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Trino Márquez

La agenda de Diosdado

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El comportamiento de Diosdado carece de explicación racional, examinadodesde la perspectiva de los intereses de Nicolás Maduro. El hombre del Furrialexige que los diputados reconozcan a Maduro como el Presidente legítimodel país. Él, mejor que nadie, sabe que tal reconocimiento resulta imposible.Henrique Capriles, el Comando Simón Bolívar y la MUD objetaron elajustado y sospechoso resultado de las elecciones del 14-A con argumentos,técnicos, políticos y jurídicos. Sería una incongruencia incompresible que la representación parlamentaria opositora acepte la legitimidad del heredero deChávez, sin que se hayan agotado los trámites políticos y legales en el ámbitonacional.

Esta clase de controversias no tienen nada de excepcional en lasdemocracias. Forman parte de la rutina. La coronación de Guillermo deHolanda fue objetada por 16 congresantes que se negaron a reconocer laautoridad del nuevo monarca. El jefe del Parlamento los critico, pero admitióque estaban en su derecho de negarse a admitir al soberano. Asunto concluido.No se le ocurrió amenazarlos con quitarles el sueldo, impedirles que hablaran,o cualquier barbaridad por el estilo. Eso sucede en Holanda con un monarca.¿Por qué no puede pasar en Venezuela con el Presidente de una Repúblicademocrática?

El comportamiento autoritario y gansteril del teniente Cabello a quienmás afecta es a Maduro. A este le conviene que las aguas vuelvan a sucauce lo más pronto posible. La comunidad internacional puede entendery aceptar que en Venezuela se desaten querellas entre fuerzas políticascontrapuestas. Lo que no puede admitir es que el Presidente de la Asamblease arrogue atribuciones que no le corresponden y que, por añadidura, estánreñidas con la democracia y la esencia del Parlamento, lugar donde, comoseñala el sustantivo, se parla, habla, dialoga, negocia y se llega a acuerdos.La Asamblea, desde la Grecia clásica, se fundó con el fin de evitar quelos conflictos se desborden y pongan en riesgo la paz y existencia de lassociedades.

Este rasgo esencial del Parlamento no lo comparte Cabello quienconsidera al Parlamento un campo de concentración y a los diputadosopositores sus rehenes. Su actitud de pran afecta seriamente la imageninternacional de Maduro. Este, en vez de proyectarse como el digno sucesorde Chávez, luce como un ser débil, sometido a los designios de un caporal, eincapaz de ponerle límites al hombre que está perjudicándolo. Venezueladebería aparecer en los medios internacionales como la nación que trata deestabilizarse después de la ausencia del comandante y que, a pesar de habersido impugnados los resultados, activa los mecanismos legales existentes ymantiene el funcionamiento de las instituciones de la República.Esta no es la estampa que se transmite por culpa de Cabello. Lasfotografías y videos que circulan por el planeta son las del Presidente de laAsamblea prohibiéndoles hablar a los diputados, la de un matón golpeandosalvajemente a Julio Borges, las denuncias bien fundamentadas de esa heroínallamada María Corina Machado. Las necedades de Pedro Carreño, quiencarece de talento hasta para ser cínico, no logran desviar la atención, niconfundir acerca de quiénes son los violentos. A Maduro, Diosdado estácolocándole un collar de bolas criollas que terminará por hundirlo.

¿Cuál es la agenda de cabello? Trata de pescar en río revuelto. Dibujósu propio proyecto, que no coincide con el de Maduro. Intenta demostrar queeste es un gobierno bicéfalo, y que su cabeza es la más importante. Se creyó lahistoria de que cuenta con el apoyo de la mayoría de los militares y del PSUVpara una aventura que lo coloque en la cima del poder más pronto de lo que laConstitución señala. El plan de esperar seis años para ser el candidato deloficialismo le parece muy lejano e incierto. Se da cuenta de que el gobiernitode Maduro es famélico y que su desmoronamiento, en el mediano plazo, loalejaría de Miraflores. Trata de demostrarles a los cubanos que él sí lesgarantiza la seguridad que la tiranía caribeña necesita para seguirsobreviviendo. El destinatario final de sus amenazas y abusos no son losdiputados, sino los miembros de su propio partido. Pronto veremos qué es loque trama.

Como dice María Corina: Maduro, ¡cuídate de Diosdado!