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Milagros Socorro

Impugnado, recusado, caceroleado

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El video muestra un mastodonte aplicado a dar puñetazos con arrebato que se diría erótico. Lo habían llevado para eso. Es un hecho que quedó demostrado al saberse que Michael Leeroy Reyes Argote es diputado suplente de Elvis Amoroso, quien se encontraba en el hemiciclo. Lo más triste es que todo indica que Reyes Argote fue incluido en la lista de parlamentarios del PSUV por su fuerza bruta; y no porque tuviera una trayectoria política de consideración o hubiera dado trazas de alguna capacidad de discernimiento.

Una investigación en Google confirma la levedad de su carrera: una reseña de Sociales, de El Periodiquito, lo muestra, anchísimo y con sonrisa bovina, en un “magnífico agasajo” ofrecido por la directiva del Sindicato Nacional de la Fuerza Unitaria Magisterial (Sinafum), a la que Michael Leeroy pertenecía, para celebrar el Día del Educador; una discusión en Aporrea revela su escasa credibilidad como sindicalista; y en una noticia del 2 de mayo de 2012, Cilia Flores anunciaba los ganadores de las primarias del PSUV, entre los cuales se encontraba el nombre Michael Leeroy, por Aragua. La nota destacaba la declaración de Cilia Flores, en reacción a la iniciativa de la oposición democrática de desaparecer los cuadernos de votación de sus primarias para evitar que el régimen persiguiera a quienes participaron en ese evento que concernía estrictamente a las fuerzas coaligadas en la Mesa de la Unidad Democrática. “Nosotros no vamos a destruir nuestras actas –estableció Flores– ni vamos a destruir nuestros libros, porque esa participación quedará para la historia como un testimonio para que recuerden lo que fue una democracia verdadera”. Asimismo, se citaba la felicitación de Chávez al elenco conformado con el voto de 38% de la militancia del PSUV. Y pare usted de contar. No hay en la red ninguna mención a alguna intervención suya en la Asamblea.

El hieratismo con que Diosdado Cabello contemplaba la agresión, la prudencia con que Pedro Carreño (siempre en la retaguardia, cuidándose de permanecer a salvo, mientras azuzaba a otros) observaba el desempeño parlamentario de Michael Leeroy, son muestra de que el ataque estaba preparado. Y que Michael Leeroy y otras figuras de similar tonelaje oratorio habían sido llevadas a la Asamblea para cayapear a los diputados de oposición. Si hubiera alguna duda, basten las declaraciones de la ministra Iris Varela, quien afirmó que los parlamentarios chavistas saben pelear “mejor” porque son “pueblo”. En sus palabras queda confirmada la subestimación del liderazgo oficialista al pueblo, al que equipara con estos matones.

Aun felicitado, como estará por quienes lo utilizan de fuerza de choque, algún malestar debe haber en el fondo del alma del gigante metido a diputado por quienes sólo ven en él un búfalo violento. Esa desazón debe estarse extendiendo por todo el oficialismo, asomado a un país en honda crisis: la oposición ha impugnado las elecciones del 14 de abril, con base en una documentación de 180 páginas, un estoraque que constituye la tumba de la credibilidad del actual CNE. Además, el recurso se hace ante un TSJ que se acusa de apéndice del Ejecutivo y que sólo se observa con el fin de agotar las instancias dentro del país, requisito para acudir a ámbitos internacionales; pero, además, se recusa a la presidenta y al vicepresidente de la Sala Electoral, ambos en reciente desempeño como militantes del PSUV.

En el curso de esta semana hemos tenido constatación de: acoso a trabajadores públicos por pesar sobre ellos “la sospecha” de no haber votado por Maduro; virtual anulación de la Asamblea Nacional, que bajo la presidencia del teniente Cabello ha perdido su razón de ser; y, si fuera poco, el Tribunal Supremo de Justicia ha sido tratado de mero trámite, debido a la pérdida de su solemnidad y señoría.

La guinda de este panorama la ha puesto la hija del fallecido Chávez, quien hizo pública la patética escena que protagonizó en un restaurante del este de Caracas, donde fue caceroleada. Al conocerse en qué costosos locales pasa la muchacha sus holganzas, parte del país se ha preguntado: ¿cómo paga María Gabriela Chávez las cuentas de estos restaurantes? que, sin duda, están muy por encima de las posibilidades de la clase profesional venezolana. Como diría el tártaro de la salsa, ¿cómo lo hacen? ¿Cuál es el negocio?