• Caracas (Venezuela)

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Richard Blanco

Venezuela, un pueblo que no se doblega

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El artículo 68 de la Constitución nos da derecho de manifestar pacíficamente y sin armas a lo largo y ancho de la geografía nacional, hoy cuando los venezolanos vivimos momentos extremadamente difíciles producto de la inseguridad ciudadana donde se produce una muerte cada media hora, cuando la escasez de alimentos ataca directamente al estómago del venezolano, cuando los hospitales no tienen implementos médicos quirúrgicos que permitan atender las emergencias requeridas, cuando el venezolano sabe que este país ha sido bendecido por tener las reservas más importantes de petróleo y producto de ellas han ingresado en estos últimos 15 años -de  la mal llamada Revolución-,  más de un billón quinientos mil millones de dólares por este concepto, y como decimos en criollo no se le ve el queso a la tostada, entonces, el pueblo arrecho se alista para hacer valer su derecho.

En los ya casi 60 días de protestas pacificas, el régimen insiste en coartarle a los estudiantes universitarios, a la sociedad civil así como a  los dirigentes políticos, la posibilidad de alzar su voz, por eso debemos expresarles a nuestros compatriotas y al mundo entero los propósitos nefastos que el régimen de Nicolás Maduro, a través de los hermanos Castro, quiere imponer a como dé lugar en nuestra patria, y que los venezolanos no le vamos a permitir.

Es por ello que atemorizan al pueblo y lo señalan de ser dueños de armas que no poseen, de ser "guarimberos" y provocadores de oficio como una forma de atemorizar para luego imponer "el castigo" de una justicia viciada y contaminada por la clara intervención del Ejecutivo Nacional.

Las armas en este país las tienen en primer lugar los delincuentes que acaban con la vida de los ciudadanos; algunos colectivos armados, con la luz verde de quienes dirigen desde el palacio de misia Jacinta, y finalmente de los militares quienes  deben usar sus armas para "defender" la soberanía nacional, pero que en los últimos tiempos las han utilizado para masacrar a un pueblo indefenso que lucha por sus principios y el restablecimiento de una democracia plena.

Como respuesta a un pueblo que no se doblega,  este régimen priva de libertad y ubica en las mazmorras a estudiantes como es el caso de Marco Coello, y Christian Holdack, recluidos desde el 12 de febrero, a dirigentes políticos como Leopoldo López, que sin cometer delito alguno ha de ser juzgado por el látigo de una justicia ciega que ha violado sus derechos como ciudadano, el comisario Iván Simonovis quien está preso desde hace 9 años y 137 días y se encuentra en delicado estado de salud,  (no olvidemos al triste y famoso capo de la justicia venezolana, Eladio Aponte-Aponte, al divulgar cobardemente desde el exterior los delitos que este régimen comete en Venezuela), de parlamentarios acosados y perseguidos por su comportamiento democrático, mención especial el de la estoica María Corina Machado, centenares de hombres y mujeres exiliados por la persecución como mi amigo Oscar Pérez, Carlos Ortega, Manuel Rosales, entre otros, la detención de alcaldes electos por el pueblo como Enzo Scarano, Daniel Ceballos, así como el absurdo acoso perturbador y permanente para un alcalde electo por más de 700.000 votos y funcionario público eficiente como Antonio Ledezma,  y por si fuese poco los 41 tristes y lamentables asesinatos en los últimos días, que ha puesto de luto a la población venezolana.

Estas razones nos obligan a seguir en las calles, de conquistar y construir una gran masa de repudio a los intereses grises del régimen. De lo contrario, cada día que pase serán más los caídos, se multiplicarán los heridos y el silencio de quienes no dejemos de levantar la voz  se traducirá en el encierro en las cárceles del terror. Un día en la cárcel es una semana, un mes es un año, y ese tiempo que pasa no puede ser en vano. Yo puedo advertirles que lo conozco muy bien. ¡No lo permitamos!