• Caracas (Venezuela)

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Preocupa como la intolerancia y la violencia irracional está gravitando en el clima político del país. No hay día en que los medios de comunicación no reporten situaciones de esa naturaleza. Los desafueros del gobierno írrito enquistado en Miraflores y  el inexplicable empeño en  ocultar la verdad sobre el estado de la economía y las medidas que dice estar dispuesto a adoptar para tratar de corregir los desequilibrios, conducen a una mayor polarización y tensión social cuyos rasgos fundamentales se evidencian  el endurecimiento del contenido del discurso político que acentúa las diferencias; las acciones violentas e ilegales  de los grupos de apoyo al gobierno, que son realizadas con la complicidad de las autoridades y exacerbadas por la dirigencia “chavista”; asimismo, la disposición de los grupos opositores de realizar acciones de calle con mayor decisión y audacia, compelidos por la actitud gubernamental de no dar espacios para el debate y el entendimiento respecto al futuro del país y sobre la importante transición política que debe producirse en breve, habida cuenta del estado de postración en que se encuentra la nación.

Los tiempos que se avecinan estarán signados por la violencia, la intransigencia y la confrontación. Así lo indica el contenido del discurso gubernamental que se fundamenta en el irresponsable  aprovechamiento  del comportamiento irracional de las masas oficialistas basado en la intolerancia y en el odio de clases. Esta es una de las estrategias que ha venido siendo utilizada sistemáticamente  para tratar de amedrentar y acorralar a los grupos opositores.

La violencia institucional del gobierno al pretender gobernar sin haber dado cumplimiento a las exigencias constitucionales y sin la apertura de espacios para el diálogo y la concertación, imponiendo, por cualquier medio, un modelo de sociedad autoritario, excluyente y antidemocrático, y  el cierre deliberado de las instancias a las que se podría acudir  en demanda de justicia y control a tales exabruptos, son factores engendradores de violencia. A pesar de los llamados pacifistas de la oposición, podría desatarse en el seno de los desafectos al gobierno acciones de legítima defensa ante el arrinconamiento y las provocaciones de las que son objeto.

 La sociedad venezolana no puede  permitir que sean la violencia, la confrontación y la subversión social la única salida política que le queda a la oposición frente a las  inaceptables pretensiones de conculcar los derechos básicos a la vida, la libertad y la dignidad. No se debe tolerar que el gobierno acose a la oposición y prosiga en el descabellado empeño de  imponer un modelo de sociedad concebido para hacer a todos los ciudadanos vasallos del Estado.

La oposición transita una ruta pacífica, respeta las normas democráticas ha formulado planteamientos que no han sido respetados por los poderes públicos y el aquelarre chavista. Es deber y responsabilidad del régimen adoptar las acciones necesarias que eviten llevar al país por un sendero de inútiles enfrentamientos fratricidas.