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Graciela Melgarejo

Voces a las que la poesía ha libertado

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Tanto se ha hablado del poder del lenguaje. Walter Benjamin y Jacques Lacan coinciden en pensar que no se puede concebir al ser humano fuera del lenguaje. Sin embargo, ¿cuándo se le revela (en el sentido de descubrir algo secreto) ese poder a los hablantes que no son ni escritores ni lingüistas ni, con las debidas reservas, comunicadores, por ejemplo? Probablemente, el poder del lenguaje, el poder de la palabra, nunca brille tanto como en la poesía.

Por lo menos a quien esto escribe le ocurrió experimentarlo, una vez más, el lunes 10/3, en la imponente biblioteca Esteban Echeverría, de la Legislatura porteña, cuando asistía a una entrega de distinciones a propósito del Día Internacional de la Mujer, dentro de las actividades del "Año de las Letras Argentinas" (en homenaje a los escritores Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares), una iniciativa de la diputada Diana Martínez Barrios.

Fueron distinguidas la editora Adriana Hidalgo, la librera Natu Poblet, la escritora Luisa Valenzuela, la lectora Dora Aizenberg (en representación de los integrantes de "Había una vez", grupo de adultos mayores que les leen a los niños de hasta 9 años de escuelas estatales) y la profesora Josefina Delgado, como creadora, en 1986 -cuando era directora de Bibliotecas Municipales, de la Biblioteca de la Mujer Alfonsina Storni.

Fue muy ilustrativo, y conmovedor, oír las razones de las elegidas sobre su relación con los libros: la evidente herencia familiar, el puro destino y, en todos los casos, amor sincero, ilimitado por la palabra, que no en vano se aprende en el ámbito más íntimo del ser humano, la familia.

En el cierre del acto, se produjo esta que llamaremos "revelación". Marikena Monti cantó tres poemas de Alfonsina Storni, musicalizados por Luis María Serra: "Bien pudiera ser", "Oye" y "La Loba". Del primero, prácticamente pueden citarse todos los versos, porque habla de lo oculto tras lo que se dice y, sobre todo, de lo que se calla, pero hay uno en particular: "Y todo esto mordiente, vencido, mutilado" que es una lúcida, precisa, alusión a lo que es hoy la palabra, los discursos, el lenguaje de todos los días, sobre todo en la Argentina.

El poema concluye con estos dos versos: " todo esto que se hallaba en su alma encerrado, / pienso que sin quererlo lo he libertado yo". Otra vez la lección es precisa: "lo he libertado yo". Al oírlo cantado (http://bit.ly/1o6ZrQ3), uno puede pensar que Alfonsina Storni también podría haber elegido "liberado", pero la diferencia es fundamental. Es cierto que hay relación entre liberar (hacer que alguien o algo quede libre') y libertar (poner en libertad o soltar a quien está atado, preso o sujeto físicamente' y librar a alguien de una atadura moral'), pero el sentido, en el poema, es uno solo: libertar es el verbo indicado.

Por eso, Marikena Monti terminó la presentación con otras dos canciones: "Libertad", una versión del poema de Paul Éluard, y "Je ne regrette rien", de Edith Piaf. Tres obras en español, una en traducción y otra en francés, y un homenaje ideal para otro Día Internacional de la Mujer que pasó.