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Luis Pedro España

Visibilizar el legado

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Varios voceros del gobierno dicen reconocer que llegaron tarde al tema de la violencia. Como caracteriza a los representantes de la línea dura gubernamental, rápidamente fueron enmendados, y dijeron que fueron otros los que llegaron tarde.

No importa con cuánto cinismo se pretenda escurrir la responsabilidad de un desastre que no hace sino crecer; es un deber de los ciudadanos obligar a que el gobierno enmiende en aquello que no quiere, porque al hacerlo supone reconocer lo equívoco de todos sus principios y creencias.

Lo que está pasando en términos de políticas públicas con el tema de la inseguridad tendría que ser el inicio de lo que hay que hacer en materia económica y social. Presionados por la opinión pública, instigados por sus propias bases para que se ocupen del problema, tímida e intermitentemente van reconociendo lo que hasta hace nada se negaban a aceptar. La necesidad de normar y coordinar políticas con los sectores que absurdamente califican de enemigos, sentar en una misma mesa a la diversidad del país, es el inicio de la posibilidad de que mejoren las cosas en lo que por mucho es el principal problema para los venezolanos.

No hay que hacer caso a las incoherencias internas del gobierno. Que unos se sienten y otros, por el contrario, quieran darle una patada a la misma mesa, es propio de autoridades que se creyeron el cuento de sus mitos, frente a la realidad implacable que se encargó de rebatirlo.

Escuchemos el lado del gobierno que parece ser más pragmático. Ignoremos a los atorrantes que se empeñan en que persistan los problemas y los padecimientos de la población, por el único interés de permanecer en el poder. Esa es la forma de irnos zafando, aunque sea de a poquito, de la insensatez ideológica que dicta las políticas, sin tener que esperar el lapso constitucional para salir de esto.

Lo que pasó con la inseguridad tendrá que pasar con el desabastecimiento, la inflación y otros tantos padecimientos económicos que, lejos de comenzar a ver que mejoran, o no empeoran, vamos a ver agravados con el pasar de los días, como simple consecuencia de que sigan aplicando las erradas medidas que nos han llevado hasta acá.

Quizás sin la triste y lamentable espectacularidad que obligó a las acomodaticias convicciones de los encargados de la seguridad pública a tener que dialogar con la oposición, la irresoluble situación económica hará que el gobierno dé signos de dar marcha atrás en su hostigamiento a lo que va quedando de sector productivo, y no tener más remedio que dar las garantías y formular las políticas que se necesitan para que sea posible volver a producir en Venezuela.

Obviamente, esto no será una consecuencia inmediata de lo que está ocurriendo y lo que está por empeorar. Hará falta que los movimientos sociales y los partidos políticos hagan visible el verdadero legado de esta forma de organizar la vida social y económica que se llamó socialismo del siglo XXI, bolivarianismo, o simplemente chavismo.

Obligar a que el gobierno cambie sus políticas, además de ser un objetivo tan democrático como aspirar a que deje de serlo, debe ser la meta de una oposición responsable que se plantea, incluso antes de hacerse con la posibilidad de conquistar electoralmente el poder, hacerles más llevadera la vida a los venezolanos con menos inseguridad y más harina PAN.

Hagamos visible el legado… para cambiarlo.