• Caracas (Venezuela)

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Pedro Conde

Warum Pressefreiheit?

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Así preguntan en Alemania: ¿Por qué libertad de prensa? “Diese Pressefreiheit is nicht dafür da, Journalisten lust-und machtvolle Gefühle zu verschaffen. Sie ist für die Demokratie da; und Demokratie ist etwas anderes mal seine Meute, die Beute will”. Traducido libremente significa que la libertad de prensa no es un placer periodístico ni es para proporcionar un sentimiento de poderoso. Es para la democracia, la cual es un poco diferente de una jauría.

Ciertamente, la democracia es tolerancia, pluralismo, respeto de las minorías, alternabilidad, derechos humanos, crítica, diversidad cultural. No se trata de manipular el poder del Estado para “fulminar” presuntos enemigos, ni de buscar siempre a quien anatematizar para sobrevivir políticamente, para justificar la conquista de las instituciones estatales. La democracia es esencialmente convivencia, respetar al otro, estimular, “crear el clima” para las condiciones en el ejercicio de los deberes y derechos que tiendan hacia la búsqueda de la vida buena, lo que Keynes llamaba “good life”.

En Venezuela, y en otros países, hay un deseo colectivo de sus habitantes de escoger la democracia como su sistema de organización política del funcionamiento de la sociedad. Mejor dicho, es un deseo algo así como la libido, que proporciona la fuerza vital, el empuje, “el élan” para construir la democracia y para resistir las tentativas de convertir el sistema político a la modalidad de “partido único”, a implantar un arcaísmo, que frena, retiene los impulsos para el florecimiento y esparcimiento de la creatividad colectiva que ruge con ansiedad de manifestarse y plasmar su voluntad en la consecución del ideal ético supremo, cual es, vivir mejor, ser libre para realizar a plenitud las potencialidades humanas.

De modo que existe una contradicción, por un lado, la voluntad oficial de reprimir la capacidad crítica, los comentarios “inconvenientes para el poder” acerca de cómo funciona un Estado que ya es opresor, por el incumplimiento de sus funciones, y, por el otro, el burbujeo del manantial de la belleza humana que revienta y no encuentra un cauce para lograr sus objetivos. Pero, eso terminará, puesto que no hay poder que pueda contener las fuerzas vitales de la sociedad.

Solo falta una oposición, una dirigencia competente, como se demostró en el reciente proceso electoral, que sepa transformar en una política de poder las adversidades creadas por el gobierno, cuyos nocivos deseos, entre otros, lo llevan a auspiciar la invasión, ocupación, explotación de nuestro territorio por otros países, infringiendo así sagrados principios de nuestra tradición constitucional y echando por la borda la sangre derramada, desmintiendo la historia forjada por nuestros libertadores para tener un espacio geográfico libre, democrático, soberano, donde prevalezca la libertad, la justicia y la disminución de las desigualdades entre los venezolanos. El gobierno se empeña en silenciar el rumor desfavorable que esto origina mediante la ofensiva contra la libertad de prensa.

No le conviene la libertad comunicacional porque, evidentemente, no está en la senda democrática. Trata de todas maneras de silenciar el ejercicio periodístico realista y racional, indispensable para el ejercicio de la democracia: amenaza, compra, impone censura, condiciona el papel de periódico, suspende concesiones, desinforma la realidad venezolana caracterizada por corrupción, pobreza, desnutrición, mal funcionamiento de los servicios, inflación rampante, libertad precaria, inseguridad, insalubridad, indefensión de nuestros límites, incapacidad para captar geopolíticamente la posición geoestratégica de Venezuela y para delinear una estrategia energética acorde con los cambios y políticas mundiales en el marco de la rebatiña por los recursos, el cambio climático, el surgimiento de nuevas potencias, de “autopistas” ciberespaciales y de la información como nuevos mecanismos de dominación.