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Diario La Nación | Argentina

La Venezuela violenta

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Las calles de las principales ciudades de Venezuela han sido testigo de un mes de protestas sociales continuas, a las que el gobierno de Nicolás Maduro ha preferido contestar con una represión violenta , en lugar de encontrar soluciones para los graves problemas de su lastimado pueblo.

Además de las fuerzas de seguridad del Estado, Maduro ha utilizado a grupos de choque que, coordinadamente, se desplazan en motocicletas y armados, a los que se denomina "colectivos". La utilización de esos grupos violentos permite a Nicolás Maduro pretender que las 24 muertes acumuladas, el largo centenar de heridos y los más de mil prisioneros políticos encarcelados no son su responsabilidad. No obstante, claramente lo son, porque la represión ha estado llena de violaciones de derechos humanos, incluido el uso de gases tóxicos, prohibido por la Constitución. Hay que agregar las gravísimas torturas comprobadas, infligidas a casi dos decenas de estudiantes detenidos. El ensañamiento de Maduro contra los jóvenes venezolanos es patético. Dos de ellos han sido asesinados por integrantes de los "colectivos": uno, con un disparo en el pecho; el otro, con un balazo en la cabeza.

La marea de desgracias acumulada sobre Venezuela es diversa y profunda. El pueblo vive en la escasez de alimentos y privado de bienes y servicios esenciales, y sumergido en la ola de asesinatos e inseguridad personal más grande de su historia. Sus libertades civiles y políticas están gravemente cercenadas. Y la legitimidad de su presidente, cuestionada.

El Poder Judicial ha dejado de ser imparcial e independiente, y es un agente sumiso del Poder Ejecutivo. El Poder Legislativo es poco más que un sello de goma. Advierten quienes protestan que en Venezuela se ha instaurado una dictadura, mal disimulada, con lazos estrechos con la única tiranía de la región: Cuba. Tienen claro que de la noche a la mañana se les han quitado la protección de sus derechos humanos y que ya no viven en un Estado de Derecho, que el gobierno controla los medios de comunicación y cercena constantemente la libertad de expresión, para así instalar su "discurso único" y pervertir todo desde la mentira y el engaño.

Leopoldo López, uno de los líderes de la oposición, está preso en condiciones infrahumanas por el aberrante "delito de opinión". Es decir, por disentir y animarse a hacerlo públicamente, mientras es objeto de una parodia de justicia.

Frente a esto, asisten atónitos a la acusación que les hace Nicolás Maduro de que están intentando un "golpe de Estado". Cuando es el oficialismo el que ha vulnerado groseramente la legitimidad de las instituciones centrales de la democracia, deformándolas y destruyendo sus límites y equilibrios.

Hasta ahora Nicolás Maduro ha evitado que la Organización de Estados Americanos tercie en el conflicto venezolano. Logró también que sea la Unasur, entidad claramente parcial, la que envíe una comisión de cancilleres que presuntamente "acompañará" el diálogo entre los venezolanos. Se trata del "diálogo" convocado por el gobierno dictatorial, al que la castigada oposición ha rehuido por falta de condiciones para que sea productivo, un disfraz más de Nicolás Maduro para eludir sus responsabilidades y continuar en su tarea de destrucción de la democracia y restricción de las libertades civiles y políticas de su pueblo.

Cabe esperar que la Comisión de Cancilleres que designe la Unasur no esté dominada por funcionarios de países ideológicamente afines a Maduro, sino por representantes de Estados independientes, que todavía son efectivamente democracias, respetan los derechos humanos y aseguran las libertades de sus pueblos. Sólo así el esfuerzo solidario de la región puede tener posibilidades de éxito.

Si el diálogo es exitoso, Venezuela encontrará el camino de regreso a la democracia real que ha extraviado ante el silencio cómplice de parte de los países de la región. Es hora de que los líderes de América latina no quieran seguir ignorando que los derechos humanos de los venezolanos están siendo flagrantemente violados ante los ojos del mundo.