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Fernando Luis Egaña

El “yo acuso” de Giordani

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Con el título: “Testimonio y responsabilidad ante la historia”, el ya exministro Jorge Giordani ha confirmado oficialmente que la profundidad del desastre económico, social y político en que está sumida Venezuela es, en verdad, insondable.

Giordani se lo atribuye de manera principal a una “presidencia que no transmite liderazgo”, es decir al (des)gobierno de Maduro, pero es obvio que la megacrisis que padece Venezuela no se inició el año pasado o antepasado, sino que ha venido incubándose a lo largo del siglo XXI –potenciando los pasivos y acabando los activos que venían de atrás–, y en ese proceso, desde luego, tanto el propio Giordani como su mentor presidencial son responsables esenciales.

Bastaría recordar que en estos lustros el Estado ha recibido ingresos equivalentes a 1.500 millardos de dólares, y constatar la desastrosa situación nacional en todos los órdenes para dar suficiente cuenta de la gravedad de lo acontecido en Venezuela.

Giordani afirma en su texto que “el camino de desarmar y construir es arduo”, y tiene razón, sobre todo cuando se ha desarmado mucho más que construido, porque de eso se tratan estos largos años: de haber malbaratado la oportunidad de desarrollo más importante que se le haya presentado a Venezuela en toda su historia, y Giordani y los demás jerarcas de la llamada “revolución” son los autores intelectuales y materiales de ese crimen monumental.

En el escrito del exministro se desprende que en el (des)gobierno reina un ambiente confuso, campea la corrupción, no hay unidad de mando ni de objetivos –Pdvsa consumó su independencia del poder central, nada menos–, y prácticamente lo único que se hace es imprimir dinero para aumentar sin control el gasto público, y así tratar de saciar las exigencias de los grupos de poder.

¡Cómo será la cosa que Giordani reclama prudencia en el manejo presupuestario! En pocas palabras, Venezuela se encuentra envuelta en un caos que parece no tener orillas, y lo más caótico de todo es el atropellamiento de la maraña estatal, lo que ayuda a comprender que sobrevivamos en escasez, carestía, penuria o máxima inseguridad, con el barril de petróleo en 100 dólares.

Pero la pregunta que debe hacerse es si esto no ha sido más o menos así durante el dominio de la hegemonía roja. Es más, si esto no puede sino ser así, dada las características retrógradas, despóticas y corruptas de su “ejercicio” del poder.

Lo que logró encubrirse, en no poca medida, por el vendaval de la bonanza petrolera, por la avasallante y habilidosa propaganda, por la imagen que Chávez se labró de sí mismo, y por el aprovechamiento de ciertas formas de la democracia para hacer ver que el régimen imperante no era una satrapía sino un gobierno constitucional.

Si todas las denuncias y críticas de Giordani son ciertas, entonces no es que se ha perdido el siglo XXI, es que se lo han robado en un asalto depredador y continuado desde el poder establecido. Y no en los tiempos recientes del sucesor sino desde los propios comienzos del predecesor.

El “yo acuso” de Giordani es un ataque demoledor al presente de la hegemonía, pero también es un espejo de su trayectoria de dominio sobre el Estado y la sociedad. Es inevitable que sea así, porque, repito, la profundidad y peligrosidad del desastre económico, social y político de Venezuela, tiene como causa central –no exclusiva ni excluyente, por supuesto– al régimen despótico, corrupto y retrógrado que ha prevalecido en el país a lo largo de este siglo.

 

flegana@gmail.com