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César Pérez Vivas

La agenda de la democracia

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Cada día más venezolanos viven en directo los estragos de la crisis que el modelo socialista nos ha producido. Cada día hay más compatriotas angustiados por su profundidad y por lo extendido en el tiempo. Hay quienes desesperados, con legítimas razones, toman las calles para protestar. Otros han abandonado el país, y buscan rehacer su vida en otras latitudes. Otros piensan en buscar salidas rápidas en el marco del orden constitucional. Piensan en una asamblea constituyente, en los revocatorios, en la movilización social que obligue al cambio de la política, en fin, cada mente busca presentar ideas con las cuales contribuir a producir un cambio en la conducción de la vida nacional.

Sostengo la tesis del trabajo sistémico para elevar el capital político de la alternativa democrática. Ese debe ser el primer elemento a asumir por todo venezolano convencido del fracaso y la inviabilidad del modelo de Estado y sociedad, que se nos ha impuesto de manera arbitraria.

Cualquiera de las herramientas establecidas en la Constitución para producir un cambio en la conducción del Estado pasa por una mayor acumulación de fuerza política. Vale decir, por un incremento del respaldo de nuestro pueblo, tanto al cambio político como a la consolidación del repudio a las políticas disolventes y arruinantes aplicadas por la cúpula roja. Por un proceso de concientización y organización de esa creciente masa de ciudadanos que día a día se persuaden del fracaso total del modelo militarista y estatista dominante.

Lograr una fuerza de tal magnitud, que no haya maniobra ni fraude capaz de burlar la decisión de una mayoría determinante.

Hemos avanzado significativamente en ese propósito. Los tiempos en los que las bases populares, las mayorías nacionales creyeron en el espejismo del vengador y redentor, han pasado. Solo los precios del petróleo permitieron darle espacio en el tiempo a ese experimento populista y autoritario.

La incapacidad de la cúpula gobernante y la aplicación de recetas probadamente ineficientes han venido poniendo de manifiesto, para millones de venezolanos, la necesidad de un cambio en la conducción de la vida pública.

No hay duda de que en el proceso de acumulación de esa fuerza el trabajo de una abnegada, vilipendiada y perseguida dirigencia democrática ha venido haciendo su efecto.

Lejos están los tiempos en los que la ausencia de trabajo, mensaje y lucha le permitían al régimen dominar a sus anchas el cuerpo político. En los últimos tiempos, a pesar del vulgar ventajismo del Estado, la sociedad democrática ha logrado un crecimiento que hace mayoritaria la voluntad de cambio.

La tarea de todos los ciudadanos que deseamos cerrar este ciclo de la destrucción nacional es la de contribuir a incrementar esa fuerza popular. Pero corresponde a los partidos y organizaciones que luchan por la restauración democrática la tarea de organizar y movilizar esa creciente mayoría de venezolanos. Si esa masa de ciudadanos no se organiza, no se informa y concientiza de los elementos centrales de la crisis nacional, la posibilidad de convertir esa fuerza en capital político real, vale decir en poder político, puede diluirse y hacerse ineficiente.

Muy cercana está ya la elección de los diputados que integran la Asamblea Nacional. Para un observador desinformado, un año y unos meses, que distan de dicho proceso, puede parecerle demasiado tiempo. Para quienes conocemos los inmensos trabajos que su celebración comporta, ese lapso apenas resulta justo. Ha llegado la hora de volcar nuestro esfuerzo para prepararnos para esa elección.

Recorrer cada rincón de nuestra extensa geografía, animar a los ciudadanos que pueden trabajar en las labores políticas y electorales, organizarlos, informarlos, movilizarlos a interactuar con cada comunidad es en la antesala de una nueva justa electoral una tarea de inmensa monta. A eso debe sumarse la preparación de la plataforma electoral que los partidos presentarán en dicha elección, cuya complejidad requiere de tiempo y trabajos especiales. Agreguemos, además, la búsqueda de recursos materiales para poder aplicar todas las tareas a que hago referencia. Se requiere de una logística de transporte, alimentación, comunicaciones, eventos y propaganda cuya consecución, igualmente requiere de tiempo y talento humano.

El desafío de las elecciones parlamentarias debe comprometer a todos los que luchamos por la reconquista de la democracia venezolana. Hay otros planteamientos, respetables y serios. Todos pasan por el incremento del capital político y por el logro de una mayoría parlamentaria.