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Freddy Lepage

Venezuela, entre la pobreza y la opulencia

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Venezuela siempre ha sido un país de contrastes. Esto no ha cambiado, sino más bien, se ha profundizado desde que el finado presidente llegó al poder en 1999. Estamos en presencia de una anomia social, con el ingrediente de que la pésima y confusa gestión de Maduro nos ha conducido a un marasmo en lo económico y en lo político.

El problema económico es de grandes proporciones, insostenible. Por los momentos el camino a la pobreza está despejado, mientras crece el malestar social. El chavismo radical, cuestiona acremente el modelo madurista, por sus fallas, matices y desviaciones de marcado carácter burgués…

Lo cierto del caso, es que Maduro, no se ha atrevido a tomar decisión alguna en materia económica, distinta al rompecabezas del control de cambio y la centralización y militarización del manejo de los recursos financieros y las divisas, lo que ha traído el agravamiento de la crisis en todos los aspectos. Este inmovilismo ha alterado la rutina diaria del venezolano común. La inflación, el deterioro del salario y el aumento de la gasolina marcan a un gobierno que no da pie con bola.

Este paquete económico, por cuenta gotas, produce un empobrecimiento sostenido de la calidad de vida, mientras -como sostienen los propios chavistas- ha habido un saqueo sostenido de los recursos por parte de los “oligarcas” (léase boliburgueses) y funcionarios del gobierno, que no ocultan la opulencia y forma de vivir, mientras el pueblo sigue sumido en la pobreza, y estos aprovechadores de oficio se dan la gran fiesta con lujosos automóviles, guardaespaldas y aviones privados a su disposición. A esta cúpula no le afectan, por supuesto, los benditos cupos de Cadivi y, mucho menos, las penurias económicas. Claro, de esto no se dan cuenta los enchufados que forman parte de esta privilegiada y arrogante clase política. Ahora bien, esto ocurre mientras dirigentes medios y colectivos discuten sobre la permanencia en el tiempo de la herencia del comandante supremo. ¡Qué ingenuidad!, por decir lo menos.

Estamos prácticamente aislados. La deuda con las líneas aéreas nacionales e internacionales dificultan la movilización dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin que haya prohibición de salida del país, Venezuela, poco a poco, se va convirtiendo en una cárcel. Amén de que nada funciona, ni hospitales, ni clínicas, ni los servicios públicos. El valor del dólar -devaluado de hecho- hace imposible adquirir productos en el exterior al alcance del bolsillo del ciudadano llano.

Mientras la Cepal proyecta un crecimiento promedio para América Latina de 2,2%, las estimaciones para la economía venezolana dan cuenta de una contracción de 0,5%. Como dato adicional, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Panamá será de 6,7%, y le sigue Bolivia (sí, amigo lector leyó bien, Bolivia), con 5,5% y luego Colombia, República Dominicana, Ecuador y Nicaragua (¡volvió a leer bien!) con 5,0%. Haití, crecerá 4,4%. Recordemos que Bolivia, Ecuador y Nicaragua, no son productores de petróleo, paro si miembros del ALBA y, por ende, beneficiarios de nuestros petrodólares. Esta es la triste realidad de un país que una vez se creyó rico…   

@Freddy_Lepage