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Luis González de Castillo

Vivienda, Estado e industria del petróleo

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En anteriores artículos nos hemos referido a la problemática de la vivienda como función del modelo de Estado incompetente, el cual permitimos creciera atrofiadamente, gracias al poderoso tetero-petrolero que lo ha alimentado durante ya más de un siglo.

Desde que “reventó” el pozo Zumaque 1, el 15 de abril de 1914, estableciendo así la Caribean Petroleum (que formaría parte luego de la Royal Dutch Shell) el campo Mene Grande, como primer campo petrolero de significativa importancia, se marcó el advenimiento de una nueva era para Venezuela: la era petrolera. Así comenzó, como en toda vorágine minera al grito: ¡Allí está el oro!, la avalancha de empresas que han venido, dedicadas a la explotación del preciado combustible, que ha energizado hasta hoy las máquinas de la producción y de la movilidad mundial.

Por estos días se ha iniciado el descenso de los precios del petróleo, con base en las realidades geopolíticas y tecnológicas, que marcan su explotación internacional en estos tiempos. ¿Será esto el tímido anuncio de un nuevo cambio para Venezuela? ¿Será esto una amenaza o una oportunidad?

Este apasionante tema de la vivienda y el hábitat en nuestro país, el cual he utilizado como poderoso referente del estudio de nuestras problemáticas; también pudiéramos escoger la problemática del subdesarrollo y la pobreza, la problemática sanitaria y de salud, la delincuencia o el sistema educativo; sin embargo, la vivienda y hábitat reflejan de modo mucho más inocultable esa Venezuela del Estado petrolero rico y del pueblo pobre que subsiste en los cerros, quebradas y planicies inundables. Aún suenan en mis oídos aquellas frases de la canción de Alí Primera: “Qué triste se oye la lluvia en los techos de cartón”.

Lo que no parece que hayamos comprendido cabalmente, según firme opinión de quien suscribe, es la poderosa diferencia entre gobierno, Estado y nación. Tampoco entre nacionalización y estatización. En uno de sus últimos trabajos publicados (Venezuela posible siglo XXI, ediciones IESA, 1999, Pág. 55) el querido profesor Antonio Francés (asesinado en enero de 2008 por la violenta criminalidad venezolana) nos indicaba que entre 1976 y 1996 nuestra economía había crecido a: “Una tasa promedio anual de 2,14%, mientras que la población creció a 2,18%. Al crecer la población a una tasa mayor que la economía, el ingreso per cápita se redujo en un 0,04% anual. Venezuela pasó de ocupar el primer lugar en América Latina en ingreso per cápita al octavo lugar en 1996”. Solo otros dos países, también nos indicaba, mostraban caída en su ingreso per cápita entonces: Haití y Nicaragua.

Ese bajo crecimiento de la economía reflejó, en medio precisamente de veinte años de “estatización” de la industria petrolera, iniciada ese año 1976, que algo no precisamente bien meditado se estaba produciendo, cuando ante la realidad de un ya existente Estado rentista, para dicho año 1976, se colocaba en sus manos la operación directa de la industria, sin producir un nuevo paradigma de cómo cambiar radicalmente el modelo de administración de los ingentes recursos provenientes de la misma. Para el trabajador venezolano solo se cambiaba el patrono internacional por el patrono Estado.  

Resulta por demás obvio que el modo como se organiza el asentamiento de la población en el territorio es expresión directa de las oportunidades que ella encuentra de las actividades productivas. La posibilidad de cambiar en nuestras mentes el paradigma de un Estado petrolero a un Estado competente es “la única salida” conceptual-eficaz y viable para todos.

A lo largo de un siglo, las expresiones de cómo el Estado petrolero ha marcado la cosa urbana en Venezuela fue señalado en un artículo anterior. El destacado investigador venezolano Alfredo Cilento, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de nuestra alma máter: la Universidad Central de Venezuela, nos ha expuesto en sus cátedras y seminarios cómo en la hoy ciudad de Anaco, por ejemplo, la marginación de importantes partes de la ciudad ocurrió frente al desarrollo de la industria y sus campos petroleros (Seminario: Políticas Públicas en Vivienda, Enfoques y Tendencias. IDEC. FAU. UCV, 2011). Por supuesto, el impacto de esta industria se registra en todo el acontecer social, económico y político de nuestra patria, desde hace más de un siglo, como hemos dicho.

La absurda contabilidad que trata de mostrar como éxito de una política pública de vivienda el número de “viviendas construidas” como panacea de la situación de desarrollo socioeconómico y por tanto urbanístico de la nación, no solo es patética, pues nos coloca frente a la idea politiquera de confrontación de los que desean el éxito en la construcción de más viviendas frente a los “traidores” que no desean que ello ocurra. Tal vez así se trata de ocultar el estrepitoso fracaso de un modelo de Estado petrolero continuado y profundamente agravado por esta “quinta república” que, como correctamente se ha criticado, saca su chequera petrolera para “ordenar” a “agentes  internacionales” le construyan “tantas” viviendas a “tal precio”, cuando todos los pensantes sabemos que la realidad de los costos de dichas viviendas son mucho mayores y los paga en consecuencia “toda la nación”: con endeudamiento, inflación, escasez, como las expresiones socioeconómicas de ese tipo de malas políticas públicas.

¿Nos revela la construcción de viviendas sociales para la clase trabajadora, mediante edificios de alta densidad poblacional, por ejemplo, frente a un hotel a recuperar, cinco estrellas, en Caraballeda, existencia de un plan urbanístico de un Estado responsable? ¿Crea esto incentivos y atractivos a esta zona para que vengan muchos futuros turistas a alojarse y generar actividad económica y empleo de calidad? ¿Era y es donde se quiere desarrollar la Universidad Militar Bolivariana el sitio indicado para densificar con múltiples edificios la zona que está conectada directamente con dicha universidad y con los edificios del Ministerio de la Defensa y del Ejército? ¿No era más lógico pasar del Fuerte Tiuna como zona militar a una gran zona educativa, de investigación y desarrollo cívico-militar (Unefa, UB, IVIC, etc.). Una zona recreativa-cultural, con poca densidad de población de pernocta, que junto a las otras edificaciones existentes, tuvieran magnífica movilidad y esparcimiento, al modo de un campus universitario como el de la UCV? ¿Serviría esto para desahogo de las parroquias caraqueñas de El Valle, Coche y El Recreo, por ejemplo?

Pensemos juntos si queremos un Estado remador o un Estado timonel. Uno que pase de ser un Estado ricachón, petrolero-derrochador y en un futuro más cercano de lo que nos imaginamos arruinado, si no cambiamos. O si queremos un Estado timonel, eficaz, competente; que sabe el rumbo y por ello se sabe piloto servidor de la nave-nación que va toda a bordo de ella. En próximos artículos seguiremos comentando sobre cómo concebimos ¡esta esperanza consciente!