• Caracas (Venezuela)

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Juan Manuel Raffalli

Votar contra la inconstitucionalidad

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Lo que ha ocurrido con la designación de los poderes públicos es una atrocidad constitucional. Se han volado todos los mecanismos de participación democrática previstos en la “mejor Constitución del mundo”, es decir, se han soplado la nariz con el librito azul, obra maestra del Comandante Eterno. Los procedimientos inconstitucionales que se han adoptado infectan de ilegitimidad los nombramientos así forjados.

La participación ciudadana en comités de Postulaciones y la mayoría calificada que requiere la Constitución son mecanismos que pretenden forzar acuerdos políticos y democráticos. La Sala Constitucional no es competente para subrogarse en el papel de la Asamblea Nacional. El recurso autónomo de interpretación de la Constitución se ha utilizado como un arma para desvirtuar el contenido de la carta magna con intereses políticos. La Sala Constitucional no es el Estado, nadie ha votado por esos magistrados.

Razón demoledora e indiscutible por la cual no pueden ellos usurpar el papel de los parlamentarios electos popularmente. Así se come la soberanía popular consagrada en la Constitución. Por esta vía con el voto de cuatro magistrados de siete, se puede crear un poder público paralelo y distinto al que contempla la Constitución, pero esa tropelía no es legítima ni da soporte constitucional a los nombramientos que son y serán espurios.

Pero realmente no hubo sorpresas. Después de que la sala entre otras muchas decisiones inaceptables llegó hasta a decir que un presidente agonizante no estaba ausente sino de permiso, todo podía esperarse en esta materia crucial para la revolución. Por eso nadie esperaba que ocurriera lo constitucional y lo racional, es decir que la Asamblea Nacional o la Sala Constitucional nos iban a proveer poderes públicos independientes, equilibrados y mucho menos imparciales.

Sencillamente, la revolución en franca decadencia intenta evitar el desastre electoral que le espera. La impopularidad de Maduro y su combo es inocultable. Les queda intentar la trampa que siempre es limitada e inútil cuando la derrota es por avalancha. Recuerdo aquel boxeador zuliano Betulio González que siempre decía que pelear en Asia implicaba ganar por Ko. En Venezuela estamos así. Que nadie se engañe, la elecciones parlamentarias o cualquier otra que ocurra en el futuro hay que ganarlas por paliza y allí no habrá rector parcializado que pueda impedirlo.

La otra estrategia que le queda a un gobierno fracasado para enfrentar una elección en franca minoría es, obviamente, desestimular el voto adverso. Digamos que sembrar desesperanza y que sus opositores piensen que no vale la pena votar. Asombrosamente, hay mucha gente que cae en esta celada sin reparar en que no votar es favorecer a Maduro. Peor aun, sin tampoco asumirse protagonistas ni brigadieres de la primera línea de acción en los intentos por “salir de esto” sin votar. Prefieren hablar paja o, lo que es más grave, dejar que los más jóvenes asuman el papel literal de carne de canon.

Las sociedades que sufren gobiernos absolutistas y con vocación de perpetuidad en el poder claman por votar. Aquí nuevamente se presentará la oportunidad de dar un viraje radical cambiando de cuajo el Parlamento. Con este CNE o con el anterior que era igualito, la revolución se tuvo que calar derrotas en Petare, Miranda, Distrito Capital y hasta en el bastión de Barinas terruño del Comandante. Es más, se tuvo que calar que Maduro ganara si acaso por nariz dado que el margen de trampa y ventajismo apenas da para un 1% o 2% del universo electoral, de no ser así Maduro no hubiera empezado con el traspié de una victoria raquítica con tufo a derrota. Los resultados electorales no son manipulables, eso está demostrado. La vulnerabilidad del sistema se encuentra antes del voto y más donde no hay testigos, por esos los recursos y la auditoria que exigió Capriles era de votantes y no de votos. Lo anterior permite concluir que con un resultado 65 a 35 o 70 a 30 como se avizora si vamos todos a votar, no habrá Tibi ni Sandra que hagan milagros. Tampoco Gerrymandering que exprima votos inexistentes. La impopularidad cuando es de la magnitud de la actual es lineal, no se da en una cuadra sí y en otra no. Esa manipulación de circuitos sirve para resultados cerrados pero no para sofocar palizas electorales.

Entonces dejemos de autoflagelarnos y asumir tragedias no cumplidas. Quien se encuentra atrapado en las cuerdas es la revolución. Activemos una gran maquinaria en todos los circuitos y salgamos a votar masivamente contra la inconstitucionalidad que campea y nos indigna. En dos platos, preparémonos para ganar como Betulio, porque inventando vías no electorales la noqueada va a ser la oposición, ha sido lo que ha demostrado la historia reciente.