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Nelson Rivera

Libros: Eliot Weinberger

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Razones de mi júbilo: son exploraciones por caminos imprevisibles, expediciones inusuales. Weinberger mira, escucha y lee de otro modo, en otras fuentes: en las religiones de la India, en la poesía de China, en las pretensiones imperiales de Occidente o en libros olvidados. Un dato esencial: en “La invención de China”, que analiza las traducciones de la poesía de China al inglés, Weinberger habla del espíritu traductor de Pound: “El tratamiento directo de ‘la cosa’, sin moralizaciones ni comentarios”.

Algo de este programa estético de pura apelación a los hechos parece proyectado sobre la escritura de Weinberger, a menudo imbuida, inclinada al vuelo poético: “El sueño de la India (hacia 1942)” puede leerse como un poema pero también como una vitrina de los prejuicios, las fantasías y los temores de Occidente ante lo exótico o lo desconocido (“En la India hay un gusano que no puede vivir sin fuego”). “El vórtice” se desarrolla como una secuencia de breves relatos tradicionales, referencias literarias y poéticas, sobre vórtices, torbellinos y trombas. Weinberger las anota y ordena. Crea una secuencia. No se entromete. Como si dejara al lector a solas con lo escrito (Weinberger ha traducido a Paz y a Huidobro al inglés).

El recorrido de “Las cataratas”, texto que da título al libro (Duomo Ediciones, España, 2012), sugiere el sorprendente modus operandi de Weinberger. La primera nota arranca en las costas de Palestina, dos milenios antes de Jesucristo. A partir de allí se van sumando otras que hablan de esclavitud, de pensamiento sobre las razas (vertientes del racismo), de algunas relaciones de las lenguas con lo racial, donde se encuentran textos y referencias casi insólitas, como la formulada por un tal Frederick Hoffman en 1896, que relaciona los pies pequeños de los mulatos con una moral inferior, o la que proviene de Charles Closson, que vincula a la población dolicocéfala con mayor capacidad de pagar impuestos.

Ahora mismo releo estas líneas y me quedo con la inquietud de no haber alcanzado a comunicar la radical novedad que hay en el “ensayar” de Weinberger. De no haber compartido esto: Pido al lector que vaya a su computadora y busque imágenes de un animalillo llamado farumfer. A lo largo de tres páginas Weinberger describe cómo es la vida de estos extraños habitantes del subsuelo africano. Como si fuera un profesor de fauna remota. Y sólo al final, en una de las apariciones más extraordinarias y sutiles que haya tenido ocasión de paladear en mi gozo de lector, escribe estas tres líneas sobrecogedoras: “En ocasiones algún farumfer para de pronto, se alza sobre sus patas traseras y se queda quieto con la cabeza contra el techo del túnel. Arriba se libra la guerra civil en Somalia. Tienen el oído muy fino”.