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Santiago Zerpa

Western, ayer y hoy

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Desde Stagecoach a True Grit.

 

El western es un género casi tan antiguo como la propia historia del cine. Puede decirse que nace en 1903 de la mano de Edwin S. Porter con su film Asalto al tren, estableciendo claves que seguirían a uno de los géneros cinematográficos por excelencia de los estadounidenses. Norteamérica se ha moldeado a través de la épica del western, realzando los valores de territorialidad, lucha y conquista que forman piedra angular de su cultura. La violencia “justificada” acompaña a un gran número de imágenes iconográficas que la caracterizan: vaqueros, indios, caballos, ganado, diligencias, revólveres (de balas infinitas), sombreros tejanos, duelos a muerte por lo general en horas cumbres (amanecer, mediodía, atardecer), grandes ranchos, tabernas, pianolas, prostitutas, sheriffs y el mito del lejano Oeste, territorio salvaje y virgen lleno de oro, el lugar de las segundas oportunidades donde sólo el más fuerte sobrevive. El héroe, el vaquero bueno, pretende forjar una nueva vida/hogar en aquellas tierras para poder descansar. El vaquero malo se aprovecha de todos y de cualquier oportunidad que se le aparezca para llevar su vida con mayor facilidad. Aquí ambas figuras terminan chocando irremediablemente. El western gozó de popularidad inmediata y recaudó mucho dinero para la época, sin embargo no supo adaptarse de inmediato a la transformación del cine sonoro. Esto provocó una crisis que duró hasta la llegada de dos grandes personajes: el director John Ford y célebre actor John Wayne. Más precisamente con su película La Diligencia, dirigida y estelarizada por los antes mencionados, fue que pudieron darle un vuelco a la crisis que vivía el género abrió de par en par la puerta hacia se época dorada, que duró más o menos hasta la década de los cincuenta. Películas como Río Bravo y Río Rojo de Howard Hawks o Johnny Guitar de Nicholas Ray marcaron un hito dentro del western, a la que se le unió la fascinación de John Ford, creando Argosy Productions y dirigiendo la famosísima trilogía sobre la caballería del lejano Oeste: Fort Apache (1948), La Legión Invencible (1949), y Río Grande (1950), quienes certificaron a Ford como uno de los grandes directores de películas de vaqueros y glorificaron a su protagonista, John Wayne, como uno de los mejores y más importantes actores de su época.

Tanto La Diligencia de John Ford como en True Grit (2010) de los hermanos Coen, dan vuelta y conviven muchas de éstas características típicas del género western. La primera está desarrollada durante el contexto histórico de la conquista. Un territorio nuevo, desconocido e indomable que se abre frente a los protagonistas y un inevitable choque de culturas con los indios. La segunda se sitúa más bien en una época posterior, donde los poblados están más asentados pero donde los villanos siguen haciendo de las suyas a espaldas de la justicia. Aquí no hay choque cultural, sino más bien la pelea se desarrolla entre el bien y el mal. La imagen del vaquero héroe y justiciero que debe mantener el orden en el universo a costa del desequilibrio que originan las acciones del villano. Aunque hay diferencias marcadas entre ambas películas por la diferencia de tiempo en el que fueron filmadas, las ventajas tecnológicas del momento, o los cambios respectivos en cuanto a verosimilitud, censura y manejo de los tiempos, ambas son fieles representantes del western y atribuyeron para sus respectivas épocas ciertas nociones y cambios al propio género.

La Diligencia nos muestra el recorrido que realizan siete personajes, en un viaje que los desplaza desde Arizona a Lordsburg. Estos personajes representan en sí mismos características claves del western: vemos al banquero corrupto representado bajo la figura de Gatewood, al vaquero bueno como Hatfield, quien es amable y caballero, un comerciante de bebidas alcohólicas que se llama Peacock, Dallas la prostituta marginada, Boone el doctor con problemas de alcoholismo, la bella damisela bajo la figura de Lucy, quien es esposa de un capitán de caballería, y el héroe que busca saciar su venganza: Ringo Kid. La diligencia a su vez es conducida por el Sheriff del pueblo y un asistente algo torpe. Todos ellos conforman una unidad clave en el desarrollo de la historia y en la verosimilitud del género. Al colocar individuos diametralmente distintos conviviendo juntos en situaciones clímax, terminaban generándose tensiones típicas (clasistas y raciales) entre ellos. La clase alta, los indios americanos, los colonos, los militares y los forajidos pertenecían a sus propios círculos previamente definidos.

