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Rosendo Fraga

El abismo venezolano

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La crisis política venezolana cumple dos semanas y la visita de Lula a La Habana busca coordinar la acción de Cuba y Brasil para contenerla.

El interés de Cuba en que Nicolás Maduro no caiga es claro: que no cese el suministro de petróleo, clave para que la economía cubana siga funcionando. Brasil también tiene interés en que Maduro no caiga, por otra razón: es que un presidente venezolano que se viera obligado a dejar el poder como ha sucedido en los últimos días con el presidente ucraniano, por las protestas en las calles, puede activar las protestas en Brasil que aparecen como el único riesgo para la reelección de Dilma Rouseff, que de acuerdo a los sondeos, tendría lugar si se votara hoy. Ella dijo que “si hubiera un golpe en Venezuela”, el país sería excluido del Mercosur, como sucediera con Paraguay.

Ambas influencias estarían detrás de la decisión de Maduro hecha pública el sábado último, de convocar a una Conferencia Nacional de Paz. Al mismo tiempo, decidió adelantar el inicio del carnaval para contribuir al clima de distensión, al día siguiente decidió rever su decisión de expulsar a la CNN del país por realizar “propaganda de guerra” y el lunes anunció la creación de una Comisión de la Verdad para investigar las muertes. Pero el cambio de actitud se da en un contexto contradictorio dado que el mismo día que anunció la Conferencia dijo a sus partidarios: “Si yo no amaneciera como presidente los autorizo a salir a la calle para recuperar la Patria”.

La convocatoria al diálogo parece haber llegado demasiado tarde y después que Maduro radicalizó mucho la situación. En dos semanas, hubo demasiadas muertes, heridos y denuncias de torturas. La mayoría de ellos, han sido víctimas de los llamados “colectivos chavistas”, que son los grupos de militantes armados y que actúan como parapoliciales. En particular el grupo llamado “motorizados”, que disparan desde motos, es el que ha provocado más víctimas.
Se puede poner como inicio de la crisis el 12 de febrero, cuando Maduro denunció que era víctima de “un intento de golpe de Estado”. Un oficial del Ejército identificó a dos chavistas que habían disparado contra estudiantes ese mismo día. Seis días después, el 18 de febrero la crisis escaló, al presentarse detenido el líder opositor Leopoldo López y ser asesinada por militantes chavistas una ex reina de belleza que manifestaba. Maduro endureció la represión, militarizó el estado de Táchira, amenazó con dejar sin nafta a los Estados donde hubiera manifestaciones, convocó a una contramarcha de mujeres, pidió la captura de dos dirigentes opositores más, advirtió que expulsaría a la CNN y exhortó a las guardia nacional -policía militarizada- y a los colectivos chavistas a ser más duros en la represión, insistiendo en que su gobierno es víctima de un intento de golpe dirigido desde Estados Unidos.

La oposición ha rechazado participar del diálogo, poniendo al gobierno de Maduro en una situación difícil. Henrique Capriles, el ex candidato a presidente de la oposición, reclamó diálogo y también el desarme de los grupos chavistas parapoliciales. El mismo día, desde la cárcel, Leopoldo López pidió a sus seguidores que “no se rindan”. Dos días después, tuvo lugar una gran marcha opositora, reunificando a sus alas radicalizada y moderada. Capriles endureció su postura desafiando al gobierno y diciendo que la oposición va a seguir en las calles. El domingo último, dijo que no se podía realizar el diálogo porque el gobierno continuaba con la represión, denunciando 500 casos de “represión brutal”.

Finalmente el primer día de esta semana, se negó a reunirse con Maduro diciendo “No Nicolás, no me vas a utilizar, no me vas a usar para salvar este gobierno moribundo”. El mismo día dirigentes estudiantiles dijeron que no se puede dialogar con “asesinos” y “comunistas cubanos”.

Un sacerdote antichavista (Palmar), que adquirió notoriedad al ser golpeado fuertemente en la represión, pidió la renuncia de Maduro y que se convoque una asamblea constituyente. Paralelamente, se evidenciaron señales de descomposición. El gobernador chavista del estado de Táchira, donde se iniciaron las protestas el 4 de febrero, pidió el fin de la represión y dijo: “No estoy de acuerdo con mantener presos políticos”. Un general retirado, acusado de asesorar las movilizaciones opositoras resistió armado sólo el intento de detención, denunciando por Twitter que era asediado por agentes cubanos y “cómplices venezolanos”.

Si Maduro se viera obligado a dejar el poder, ello tendría consecuencias políticas en la región. Ya se mencionaron los efectos sobre Cuba y Brasil. En el caso de Argentina, cuya presidenta es quien más ha defendido a Maduro en la región, la combinación de crisis económica y disconformidad en la calle que está poniendo en crisis a Maduro, es algo que también amenaza. Puede sufrir efectos el presidente ecuatoriano (Correa), derrotado en las elecciones municipales del domingo 23 en las principales ciudades, sufriendo su primera derrota electoral desde que llegó al poder, tras ganar siete elecciones sucesivas. La oposición en Nicaragua se puede activar, cuando parecía no tener capacidad de oponerse al proyecto del presidente de imponer la reelección indefinida. Pero la crisis venezolana no parece tener posibilidades de influir sobre Bolivia, donde Evo Morales lleva más de 40 puntos sobre el candidato que le sigue para las elecciones presidenciales que se realizan a fin de año. Si cayera Maduro, Irán y Siria, que han tenido en el chavismo un firme aliado en América del Sur, lo perderían. Para Estados Unidos la salida de Maduro implicaría que puede terminarse un factor de agitación en la región, pero también es cierto que el autoabastecimiento energético al que está llegando, han reducido el interés estratégico por Venezuela.