• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Mitzy Capriles de Ledezma

Vientos a favor

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La fijación de la fecha de las elecciones parlamentarias, que constitucionalmente deben realizarse este año, es uno de los importantes pedimentos de todos los sectores democráticos del país, y también constituye motivo para que más de cien compatriotas, entre ellos presos políticos, se hayan declarado en huelga de hambre desde hace varias semanas.

Inexplicablemente el CNE aún no ha definido esta importante fecha. Es evidente que los numeritos no le cuadran al gobierno. Las más prestigiosas y serias empresas encuestadoras de opinión del país continúan revelando que la oposición mantiene una amplia, clara y sólida ventaja de cara a las elecciones parlamentarias.

La insatisfacción cada día es más generalizada, además de que las excusas ya no sirven para desviar la real angustia y preocupación de las familias venezolanas, que protestan contra lo que no termina de resolver este gobierno, que es el alto costo de la vida, el empobrecimiento general de cualquier ciudadano que no puede soportar los rigores de la devaluación de una moneda que, día a día, pierde más su poder adquisitivo, y de la inflación que se le escapó, definitivamente, de las manos a los “técnicos” de esta pésima administración.

Ni las mentiras, los insultos, la propaganda apabullante, ni la persecución política desatada, sin el más elemental escrúpulo, podrán tapar que mientras la inseguridad se desata y la comida desaparece de los anaqueles, la popularidad del gobierno ha venido en franco descenso. La crisis económica golpea severamente los bolsillos y el estómago de los venezolanos, y por incapacidad, no se adoptan medidas viables y concretas para hacerle frente a estos graves problemas. Eso sí, difaman y amenazan a cualquier mujer o ciudadano, que se atreva a denunciar esta tragedia que sobrellevamos los venezolanos.

La canasta alimentaria familiar se encuentra ubicada en 24.694  bolívares, y para adquirirla se requieren 3,7 salarios mínimos. Este solo dato es más que suficiente para que nos hagamos una idea del tamaño de esta calamidad.

Los vientos soplan a favor de los ciudadanos que aspiramos a un cambio real y profundo, con espíritu unitario y para reencontrarnos como lo que somos, hijos de una misma historia y comprometidos con un mismo destino. Los venezolanos estamos cansados de odios, rencores y de insultos, porque eso no remedia lo que se reclama en el seno de cada hogar venezolano: progreso, paz y justicia.