• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Francisco Javier Pérez

Viajes lingüísticos de la arepa: Canarias

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La costumbre de comer arepas llegó a Canarias de la mano de muchos venezolanos que se residenciaron en las Islas y, especialmente, de la de los canarios que, después de vivir durante años en Venezuela y de asimilarse a las costumbres del país, trasplantaron a las Islas muchos de los modos y costumbres venezolanos que quedarían canarizados en Canarias como continuación de lo venezolano, ahora y casi por primera vez en la historia, del otro lado del Atlántico (o, más bien, en el propio Atlántico). Venezuela llegó a Canarias a través de la lengua.

Y como en el caso de la lexicografía venezolana, que registra voces canarias tan sustantivas como el gofio y la hace suya y con ellas su presencia en la vida de los hombres, la lexicografía canaria de los últimos años, ya que el fenómeno más reciente de reingreso de los canarios emigrados se comienza a producir desde hace unos veinte años aproximadamente (tanto como el fenómeno de muchos venezolanos que han emigrado recientemente a las Canarias), ha registrado también dos unidades léxicas que arrastran con ella todo un universo de implicaciones culturales y que confirman la validez y fuerza de las apropiaciones léxicas (voces que van y vienen, viajes con partida y sin regreso, implantaciones verbales cuyos procesos no siempre son fáciles de determinar). Es así como resulta encantador y sorpresivo encontrarnos en diccionarios canarios modernos las voces arepa y arepera, con absoluta y plena ciudadanía isleña.

Pues, así es. En el Tesoro lexicográfico del español de Canarias (1992), que firman Cristóbal Corrales, Dolores Corbella y María Ángeles Álvarez, nos encontramos con los siguientes artículos dedicados a las realidades alimenticias del venezolano:

Arepa. ‘especie de empanadilla hecha con harina de maíz’. En Venezuela y otros países de América, panecillo redondo y achatado hecho de la masa del maíz seco y pelado y que, después de salcochado y molido, junto con huevos y manteca, se cuece en un plato o sobre una superficie caliente.

Arepera. ‘establecimiento comercial donde se expenden arepas’.

Incorporadas en este registro de la totalidad del habla canaria, nuestras voces venezolanas, o las que creíamos nuestras, están ocupando un lugar en el lenguaje y la cultura de los canarios. Venezuela en Canarias por obra del proceso sacralizador que supone la lengua gracias al diccionario y, por añadidura, de la propia cultura que la lengua porta como su ofrenda más generosa.

Por otra parte, se trata de la inclusión en los diccionarios canarios de voces que no son sólo el reflejo de circunstancias históricas sino, más bien, de auténticas realidades de la actualidad en la vida canaria. Resulta frecuente, entonces, tropezarnos en las ciudades grandes de las Islas, sobre todo en las de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canarias (aunque el fenómeno es general del archipiélago y extendido a todos sus rincones donde hubo o hay canarios venezolanos o venezolanos canarios), con areperas o con expendios de alimentos que las ofrecen en sus cartas o menús (algo similar está ocurriendo durante las fiestas navideñas con las hallacas y con el pan de jamón), no solamente con los rellenos más comunes de jamón y queso, sino con los criollísimos de carne mechada y de reina pepeada, la reina de nuestras arepas rellenas actuales.

También, el Diccionario diferencial del español de Canarias (1996), de los mismos autores, registra estas voces pero de una forma más peculiar para la mirada venezolana. En cuanto a la arepa se repite sustancialmente la misma definición anterior, pero, en cambio, cuando define la arepera anota que se trata de un “bar que tiene como especialidad hacer y servir arepas”. Una observación completa la definición, y ésta es la que nos interesa destacar en función del concepto de apropiación, agregando la interesantísima nota, que copiamos, a continuación: “Se registra también en Venezuela”. Según esta anotación, ha quedado la voz absolutamente canarizada al punto de que no se trata de una voz proveniente de Venezuela que se acopla al habla de las Islas, sino, ahora, gracias a esta magistral readaptación lingüística y a la interpretación lexicográfica, de una voz que también se usa en Venezuela, como si de Canarias hubiera viajado la arepa hasta las cocinas venezolanas.

En confirmación de lo anterior, por su parte, el Diccionario de canarismos (1999) de Antonio Lorenzo, Marcial Morera y Gonzalo Ortega, copian, como ejemplificación de su definición de arepera, un texto en donde la presencia de un topónimo venezolano, no por casualidad topónimo del mar, puerto principal del país, viene a sellar la hermandad de la lengua de Canarias y de Venezuela, como si de un topónimo canario se tratara. He aquí el conmovedor ejemplo: “El último día que comí fuera precisamente fui a la arepera La Guaira, en Taco, unas arepitas de carne mechada y tal y está bastante bien, comida típica venezolana, ¿no?”. Por si alguna duda quedara, la interrogante final crea en el hablante la reafirmación dubitativa de un hibridismo de la lengua que se ha hecho común por efecto de la apropiación.

Asimismo, Marcial Morera en su Diccionario histórico-etimológico del habla canaria (2001) nos ofrece una nueva dimensión de la fuerza que las apropiaciones léxicas tienen en el estudio comparativo entre el léxico canario y el venezolano. Se trata de la asignación de origen de las voces venezolanas que estudiamos. En primer lugar, la etimología cumanagota de la unidad arepa en la que el consenso entre la lexicografía venezolana y canaria es total. La apropiación léxica, sin embargo, se manifiesta en la explicación sobre la voz derivada arepera. Se establece, aquí, que tiene su origen en el canarismo arepa que, me imagino, asombraría a más de un estudioso venezolano desapercibido de la capacidad del concepto de apropiación. La explicación de Morera, asimismo, culmina observando el uso venezolano de la voz, tal y como se consignaba en el referido Diccionario diferencial del español de Canarias, y adelantando la hipótesis sobre la procedencia venezolana de la voz y su implantación en Canarias: “Con el mismo sentido se emplea también en Venezuela, desde donde es probable que se extendiera a Canarias” (Morera 2001: 103).

Por otra parte, y en refuerzo de esta hermosa asimilación lingüística, nuestra voz más representativa de nuestra culinaria, hija de los antiguos cumanagotos, registrada casi desde Colón hasta hoy, pasa a engrosar el corpus de un diccionario de lo diferente canario frente al español peninsular y general.