• Caracas (Venezuela)

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Beatriz de Majo

Hasta agotarse la existencia…

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Confieso que ya perdí la cuenta de lo mucho que se ha escrito llamando al gobierno a la prudencia en la aplicación de las medidas dictadas para lograr sus objetivos revolucionarios: derrotar al enemigo en una imaginaria guerra económica, salir victorioso en las elecciones municipales a través de la descalificación del adversario y del engaño colectivo y rescatar, a través de una demostración de arbitrariedad sin precedentes, la rampante y maltrecha imagen del presidente.

Algo hace pensar que algunos de los revolucionarios han matado el tigre y se han asustado con el cuero. De lo contrario no se entiende el llamado del oficialismo a la cordura popular, vertido en frecuentes cuñas radiales y televisivas donde la población es instada a comprar solo lo que necesita, todo ello después del llamado oficial a “agotar las existencias del comercio”.

Alguien debe haber comenzado ya a cavilar sobre el hecho de que, más allá del rédito que le pueda generar electoralmente al gobierno la reducción de los precios de artículos generadores de felicidad instantánea y fugaz, lo que está agotándose, a toda marcha, es el inventario de paciencia que el venezolano ha necesitado para asumir su dramático empobrecimiento y el peregrinaje en que se ha convertido su vida buscando, no el par de zapatos Nike ni el televisor HD para la Navidad, sino lo elemental de su dieta diaria y de las medicinas que sirven para curar a sus hijos enfermos.

Una muy pobre percepción de sus administrados tiene quien apuesta su futuro a que la numerosa población de pocos recursos se va a contenta con barajitas y espejitos, por creer que allí radica su máxima aspiración vital. El día a día de los votantes está lleno de penurias atroces, de episodios humillantes, cuando tiene que hacer de su vida un ovillo para conseguir lo esencial.

Cuanto menos adinerado es el compatriota, es más tortuosa esa búsqueda y más decepcionante el que los sueldos – si los tiene-, o los ingresos – si los hay- , no sirven para mantener a una familia dignamente ni para hacer crecer a sus hijos sanamente. Ni hablar de la desesperanza de quienes no consiguen o no pueden pagar salud para un familiar enfermo. O de la impotencia que se apodera de quien ha visto fallecer a un ser cercano en manos de la violencia callejera.

Desde los que tienen poco hasta los que no tienen nada, todos en este país han comenzado a percatarse de la relación de causalidad que hay entre sus desgracias, su falta de oportunidades, su inexistente calidad de vida y los postulados que este gobierno ha pregonado desvergonzadamente a lo largo de tres lustros. Lo que se está agotando, mucho más rápido que los inventarios del comercio o de la producción de las plantas industriales, es la tolerancia de los compatriotas.

El hastío va a cobrarle al gobierno su manipulación y su olvido. El 8 de diciembre será la fecha…o en algún momento del horizonte temporal cercano.