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Elsa Cardozo

Votar por Capriles

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Dentro de una semana los venezolanos tendremos nuevamente la oportunidad de ejercer el derecho al voto. Será la quinta elección presidencial desde 1998. Cada una, por lo que se ha ido poniendo en juego para el país y nuestras vidas, ha sido más trascendental que la anterior.

La del 14 de abril es la primera en catorce años en la que el candidato oficialista no es Hugo Chávez y la que encuentra a la alternativa democrática en su mejor momento.

No cabe ignorar, por supuesto, que si en octubre la desigualdad de las condiciones de campaña fue abismal ahora no lo es menos. Desde la designación de Maduro por el propio Chávez el pasado 8 de diciembre, se ha hecho evidente el grosero ventajismo que coloca altos funcionarios, recursos, poderes y políticas del Estado, incluidas las militares y de relaciones exteriores, al servicio de quien hace su campaña desde el cargo de presidente.

Pero también es cierto que, entre vientos y mareas, la unidad democrática no ha dejado de fortalecerse. En su historia suma el consenso en torno a la candidatura presidencial de 2006, el Acuerdo de Unidad Nacional del 23 de enero de 2008; la formación de la Mesa de Unidad Democrática, el acuerdo sobre métodos de selección de candidatos a las elecciones parlamentarias de 2010 y las propuestas programáticas construidas desde ese mismo año. Más recientemente, se sumaron, en 2012, las elecciones primarias de candidatos a las presidenciales, regionales y locales y la campaña por la Presidencia en la que el pasado 7 de octubre se registró la más alta votación hasta entonces alcanzada por la alianza democrática.

Ha sido una cuesta empinada y llena de obstáculos, pero con cada proceso electoral –la campaña, los comicios, el seguimiento, la evaluación del proceso mismo y sus resultados– se han renovado y consolidado el liderazgo, la organización y los compromisos programáticos de la unidad democrática.

Nada de esto es poca cosa ante un régimen que ha ido cerrando el cerco político, económico, judicial y mediático a los más significativos dirigentes opositores, entre ellos Henrique Capriles Radonski.

Hoy Capriles, que ha debido superar presiones y represiones, representa como candidato presidencial de la unidad la terca voluntad de hacer de la política un ejercicio responsable y transparente de lealtad con todos los venezolanos. Así lo ha hecho antes, durante y después de cada elección.

Los síntomas del deterioro humano, material e institucional de Venezuela son inocultables y no harán más que agravarse si no hay una profunda rectificación de rumbo. De mal en peor seguiremos si los regímenes a defender, y a emular, son los de Irán, Siria y Corea del Norte; si el subsidiado gobierno del “mar de la felicidad” sigue señalando nuestro destino; si entre trueques e hipotecas de recursos naturales se termina de arrasar con nuestra capacidad de producir y posibilidad de trabajar.

Ahora es más necesario y factible que nunca antes consolidar con nuestros votos la unidad democrática para que, en torno a un liderazgo confiable, por democrático, se impulse un genuino plan de desarrollo nacional que convoque a todos los venezolanos para llevarlo adelante. Para ello contamos con una candidatura que se compromete con el país todo, antes durante y después del 14 de abril. Día de ir a votar; votar por Capriles.