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Leopoldo López

Venezuela y el petróleo (VI)

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Quiero desearles que hayan tenido una feliz Navidad junto a sus familias y espero que disfruten de un fin de año en armonía y paz al lado de sus seres queridos.

Al comenzar a escribir una serie de artículos sobre petróleo lo hicimos con la intención de generar un debate, principalmente, sobre el pensamiento político y social imperante en nuestro país a lo largos de nuestros ya 100 años de historia petrolera. Desde Gumersindo Gómez, Alberto Adriani, Arturo Uslar Pietri, Rómulo Betancourt y Pérez Alfonso, hasta Alí Rodríguez Araque, pasando por toda la literatura que acompaña este pensamiento como Mene de Ramón Díaz Sánchez, Sobre la misma tierra de Rómulo Gallegos u Oficina N° 1 de Miguel Otero Silva, entre otras obras.

Me gustaría agradecer a todos los ciudadanos, académicos y profesionales que nos hicieron llegar comentarios y publicaron artículos de apoyo, de réplica y de críticas. Esto nos da una gran satisfacción porque vemos que se cumple el objetivo de nuestra humilde iniciativa.

Desde la primera entrega quisimos dejar muy claro lo que para nosotros es el fin último de cualquier política petrolera: generar paz, bienestar y progreso. Sostenemos que, al contrario de esa conseja pesimista que ha imperado de que el petróleo es una maldición y excremento del diablo, nuestro principal recurso es una bendición para nuestro país. Y es una bendición porque tenemos la oportunidad de apalancar el bienestar de millones de venezolanos, brindándoles oportunidades reales de superar la pobreza y tenemos la oportunidad de apalancar el progreso a través de la generación de millones de empleos y de la promoción de una economía finalmente diversificada.

En nuestra segunda entrega propusimos cinco objetivos estratégicos de una política petrolera que nos permita alcanzar esa mejor Venezuela. En primer lugar, convertirnos en el líder mundial del negocio de los hidrocarburos, para lo cual debemos plantearnos ser el principal productor y exportador de petróleo del mundo y ser el principal exportador de gas del continente americano (objetivo desarrollado en nuestro tercer artículo). En segundo lugar, democratizar el negocio petrolero y fomentar la participación de los venezolanos en la industria, dejando muy claro que no se trata de privatizar la industria petrolera, con lo cual estamos en total desacuerdo. De lo que se trata es de abrir la industria a la participación de los venezolanos en pequeños, medianos y grandes proyectos (este objetivo lo desarrollamos en nuestra cuarta entrega). Como tercer objetivo estratégico, proponemos apalancar el bienestar de los venezolanos a través de la creación del Fondo Solidario para la atención de la pobreza extrema y para capitalizar un sistema de seguridad social eficiente porque, como hemos dicho, el petróleo tiene que generar bienestar (objetivo desarrollado en la quinta entrega). Un cuarto objetivo estratégico es apalancar el progreso a través de la generación de miles de empleos productivos y emprendimiento mediante el desarrollo de la industria aguas abajo y realización de nuestro potencial petroquímico y la estimulación del sector no petrolero, utilizando el petróleo como palanca para la diversificación de la economía. Por último, debemos diversificar las fuentes de energía y garantizar un equilibrio entre el desarrollo de la industria y el ambiente. El petróleo puede y debe generar un mejor medio ambiente.

Reiteramos nuestra invitación para que el próximo año continuemos un debate, especialmente, sobre los próximos 100 años de historia petrolera, lo cual representa una grandísima responsabilidad para quienes vivimos en estos tiempos y nos dedicamos enteramente a pensar y actuar para construir una mejor Venezuela, una Venezuela donde todos los derechos sean para todas las personas.

Feliz año 2014 para todos. Fuerza y fe Venezuela.