• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

Vienen las elecciones

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El año 2014 va agotándose aceleradamente. Va sin frenos por la bajada de Tazón. La oposición lo advierte. Hace sus cálculos. Planifica. Espera, con la paciencia de Job, ver pasar el cadáver de su enemigo por el frente de su casa. Arrastrado por las turbulentas y peligrosas crecidas del río de los errores.

Las aguas se llevan en su paso a Giordani y su pequeña pandilla. Una copia maltrecha y hasta ridícula del Grupo de los Cuatro. Aquella banda del comunismo chino. Zambullen al paniaguado de Jesse Chacón. Lo hunden con cables y transformadores. El pobre ministro, paladín del fracaso y general del engaño, ni cuenta se dio cuando las rocas y el pantano que llevan los ríos en su crecida lo sepultaron en los sótanos del tiempo.

Y los días y meses avanzan inexorablemente. Como una aplanadora va pulverizando almas corruptas y cuerpos enfermos. Igual suerte corre el capitán de la Asamblea. Su corta y triste figura, obesa de comilonas y de abusos, precipita groseramente siguiendo la ley de gravedad que tantas veces quiso abolir en sus consabidas y cotidianas crisis histéricas. Luego de su paso el camino luce más limpio. Transitable. Lejos quedaron los sueños truncos y los disparates de tres lustros de corrupción, miseria, traición y exclusión.

Los jefes opositores hacen cálculos. Suman. Multiplican. Estiman. Vienen elecciones parlamentarias. Hoy por hoy flotan esperanzados con 70% que recogen encuestas, pitonisos, adivinos y casandras. Saben que si una vez su 52% de votos favorables se convirtió en 40% efectivo de curules por el arte del birlibirloque de un juez amañador, en esas mismas proporciones, 70% será un efectivo 53%. Y mayoría es mayoría, en verbo criollo, aunque tenga cochochos.

Y los gobierneros, los enchufados, el régimen, que también saben de números, están irremediablemente condenados a restar y a dividir. Los miles de trabajadores del gobierno que sufren los embates desoladores de la inflación se le deben restar a su contabilidad electoral. Los centenares de miles de colombianos excluidos del sistema Cadivi también son cifras negativas en el inventario del PSUV.

La pelea entre los marxistas trasnochados y los socialistas prácticos es modelo de división. Los agarrones y zancadillas entre los militares enroscados y los civiles desenroscados marcan nuevos desgarramientos. Los unos suman y multiplican. Los otros restan y dividen. Las madres, los padres, familiares y amigos de los miles de estudiantes acorralados, golpeados, apresados, torturados también restan.

Y sigue el tiempo borrando las huellas tristes y los rastros del parapeto llamado socialismo del siglo XXI. Las cartas están echadas. Los números engordan. Sumar y multiplicar. Sumar y multiplicar. El agua inunda alcaldías y gobernaciones rojas. Hay un “ahogamiento generalizado”. Los cadáveres políticos flotan. Pronto comenzará el deterioro. El mal olor. Carne podrida.

En el patio opositor arriba nuevamente la primavera. El progresismo tantas veces defendido y promovido por la gente del estado Lara terminó por imponerse como tesis. Como programa. Como estrategia. Los otros caminos. Las otras propuestas se agotaron. Eran de plazo corto y de visión reducida. Ya no hay que buscar el tiempo perdido. Ellos están condenados. Nosotros estamos bienaventurados.

Los castillos construidos bajo el patrocinio del Magnífico, del Eterno, del Galáctico no eran sino casuchas y ranchos de arena. Naipes transformados en,   por la propaganda atosigadora y aprisionante de miles y miles de millones de dólares, tirados como perlas a los cerdos, malgastados, aparentes castillos se derrumbaron con vientecitos alicios y brisas del Levante y, una vez en el suelo, son devorados por los remolinos del río de la justicia que reclama a su paso años de ignominia, de mentiras, de retrocesos y sobre todo de incivilidad.

Llegará un día, un tiempo, en que los pueblos se liberarán para siempre de la maldición del engaño temprano y las promesas imposibles. Que los más oigan la razón de los menos. Solo así habrá libertad y democracia.