La historia se desarrolla en su mayoría dentro de la misma diligencia. Los personajes recorren el inmenso desierto, paisaje iconográfico por excelencia del western. Es fundamental por la simbología del mismo: inhóspito, mortal, agresivo, pero con cierta esperanza, una vida que puede nacer de las oportunidades o de la adaptación. Los personajes del desierto buscan cualquier forma de sobrevivir, y ello da pie a acciones representativas como el robo, los asesinatos, la corrupción, el vandalismo y la propia prostitución. Es aquí donde se desarrollan las acciones, y a menudo vemos planos que nos apartan de la intimidad de la diligencia para apartarnos hasta el vasto desierto que la hace ver inexistente.

El desierto, además, promueve los silencios. Y éste factor es clave en todo el desarrollo de la película, donde los personajes sólo hablan lo estrictamente necesario. Nada de lo que dicen es relleno, nada sobra. Y cuando debe haber silencio, que pasa a menudo, es la música entonces quien debe acompañar a las acciones que se desarrollan. Las batallas, los duelos, el larguísimo recorrido que recorren en la caravana, las manifestaciones sentimentales de los personajes, las grandes vistas de los espacios abiertos, todos son acompañados con una música específica que realza las características, tanto estéticas como emocionales, de cada escena. Y esto también sucede, extrañamente, en True Grit. Porque si bien es cierto que la filmografía de los hermanos Coen se caracteriza, y mucho, por la capacidad y refinamiento de sus diálogos, aquí podemos ver como cada palabra cuenta. Los vaqueros son personajes herméticos que hacen valer su herencia western, y por lo general terminan diciendo más a través de sus silencios que con lo que dicen. Y aunque los tiempos cinematográficos han cambiado, y los silencios son cada vez menos por tornarse insoportables a un público entrenado por Hollywood, True Grit logra mantener ésta esencia. Acompaña también el largo recorrido de los héroes en su búsqueda personal de venganza, acompañándolos de la mano con una música que se torna cada vez más existencial, fiel reflejo de las mentes de unos antihéroes modernos que se desarrollan bajo la primicia del western.

En La Diligencia el héroe es introducido en el espacio fílmico de una forma muy importante. Enseguida reconocemos al vaquero, quien nos es mostrado como un ser errante, solitario, que recorre el paisaje a través de enormes planos generales. Ringo Kid es el vaquero bueno, macho, de aspecto varonil, que vive sin reglas. El vaquero se nos muestra elevado e imponente a través de la angulación de la cámara. Sin asomo de miedo en su rostro, detiene a la caravana sosteniendo su rifle. Esto demarca sin dudas todos los valores que posee y el concepto de héroe en sí mismo. Sin embargo su expresión cambia cuando reconoce a alguien del pasado: un zoom in de la cara nos muestra que el héroe no está hecho todo de acero. Algo similar ocurre con el héroe de True Grit, el alguacil Reuben J. “Rooster” Cogburn. La película comienza con Mattie Ross, quien nos explica el asesinato de su padre a manos del villano Tom Chaney cuando ella era una niña de 14 años. Ella va a recoger el cuerpo de su padre y a buscar venganza sobre Chaney, quien ha huido al territorio indio donde el sheriff no tiene autoridad. Mattie decide buscar ayuda para atrapar a Chaney, y pide ayuda a Cogburn, quien ya anteriormente había sido presentado como el “más malo”. Cogburn está retirado, es tuerto, viejo, la decadencia vívida del héroe que inmortalizaba John Wayne. En una primera instancia rechaza la oferta de Mattie, pero luego decide ir a ayudarla. Y no es por el dinero que obtiene, sino por otra cosa. En ambos personajes, Ringo Kid y Cogburn, el héroe forma una coraza emocional como una herramienta para protegerse de un pasado que los persigue continuamente y del que son consecuencia directa. En ambos descubrimos que algo se les revela en el interior, siempre a manos de una mujer, y que no pueden evitar el destino, su areté personal al más puro estilo de los héroes griegos clásicos. Los dos deben entonces emprender una suerte de “huida” para adelante, con venganzas de por medio.

