• Caracas (Venezuela)

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Andrés Felipe Altamar Lambraño

La abundancia de escasez

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Ya se hizo normal lo anormal, ya no hay diferencias entre tener, y no tener dinero, y esto se debe a que la escasez es tanta que la fila se hizo obligatoria; con la extensión de la palabra.

Todos los días se vive la odisea por conseguir lo básico… “Lo que se necesita”. ¿En qué momento se convirtió la fila en antesala de la transacción?, resulta paradójico comprender que aunque hoy se cuenta con más billetes en los bolsillos, su respaldo es irrisorio, solo basta comparar con las monedas del vecindario para percibir la realidad de este agudo problema, problema que de manera suspicaz se trató de maquillar sin ningún tipo de éxito perdurable.

En la retina de los de más edad quedaron los tiempos en los que el gusto era cotidiano y las cantidades no eran problema, “Sin ser necesariamente un acomodado, burgués, o como le quieran decir los cegatones de la realidad”. Lo que fue el pasado cercano de la nación habla de abastecimiento, rentabilidad, producción y buenos negocios, hoy solo son recuerdos, simples recuerdos, ¿En qué momento se tomó por verdad que el desabastecimiento es el mal de América Latina? ¿Cuándo se creyó que los abastecidos son únicamente los países de primer mundo? Solo basta mirar las góndolas de los vecinos para derribar esta absurda idea, infundada en parte por la televisora de los desinformados; no obstante, es pertinente recordar que muchos de los vecinos no son países de primer mundo, al igual que Venezuela son países con sinnúmero de problemáticas, pero con la diferencia de contar con aparatos productivos reales, que se desarrollan a su vez en sus diferentes escalas, no dispuestos a dejar de producir, y esto se debe a que han entendido que es muy difícil tener crecimiento sin producción.

La abundancia de escasez hoy es palpable. En la actualidad, la ausencia por lo vital es indiscutible. Esta aguda problemática va más allá de la falta de un bien mueble, o de los elementos que le complementan como accesorios y piezas, la escasez parece no tener límites cuando las mismas medicinas son inexistentes, dejando a muchas vidas sin respaldo médico por la simple razón de “No hay, no tenemos”, y sumado a esto, las entrañas del pueblo adolecen por alimento. A diferencia de otras latitudes, las protestas en Venezuela han dejado de ser alternativa, y no precisamente por la falta de un buen número de manifestantes que respalden las molestias, o por las posibles represalias que se puedan tomar contra estas. Hoy el pueblo no tiene tiempo ni fuerzas para protestar, las gentes se encuentran en la encrucijada entre comer y protestar, en nuestros días la maratón por lo básico se volvió el único objetivo. Es precisamente esta carrera por lo necesario lo que impide de cierta manera “distraerse”, ahora bien queda en el final de estas líneas las repetitivas preguntas de nativos y extranjeros ¿hacia dónde va Venezuela? ¿Qué más nos falta por ver? ¿Hasta dónde llegara la abundancia de escasez?