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Beatriz de Majo

La abultada chequera de las chinas

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Salta a la vista cómo las calles de Manhattan y París, Londres y Roma están hoy atestadas de turistas chinos. Estas ciudades, capitales del comercio y del lujo en el mundo, se han vuelto imanes para la clase pudiente china.

La avidez china por gastar en el exterior en artículos de alta gama es tal que las grandes marcas comienzan ya a adaptarse al gusto y a las necesidades de los chinos viajeros para captar sus preferencias. Estée Lauder, la reconocida marca de sofisticados cosméticos y perfumes, no ha vacilado en colocar en su imagen los rasgos de la china Liu Wen, con lo que ha logrado para sí la atención de un número grueso de compradoras asiáticas.

Es que las cifras que se manejan en materia de turismo y gasto son tan astronómicas como todo lo chino: 83 millones de ciudadanos provenientes de ese país colmaron el año pasado aviones y aeropuertos en una búsqueda desenfrenada de lo novedoso. No es extraño, ya que en los vuelos de las aerolíneas occidentales los altavoces que orientan a los pasajeros cuenten también con el mandarín dentro de los idiomas utilizados. Solo en el año 2013, según la oficina de Turismo de laS Naciones Unidas, los bolsillos chinos desenfundaron 102.000 millones de dólares en compras en el exterior.  

La particularidad consiste en que estos nuevos ricos chinos se inclinan, más que el turista común, al gasto suntuario. 67% de los gastos que estos compradores chinos hicieron en sus periplos por el mundo fue dedicado a la adquisición de artículos de lujo. Los datos se encuentran en un trabajo de investigación llevado a cabo por una firma especializada Frost & Sullivan, “The Chinese Luxury Consumer White Paper”, y este asegura que se ha despertado un apetito en los grupos femeninos de las grandes urbes chinas por viajar “solo para comprar” ya que, además, se consiguen en el exterior los artículos de lujo a precios considerablemente más favorables que en las grandes boutiques de Shanghai, Pekín, Canton y Shenzhen. 

El otro atractivo es que hay grandes marcas, como Michael Kors o Tory Burch, líderes de las tendencias de la moda del momento, que por distintas razones no se han podido instalar aún en el espacio continental del dragón de Asia. El solo hecho de poder traer de vuelta a casa una pieza con el logo de estos diseñadores hace una importante diferencia dentro del lenguaje de los símbolos del estatus social.

Desde las autoridades migratorias y de turismo de los países captadores de viajeros, particularmente en Europa, hasta los fabricantes de artículos de gama intermedia están haciendo malabarismos para atraer la chequera de las chinas en proceso de ascenso social. Es que en 30 años ese país comunista ha logrado estructurar una sociedad en la que más de 300 personas tienen cuentas por más de 1.000 millones de dólares en el banco, pero, además, hay más de 1 millón de millonarios y una clase media creciente de alrededor de 300 millones de personas.

Un país que ha experimentado un crecimiento de vértigo por tres décadas es capaz de generar estos profundos bolsones de riqueza, pero el bienestar económico y la holgura financiera de algunos no siempre ha sido fabricada por las vías más ortodoxas. Y esta es una razón adicional que se suma a las anteriores para que las chinas amantes de lo chic no deseen dejar una huella de sus compras en su tierra, sino que se animen a hacerlo libremente en el exterior.