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Gustavo Briceño

¿Vive el comandante eterno?

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Todo depende del significado y de a quien nos referimos con la frase de este artículo. La eternidad es algo que no se discute, porque por antonomasia la eternidad es una circunstancia inevitable. Así de simple, como reseñar que Dios es eterno. Ahora, decir el comandante ya es otra cosa, desde luego, bajo un significado diferente. En nuestra Venezuela de hoy, la frase “el comandante eterno” se refiere a la existencia de Hugo Chávez, que lo vinculan, sus fanáticos, con la eternidad como si nunca hubiera muerto. La eternidad no es ni buena ni mala, ni conveniente ni inconveniente simplemente es una realidad que exige aceptarla y entenderla en sus justos términos.

Cuando un venezolano dice “el comandante eterno”, es una exacerbación mental que ocurre en la interioridad de una persona que se margina a sí mismo y se extrae en beneficio del que adora.  Esto tiene a mi juicio dos significados, el primero; es una sumisión infantil, y una subvaluación que un ser se hace de sí mismo y se subordina a un pensamiento y a una personalidad. Es como una subestimación de su ser y una consecuente degradación personal. La otra, es la manifestación de que la política y la ideología representada por Hugo Chávez, no desaparecerán sino que serán eternas. Imagínese entonces, que las condiciones económicas, políticas y sociales actuales sean así para la eternidad. El resultado será la desaparición de nuestro país como nación, o la simple ubicación de Venezuela en el país más atrasado de la tierra. Sería entonces, una eternidad que extinguiría nuestro gentilicio y nuestra realidad como sociedad. Por ejemplo, una Asamblea Nacional como se encuentra, un Poder Judicial respondiendo solo a los caprichos del gobierno, y una cada vez más creciente diferencia entre venezolanos, entre quienes tienen derecho de vivir y quienes no, pregonan un futuro de eternidad imposible de imaginar y de pensar. Será como un infierno inacabado, en fin una sociedad inexistente. Una ex nación.    

A vuelo de pájaro, nunca habíamos tenido una amenaza de materialización de subdesarrollo como en lo actual. Ciertamente, observamos una política económica y social extremadamente equivocada e ineficiente, que no solo la estamos constatando a través de nuestras estadísticas que de plano indican los organismos más representativos del país, sino es la primera vez, en nuestra dilatada y difícil Historia que sentimos la dificultad de vivir a manera personal e íntima en reciprocidad con nosotros mismo y con los demás. Gobiernan personas empeñadas en la continuación de una política, que se dibuja en contraste con la rabia y el resentimiento. Las políticas económicas se toman para afectar un sector importante de la población, sin tomar en cuenta sus necesidades y olvidando el instinto de la realidad que nos atrae y convoca. Pareciera que quienes gobiernan o mandan estuvieron amarradas a troncos o carruajes y de pronto se soltaron y van contra toda limitación que les impongan. Las leyes que por naturaleza son límites que se establecen, son el objetivo ideal para un gobierno que quiere imponer una manera unilateral de ser y una sola forma de expresión social. Del lado contrario, se encuentra un país, que es mayoritario, pero lleno de terror y de omisión, ausente de dirección colectiva, y enfrascado en diferencias personales de protagonismo que dan paso a contribuir en la idea de eternizar una políticas que sin duda alguna retrasan a nuestro pueblo y lo hacen cada vez más dependiente y subdesarrollado.

Es entonces la hora de despertar o concurrir a un estado de vida diferente donde pongamos en sus justos términos lo que es perecedero y lo que es eterno. Lo que es perecedero es negar la eternidad de lo malo e inconveniente, eliminemos todo vestigio de comandante que dañó los cimientos de la democracia, y olvidar para siempre la locura como forma de gobernar y la desidia y el abandono como forma de expresión. Cuando digo la locura me refiero a creer o imaginar que los seres humanos son eternos, y más, si fueron seres negativos para la sociedad. Aprendamos de la experiencia y del pasado. Así lo creo.

gbricenovivas@gmail.com / @gbricenovivas