• Caracas (Venezuela)

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Alicia Freilich

El adequismo sentimental

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Predominó en el siglo pasado porque Acción Democrática, partido fundacional de la moderna república venezolana democrática basó su alianza popular en el sentir de la mayoría  palúdica y analfabeta marginada por próceres, caudillos, presidentes y dictadores, militares activos o no, luego de su independencia del régimen colonial. Y mucha población cívico-militar simpatizó con esa dirigencia socialdemócrata sin etiqueta religiosa que la entrenaba en partidos políticos de distintos programas inaugurando un sistema constitucional nacido por elección universal, directa y secreta. Régimen libertario en su concepto y comunitario en su gestión al promover la movilidad social a través de salud, educación  y trabajo de nexo legal entre el Estado y la abierta economía privada.

La inmigración y su descendencia se identifico con ese proyecto de vanguardia y muy venezolano en su estilo casi folklórico que desconocía el resentimiento social  y le sumó adeptos. Sin registro oficial, el adequismo fue un espontáneo pasaporte con visa que implicó rechazo radical  a toda forma de dictadura y el llamado a involucrarse personal y colectivamente en un destino común de país libre por consenso legalizado.“En Venezuela todos son adecos, blancos, verdes o rosados” verdad que la subversiva, inmadura extrema izquierda, utilizó para denigrar de ese gran mérito civilista. Sucesos  por cierto que remiten a la gran novela del Gabo, El amor en tiempos del cólera cuyo protagonista, adicto al sexo, copula de oficio pero con la mente centrada en un amor imposible o lejano, la distancia más cercana para lograr su romance ideal.

Así también, por fin, a siglo y medio del 5 de Julio, la energía del nuevo afecto sociopolítico liberal que abortó golpes militares de guarnición y de guerrilla, sembró un AD- simpatizante contagiando a los otros partidos excluido el comunista por foráneo en su meta y fue esa unión la piedra basal en la imperfecta y productiva democracia cuarentona. Tras una  pasantía por el marxismo teórico y practico, el estadista Rómulo Betancourt captó a fondo que Venezuela siempre debe diseñar su política interna sobre el contexto internacional por los peligros que entraña el petrodólar frente a la barbarie tradicional  de un militarismo  incrustado en las raíces mismas de la  historia venezolana más dañino aún junto a la fija ambición castro comunista de manejar este petróleo. En efecto, con ese pacto Hugo Chávez, su secta castrense y herederos conspiran, engañan y borran aquella labor civilista nacional que pasa a  resentida y populista Damecracia, la ingresan en un cuartel general  llamado revolución, armas desde el estalinista corrupto palacio Miraflores y la libertad presa en Ramo Verde.

A su vez, el partidismo criollo descuidó aquella frágil siembra de la democracia original, rechazó su renovación actualizada, sigue reactivo en caudillajes de parroquia que ofrecen al inestable elector pero  sin conteo de militantes ciertos ni analizar si hay diferencias entre  tantos partidos similares repetidos en distintas siglas carentes de contenido. Dispersión contra unidad. Mientras, hay  dos millones y medio de empleados públicos y sus dependientes inscritos a juro en el PSUV que los espías y compra con limosnas misioneras para amarrar su voto y evitar su rebelión.

Ante tal vacío electoralista y ruinoso, despierta de nuevo un sector cívico-militar lento pero seguro, equivalente al ex adequismo, esta vez menos  emocional. Se nutre de nuevas generaciones proactivas sin rabo de paja y se desempeña con valentía, visión global y sentido común. La MUD cumplió su loable función hasta 2012 y es necesaria su representación  en un gran Frente Integral Democrático.

¿Y Menezuela? Bien gracias. Hipotecada se vende a precio de mendigos.