• Caracas (Venezuela)

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Henrique Salas Römer

Venezuela se rebela

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La fiebre eruptiva no cesa. Cambia de forma… pero continúa.

El cuerpo humano y el cuerpo social guardan una asombrosa similitud. Cada célula representa un ciudadano, cada órgano una empresa, un organismo, una institución.

La sociedad cubana, a cuya tutela estamos sometidos, funciona como un ser parapléjico. Allí la cabeza y los órganos vitales están plenamente conscientes y sincronizados. En cambio, sus células corporales permanecen entumecidas.

Venezuela se resiste al sometimiento. Razones inscritas en su ADN provocan la reacción.

Cuba fue el último ariete del poderoso imperio español.[*] Desde Cuba mantenía España su influencia en el hemisferio. En cambio, seis generaciones antes, Venezuela se había declarado independiente, y fueron sus guerreros los que llevaron la libertad a media América.

Al llegar Castro al poder, Cuba aún conservaba en su ADN importantes residuos de su pasado imperial. Por contraste, Venezuela, distante en el reloj histórico, buscaba colocarse a la altura de las creencias por las que, en pos de la independencia y la libertad, había sacrificado lo mejor de su generación fundadora.

De allí que el despertar cubano tuviera una inclinación autoritaria e imperial, mientras en Venezuela, a siglo y medio de su Independencia, se buscara en democracia, atar el sistema político al hilo conductor que rodeó su fundación.

Cincuenta años a merced de un régimen totalitario, Cuba y, en paralelo, cincuenta años de búsqueda afanosa de la libertad en Venezuela, marcan hoy diferencias insalvables entre los dos cuerpos políticos, entre las dos sociedades. 

Cuba, siguiendo el símil, persigue en Venezuela interferir la interacción entre las células y los órganos vitales. De allí la destrucción progresiva de empresas, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil, de partidos y líderes opositores fundamentales. De allí también la decisión de colocar las instituciones formales de la sociedad (los poderes y la FAN) al servicio de la “cabeza” y no de la colectividad. De allí, finalmente, la fiebre eruptiva que con mayor o menor intensidad se ha extendido a todos los estamentos, a toda la sociedad.

Hay pájaros que se someten, pero hay otros que prefieren morir, estrellándose una y otra vez contra los “barrotes” que les impiden volar. De niño aprendí esa lección.

Los pueblos, como los ríos cuyo destino es el mar, se mueven inexorablemente hacia sus creencias. Fruto de las luchas por la independencia, nuestras creencias se afirman en la libertad.

Lazos lingüísticos y culturales nos hermanan con Cuba, pero la libertad, ese potro indomable, herrado a fuego lento en nuestro ADN, impide el sometimiento, el tutelaje, la imposición. 

Venezuela se rebela. La fiebre eruptiva no cesa. La protesta cambia de forma… pero continúa.

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*Guerra hispano-estadounidense, 1898. España pierde la isla de Cuba que se proclama república independiente pero queda bajo tutela de Estados Unidos.


hsr.personal@gmail.com

@h_salasromer