El concepto del star system juega un papel fundamental para la estructura y el verosímil de las películas western. En La Diligencia el héroe es un personaje activo, guapo, joven y de cierta forma invencible. Sus características físicas y de carácter son muy importantes, por lo cual se reitera numerosas veces en señalarlas a lo largo de la película. John Wayne personifica a Ringo Kid y se vuelva de cierta forma un arquetipo habitual del western. Su imagen como héroe del oeste se volvió un ícono, de mano de una dualidad que se debatía a través de las acciones. Su brusquedad contra la nobleza, su rebeldía ante su valentía. El personaje de cierta forma se apoderó de la naturaleza misma del actor, que al mitificarse por parte de la audiencia se despojaba de su propia personalidad. Se volvió una figura, es decir, John Wayne representaba a un vaquero aunque no estuviera actuando. Se volvió un sinónimo de imponencia física, de masculinidad, de proporción justa y casi etérea (otra referencia griega) del tipo duro pero tierno. Wayne, junto con su sombrero y botas, de cierta forma pasó a encarnar al  Salvaje Oeste. Y el paradigma fue tan poderoso que se instauró en el imaginario de los espectadores hasta el día de hoy. Tanto así, que incluso en True Grit se ven reminiscencias del legado de Wayne. Y es entonces cuando la figura de Jeff Bridges, a pesar de que no conserva ninguno de los rasgos físicos de Wayne, representa en su papel de Cogburn una trasposición directa del héroe clásico del western. Es un héroe en decadencia, si, físicamente destruido y muy lejano a sus mejores tiempos; pero que, sin embargo, conserva dentro de su esencia la misma dualidad que se manifestaba en el personaje de Ringo Kid. La misma llama es la que sirve de como combustible de ambos personajes. Y el aspecto físico entonces es delegado en otro personaje protagonizado por Matt Damon: el Ranger de Texas La Boeuf. Matt Damon se vuelve entonces la cara “bonita” y joven de la película, resarciendo los valores del star system. Entonces veremos la vitalidad y el aspecto físico de La Boeuf, lo veremos brillante e intacto a lo largo de la película, pero el motor de la misma serán los valores y connotaciones emocionales de Cogburn. Ambos, sin embargo, podrían conformar un solo ente inmortal, a la semejanza del que antes representaba Wayne.

Es importante resaltar que True Grit, a pesar de filmarse setenta y un años después que La Diligencia, comparte atributos básicos de género, y respeta elementos iconográficos importantes para reconocer el género, aunque invariablemente con algunas modificaciones, buscando de ésta forma darle una re-significación a la concepción del héroe de western. Un buen primer punto de comparación, que establece ciertos detalles que modifican al género y la verosimilitud entre las dos películas, es la descripción del paisaje. En ambos casos sigue siendo inmenso y abierto, pero ahora deja de ser del todo desierto. Ahora más bien es una suerte de valle rocoso, y aunque existe el desierto, convive con cierta gama de vegetación, y hasta arroyos y cierta clase de bosques, algo inexistente en La Diligencia, donde su totalidad transcurría en la vastedad áspera de la arena del desierto. En True Grit la variedad del paisaje denota inmensidad visual instantánea y aumenta la verosimilitud de los espacios. Hay animales de campo, animales salvajes, y no todo sucede durante los rayos del inclemente sol. Ahora la noche toma protagonismo, el crepúsculo, la lluvia y la nieve. Lo misterioso toma forma y se apoya del paisaje, brindándonos una de las escenas más importantes y tensas de toda la película desarrollada en totalidad durante la noche. Los paisajes se van alternando con escenas de oscuridad muy marcadas. Aunque ambas se desarrollan en su mayoría en espacios exteriores, ahora las conversaciones son a la luz de la fogata, con una iluminación llevada al claro oscuro, en donde la silueta de los rostros apenas se ven por la incidencia de la luz, y donde nos descubren una dualidad inherente dentro de sus almas.

Hay imágenes fuertes, sangrientas y crudas que jamás podrían haberse visto en una película de John Ford a finales de los años treinta. Las muertes son precisas y secas, el sufrimiento es alargado casi hasta límites donde provocan desacuerdos emocionales en el espectador. Un espectador que, además, ahora está preparado para recibir la violencia, la sangre y la crudeza de la forma más gráfica posible. La desnudez y la violencia durante la época de Ford estaban enmarcadas bajo la tutela de la decencia, el decoro y las fuertes leyes de censura. Sin embargo, para la época, estas nociones de aceptación de la realidad ya estaban establecidas entre la audiencia de una forma tácita. Hoy en día las temáticas que conllevan a connotaciones sexuales o de violencia extrema son recibidas y agradecidas por un público que las acepta para construir su universo de verosimilitud. La realidad en True Grit se construye entonces ante la inmundicia y suciedad de la época (cosa también impensable en una película de Ford ¿John Wayne sucio?), la decadencia anímica y ética de los personajes, los impedimentos físicos y científicos de la época (nuestro héroe el tuerto, y nuestra heroína pierde un brazo por la gangrena), la violencia visual en las peleas, la sangre y el dolor de las muertes, y las angustias tanto físicas como existenciales de los protagonistas a lo largo de toda la película.

Otro punto a tener en cuenta, y del que ya había hablado brevemente antes, es la comparación y variables entre ambos héroes. Ahora ya no nos encontramos con un joven capaz de enfrentarse con todo lo que se le atraviese por delante, un jinete solitario en busca de venganza y de hacer el bien. Cogburn es un héroe, más bien retirado, que lo mueven otras circunstancias. Es viejo, pobre, que realiza ciertos trabajitos para ganarse la vida sin esfuerzo. Es un personaje que de cierta forma espera todos los días a que se lo lleve la muerte, pero que es demasiado bueno (en un sentido no de benevolencia) como para irse. No es un héroe que busca venganza, no es errante ni tampoco rebelde. Toda su historia se ha vuelto leyenda a medida que pasan sus días postrado a los bancos de la taberna.

