver lo que incuba y saber lo que saldrá de él: el demonio de la violencia, la represión y el militarismo en su expresión más refinada.

 @Freddy_Lepage