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Pedro Llorens

Por si acaso yo no vuelvo

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La Asamblea Nacional y la Corte Suprema se encargaron de ratificar en sus cargos a todo el tren ejecutivo para un nuevo período presidencial sin Presidente… y evitar un vacío de poder, que no de gobierno, pues éste no ha existido en 15 años, ahora menos que nunca.

“Cuando la tarde languidece renacen las sombras” (“Moliendo café”, Hugo Blanco) y aparece Maduro en los canales oficiales de televisión.

Para nadie es secreto que en La Habana legislan y toman decisiones y en Caracas revisan (donde dice “¿qué tu quieres?” se pone “¿qué quieres tu?”) y ejecutan, en muchos casos a través de funcionarios cubanos, porque la regencia como la chulería deben hacerse “in situ”…

“Cuando el amor llega así de esta manera/ uno no se da ni cuenta” (“Caballo viejo”, Simón Díaz), y cuando acuerda ya es demasiado tarde.

El estado de salud de Corazón de Mi Patria (el coro de trombos y arritmias que lo rodea ha invocado a todos los dioses para tratar de que alguno se conduela y lo perdone) sigue siendo misterio para algunos mandatarios que uno a uno (o de dos en dos) viajan a La Habana en busca de la información necesaria para ver cómo cuadran sus presupuestos…

“Llora el perro por el hueso con lágrimas de dolor” (“El pájaro guarandol”, de autor no conocido), tal como lo hicieron Cristina, Pepe, Rafael, Evo y Daniel.   

Como el acuerdo del Parlamento y la sentencia de la Corte Constitucional no convencieron a nadie (salvo al insulso secretario general de la OEA), los idólatras de Corazón de Mi Patria, sacaron un ben trovato ma non vero argumento: “La voluntad popular está por encima de formalismos burgueses aplicados por sectores de la derecha”, sentenció Elías Jaua pocos días antes de que fuera nombrado canciller por el otro yo de Corazón de Mi Patria.

“Cerca’e la laguna sale el chiriguare, con rabo de burro y boca de bagre” (“El chiriguare”, Francisco Carreño).

El cogollo empoderado quiere mantener a Corazón de Mi Patria al mando de todo, sin que se entere, para no tener que legitimarse en un proceso electoral con el riesgo de perderlo todo.  

“Yo te conozco robalo por el camino que vas” (“El robalo”, F. Carreño y A. Valmitjana).  

Maduro dejó de ser muñeco de ventrílocuo para hacer hablar (y escribir) al amo, con la ayuda del ministro Ernesto Villegas, quien convoca cadenas de radio y televisión para anunciar otra alentadita del paciente: “Está consciente, en comunicación con su equipo político”, listo para que lo utilicen.

“Por si acaso yo no vuelvo me despido a la llanera” (“Adiós”, Ángel Briceño).