• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Víctor Rodríguez Cedeño

Voto mata fraude

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La legitimidad de un gobierno se fundamenta, principalmente, en elecciones honestas, libres y transparentes. Su desempeño, apegado al orden jurídico, a las reglas de convivencia, a los principios y a las normas que rigen la democracia, es la otra condición esencial para considerarlo como auténticamente democrático.

En Venezuela, el régimen bolivariano ha insistido desde siempre en legitimarse convocando elecciones que no se ajustan a las exigencias y dando falsas señales de respeto a los derechos de los ciudadanos. El actual proceso electoral está viciado desde sus inicios, con la tan cuestionada decisión del Tribunal Supremo de Justicia que encarga a Maduro de la Presidencia para que desde esa posición pudiese utilizar sin control alguno todos los recursos del Estado, no solamente los financieros, agotados por su mal manejo, sino los institucionales, los medios, todos al servicio de la candidatura oficialista que necesita oxígeno dada la pobreza del mensaje, la simpleza del candidato y el malestar popular, por las desastrosas medidas adoptadas recientemente por el régimen de Maduro que han arruinado al venezolano.

Además de ese pecado original que mina seriamente su legitimidad, este proceso electoral no es como dijimos, libre, tampoco honesto, mucho menos transparente. No es libre porque el régimen amenaza, amedrenta, intimida al elector por todos los medios. No solamente se obliga a asistir a los ciudadanos a las manifestaciones públicas del mediocre candidato, más novato animador de espectáculo que líder de un grupo político, sino que se les intimida con las captahuellas, con la modalidad fascista de la asistencia a votantes y otras formas groseras de violar el secreto y la libertad del voto. Ha llegado incluso Maduro a maldecir a quienes voten en su contra, una pose que sólo puede justificarse dentro de la concepción de una estrategia torpe de origen cubano que introduce elementos de santería al proceso, algo absolutamente ajeno a nuestra realidad.

Tampoco son honestas estas elecciones por el igualmente grosero ventajismo tolerado por el CNE en complicidad con las otras instituciones y me refiero concretamente a la Fiscalía que lejos de iniciar investigaciones ante las denuncias formuladas por la oposición, para lograr un proceso electoral justo, la acusa de desestabilizar, como si la protesta y las exigencias puedan constituir actos de desestabilización. Deshonestas son las elecciones en las que el candidato oficialista, con la maquinaria del Estado detrás, recorre el país para seguir engañando a los venezolanos y atacar groseramente al candidato de la oposición, en medio de espectáculos baratos deplorables.

Estas elecciones tampoco son transparentes. El secretismo de Estado que aplica el régimen en todas las esferas es reiterado en el campo electoral. El misterio prevalece y ello siempre tiene algo de perverso detrás. Se invita una observación internacional seleccionada, con seguridad favorable, con base en criterios de conveniencia que sólo tiene una función protocolar.

Un proceso electoral lleno de irregularidades, un fraude electoral continuado, que obliga a plantear la necesidad de investigar en su momento y castigar a los responsables, por comisión o por simple omisión, de delitos electorales y conexos, relacionados con la intimidación, la multicedulación, la usurpación de identidad, el ejercicio múltiple del derecho del voto, entre muchos otros.

Las elecciones son el próximo domingo. Millones de venezolanos se expresarán y Venezuela tendrá un nuevo presidente. El fraude continuado es una realidad y para derrotarlo debemos votar y estimular el voto a nuestro alrededor y defenderlo por todos los medios democráticos. El voto masivo mata el fraude que han venido desarrollando y que tratarán de perfeccionar con el manejo perverso de los resultados, síntomas ya vistos con la reciente violación por parte del partido oficialista, con el consentimiento del CNE y de las instituciones, de las claves que dan acceso al sistema y que garantizan los resultados reales.

Pero la comunidad internacional esta vez estará detrás del proceso y de sus resultados. No se torcerá tan fácilmente la voluntad popular que se expresara el próximo 14 de abril. Una verdadera avalancha de votos acabará con las intenciones de quienes quieren establecer por esta legitimación constante una dictadura con base electoral.