• Caracas (Venezuela)

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Guillermo Martínez

Han abandonado al pueblo de Venezuela

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El principio de la no intervención en los asuntos de los países de América Latina no es cosa nueva. Yo vengo oyendo el cuento hace más de 50 años. 

Recuerdo que a principios de la década de los años sesenta lo usaban para que los países de la región no se inmiscuyeran en los asuntos de la Cuba comunista. Y me refiero a que la cosa es un cuento viejo, porque el principio siempre se ha usado en una forma muy selectiva. 

Ahora tenemos el caso de Venezuela. El país está que arde. Todas las mañanas en numerosas ciudades del país el centro es patrullado por miembros de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), o sus sicarios –los temidos Tupamaros en sus motos–. 

Por la noche el pueblo venezolano desplaza a las fuerzas del Gobierno y tienen batallas campales por el control de esos valiosos espacios propagandísticos. 

La toma de la plaza de Altamira en el Chacao, un barrio de clase media alta en Caracas, todas las noches por más de un mes es ocupada por los valientes estudiantes y residentes de la zona. Los venezolanos protestan contra la corrupción, la criminalidad, y le inflación bajo el Gobierno de Nicolás Maduro.

Todas las noches por vías cibernéticas veo fotos de la oposición a Maduro peleando con la GNB y los Tupamaros o colectivos. La oposición usa piedras y cocteles Molotov caseros. El Gobierno utiliza gases lacrimógenos, escopetas de perdigones, y a los rufianes en motocicletas dando golpes a diestra y siniestra. 

La rebelión de un bravo pueblo se lleva a cabo a diario en docenas de ciudades del país. Hasta ahora han muerto más de dos docenas de venezolanos –la mayor parte de ellos miembros de la oposición–. Hay cientos de detenidos y muchas acusaciones de las torturas a las que las fuerzas represivas del Gobierno le propinan a los detenidos. Ya hay claros indicios de injerencia del Gobierno de los hermanos Castro y sus fuerzas represivas, expertas en reprimir a un pueblo.

El caso de Venezuela está pintado para que alguna organización internacional acuda a mediar la situación, o por lo menos a ver y criticar los abusos que comete el Gobierno. 

Por supuesto que las organizaciones humanitarias han emitido comunicados detallando y demandando que el Gobierno se detenga y no cometa más abusos contra los derechos humanos. 

Una de ellas, Human Rights Watch exigió que la Organización de Estados Americanos (OEA) se reuniera para discutir las violaciones de los derechos humanos que se cometen a diario en Venezuela.

“La OEA no debe dejar pasar esta importante oportunidad para examinar los abusos de los derechos humanos que se cometen en Venezuela”, según un comunicado de prensa de Human Rights Watch. Agrega José Miguel Vivanco, director de la organización para las Américas, que “lo que separa al Gobierno de Maduro de otros países en los cuales protestan sus ciudadanos es que en Venezuela ha reaccionado con una combinación abusiva que incluye censurar la prensa, encarcelar a los oponentes políticos, y usar la fuerza bruta para tratar de controlar las manifestaciones”. Pero la organización a la que le compete intervenir políticamente, demandar un alto a la represión, la, OEA está calladita en Washington. Ni siquiera lograron los votos para pedir una reunión de cancilleres. 

En vez de pedir una reunión de cancilleres, la OEA emitió un comunicado inocuo en la cual pidió a la sociedad venezolana (no al Gobierno de Venezuela) que respete “los derechos humanos y las libertades fundamentales, incluidas las de expresión y reunión pacífica, circulación, salud y educación”. 

La OEA debía investigar los abusos que se cometen a diario en Venezuela. Pero no lo hace. 

En vez, tras 15 horas de un debate inútil acordó una serie de expresiones cansadas y trilladas. Sí, todo el mundo debe de portarse bien. Eso está claro. Pero se negaron a ir al grano: ¿qué hacer cuando un Gobierno oprime a su pueblo?

El voto inocuo de la OEA hace dos semanas fue aprobado por 29 votos a favor y tres en contra. Solamente los Estados Unidos, Canadá y Panamá votaron en contra. 

Mientras en Venezuela el Gobierno cada día reparte más golpes, detiene a más personas y censura a la prensa. El número de muertos, de heridos y de presos crece por día y el Gobierno lo único que hace es acusar a los Estados Unidos de estar conspirando contra el Gobierno de Maduro.

No hay pruebas, pero eso no importa. Como no hay quien salga al respaldar a los venezolanos, los abusos continuarán. 

El mundo ha abandonado al pueblo de Venezuela.