• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Sergio Antillano

Votar por el ambiente

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Alrededor de 36 árboles, que mostraban sus esbeltas figuras en el centro de la ciudad estorbaban en el plan de desarrollo urbano que proponía la oficina técnica del municipio para dar flujo y orden al tráfico de vehículos, propiciar mejores condiciones físicas para el comercio y modernizar esa parte de la ciudad. El detalle de los árboles a derribar no gustó a algunos cuando se realizó la consulta pública del sesudo plan. Eso bastó para que debiera ser incluido en la boleta electoral de los siguientes comicios. La elección de quienes serán las autoridades locales o regionales suele aprovecharse para someter al voto popular decisiones que no cuentan con el consenso necesario y que afectan la vida de todos.

La consulta y su resultado retardaron unos meses el inicio del proyecto, aumentó levemente los costos y obligó a los técnicos a innovar soluciones para alcanzar una propuesta equilibrada. El voto mayoritariamente negativo de los ciudadanos obligó a modificar el proyecto original, a agregar soluciones alternativas, salvar 17 árboles, trasplantar 13, y sólo 6 fueron talados. Democráticamente, por vía del voto, la gente cambió los planes de la burocracia.

En Eugene, Oregon, como en muchas ciudades del planeta, se somete a votación casi todo aquello que afecta a todos y en lo que no hay consenso. Así, los ciudadanos, las personas ungidas de derechos, tienen más control de su entorno físico, de los servicios municipales y estadales, de la calidad ambiental y de casi todo lo que determina el grado de felicidad y bienestar que disfrutan.

En Madrid y muchas otras ciudades las fachadas de los edificios no pueden ser cambiadas sin que lo aprueben los vecinos de esa infraestructura. La memoria colectiva, las referencias físicas, recuerdos y referentes emocionales de la gente están en sus paisajes cotidianos. No puede nadie borrar ese paisaje sin consultar a quienes habitan o transitan el entramado urbano.

Por ello y mucho más las sociedades inteligentes, al igual que se hace en las familias, deciden votando lo que ha de hacerse. Acceso a información pertinente, evaluación, diagnósticos, reflexión, intercambio de opiniones y un ambiente de respeto contribuyen a que la mayoría decida acertadamente, y a que quienes no ganen sean considerados en las acciones posteriores buscando el equilibrio y la satisfacción de todos.

En Venezuela algo se avanzó y aprendimos del camino democrático y la ponderación de factores al decidir planes urbanos, de manejo de áreas protegidas o sobre asuntos que conciernen a muchos. Legislación, reglamentos, ordenanzas y procedimientos se crearon para acercar a los ciudadanos al control de sus espacios, habitados o no; al manejo adecuado de sus reservas de flora y fauna; a la determinación de medidas de protección que debían aplicarse en los espacios naturales o urbanizados. No obstante, en estos últimos años, la praxis despótica de un gobierno caracterizado por arbitrariedad y ausencia de consulta nos hundió en el oscuro territorio de la incertidumbre y el silencio. Lo que se hace en el país desde el improvisado y tozudo Estado no lo consulta el Ejecutivo a nadie. Lo que disponen, haciendo o dejando de hacer, en nuestros parques nacionales y áreas naturales no lo someten a discusión y ni siquiera lo informan.

La naturaleza del país, la infinita diversidad biológica de esta nación, sus ecosistemas fundamentales, sus espacios urbanizados, el territorio todo está desprotegido y vulnerable sin la participación de todos en las decisiones de lo que determina su presente y futuro.

Con el lago de Maracaibo y el de Valencia ocurre una total exclusión de los habitantes de sus cuencas, a los que nada se les consulta de lo que allí se hace o se obvia. Igual ocurre con el Guaire y los caraqueños. De la Sierra de Perijá no tienen control ni decisión quienes allí habitan. Sin que a nadie se haya consultado, Caracas ve con estupor la invasión corrosiva de sus espacios por parte de unos inhumanos adefesios que construye la Misión Vivienda.

La opinión de las personas y sus organizaciones son ignoradas, obviadas o silenciadas. No existe el voto como instrumento para equilibrar y tener control sobre lo que afecta nuestra ecología urbana o rural.

Pero el 7-O tenemos oportunidad de votar para hacer que se escuche a todos y alejarnos de este sofocante arcaico sistema en que uno solo decide por todos. Entremos al futuro –que ya llegó a muchísimas regiones del planeta– en el cual nadie puede tumbar los árboles ni cambiar fachadas, robarte sombra y memoria sin consultar a todos a quienes concierne.

 

*Ingeniero / Planificador ambiental