 Entendemos entonces que Cogburn no representa la misma imagen del antiguo jinete del western, que se alejaba en el poniente a reconstruir su vida. Al contrario, es un hombre preso de su pasado que fue incapaz de reconstruir nada, y que vive con un gran saco de culpas y memorias a cuestas. Es un personaje que falló, que sucumbió ante el peso de la vida,  un antihéroe. Ringo Kid buscaba resarcirse a través de la violencia. Necesitaba probarse a sí mismo y a su virilidad. Cogburn hace tiempo que dejó la violencia a un lado, y sólo la reencuentra ante la necesidad de ayudar a Mattie. Es una suerte de segunda y tardía oportunidad ante la vida de probarse útil, de demostrarse capaz, de reestablecer el orden en el universo. Los personajes de True Grit ya no son tan planos o arquetípicos como los de La Diligencia. Sus breves palabras connotan profundidad y sentimientos, sus características físicas son espejos de sus cualidades emocionales. Hablan de intimidades, de hechos personales, y resaltan la muerte ya no como un hecho heroico, sino como un acto que les impone culpa. Otro aspecto importante es que los héroes ya no son casi dioses, a la manera de los griegos y del western clásico. Es casi inmortal y perfecto Ringo Kid ha quedado atrás para darle paso a otra clase de héroe, que es todo menos perfecto. Ahora los héroes fallan, se golpean, sangran, son heridos, amputados y hasta ridiculizados. Su pasado los mueve hacia adelante, pero la realidad es que el destino se ha conformado como un gran signo de interrogación que a veces los sacude demasiado. Es impactante comparar la imagen de John Wayne con la de Jeff Bridges, un vaquero ya en el ocaso que se ensucia, desangra y agota sus fuerzas caminando por salvar a una niña. Ya no es ni siquiera la mujer como objeto de deseo quien impulsa al héroe a tomar medidas. La venganza en True Grit no es contra los malos, sino contra la vida misma. En cuanto a la construcción de los demás personajes, como La Beouf, Mattie o el villano Chaney, también es un punto y aparte con los de La Diligencia. Los temas políticos, ideológicos y sociales La Diligencia están muy demarcados, y de cierta forma son imprescindibles para reconstruir a los personajes y sus acciones. Dallas es una prostituta expulsada del pueblo, sumisa, reprimida, imagen de la mujer de la época. Mattie, siendo una niña, es decidida, valiente, áspera. No teme contratar a un mercenario para vengarse, ni disparar un arma cuando es necesario, siendo un fiel reflejo de la postura de la sociedad contemporánea ante la mujer. El sheriff de La Diligencia representa los valores y costumbres típicas de su personaje. En cambio, La Beouf, si bien es un “héroe” y es bueno, es egocéntrico, petulante, y lo mueven sus intereses personajes a lo largo de todas las acciones. Para 1939 la constante en los personajes de la época hacía que la utilización de arquetipos fuera más sencillo y dentro de los cánones y leyes establecidas. La imposibilidad de mostrar acciones o sentimientos fuera de lo estipulado enmarcaban a los personajes. El verosímil se construía sobre aquellas bases, por lo que hoy en día nos parece curioso que una mujer sea tan sumisa o que no exija sus derechos.

Después de la era dorada del western, el encargado de sobreponer al género fueron los italianos. Sin embargo ya para la década de los setenta no sólo el “spaghetti-western” había decaído hasta el olvido, sino que en Estados Unidos el género se había alterado tanto que ya no era ni la sombra de sí mismo. Sam Peckinpah apareció para revitalizarlo, insertando la falta de moral y la lenta muerte del género con una violencia excesiva. Pero después de Peckinpah el western muere de cierta forma. Durante los 90 se van haciendo grandes películas del género, como un ave que da los últimos aletazos antes de morir, que hicieron enormes esfuerzos por revivir el género. Sin embargo, con contadas excepciones, el western se ha vuelto ya un fantasma del pasado, perdiendo la fuerza, la grandeza y la épica que representaba a toda una sociedad. Sin embargo aportes como el de los hermanos Coen con True Grit, o recientemente los de Quentin Tarantino con su remake del famoso vaquero Django, Django Unchained (2012) o la próxima a ser estrenada The Hateful Eight (2015) son impulsos necesarios para el renacer de un género maravilloso como lo es el western.

 

 

Películas:

- Stagecoach (La Diligencia), John Ford, 1939

- True Grit (Valor de Ley), EthanCoen/Joel Coen, 2010