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Eddo Polesel

¿Y la Venezuela de mañana?

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Recordar vivencias y experiencias puede servir tanto para rectificar errores como  comportamientos; Sin embargo, comparando la Venezuela de ayer con las condiciones en las cuales vivimos hoy nos causa reacciones contrapuestas; de rabia y frustración y de rechazo frontal al régimen político antidemocrático que desde 1999 ha venido tratando de imponer un modelo económico inconsistente inviable y por lo tanto insostenible; situación resultado del “proceso” que se ha venido haciendo más regresivo a partir de febrero de 2003 con la aplicación de los controles de precios y en cambios administrado por Cadivi; y con el anuncio en 2005 del presidente Chávez de la construcción de un nuevo Estado y una nueva humanidad bajo el  socialismo del siglo XXI. Que derivó en un proceso involutivo que se ha causado desguace de nuestras imperfectas -pero perfectibles- instituciones políticas y sociales, instituidas en los gobiernos civiles de la era democrática que inició en 1959 con el gobierno del presidente Rómulo Betancourt.

Reacciones contrapuestas que surgieron en mi mente al asistir a la reunión en Fedecamaras con los miembros de Comisión de Encuesta de la Organización Internacional del Trabajo cuando, en la proyección de imágenes de los mítines, arengas e insultos proferidos tanto por el difunto presidente Chávez como ahora de sus secuaces, con un lenguaje violento de improperios en contra de quienes no comparten el proceso en un tono que no escuche, de los gobernantes de facto, que detentaban el poder en varios países latinoamericanos cuando, en la década de los setenta y ochenta  visitábamos como dirigentes gremiales, Chile, Perú y Nicaragua

En la de Chile, que realizamos durante el gobierno de Salvador Allende, (1970-1973) gobierno de izquierda marxista -que contaba con la ayuda de Fidel Castro que se había instalado en Chile con un fuerte contingente de tropa- pudimos constatar los efectos de la profunda crisis política, económica y social que sufría el país; los acosos a la oposición política; las huelgas, las protestas cuyas demostraciones llenaban las avenidas de ciudad capital, los cacerolazos; el desabastecimiento y las colas para comprar comida resultado del proceso impuesto por Allende, la vía chilena hacia el socialismo; y de la preocupación de los empresarios por sus empresas y por sus vidas por  la inseguridad en la que vivían. En las frecuentes visitas realizada a Lima, por ser la sede de la Junta del Acuerdo de Cartagena -Pacto Andino, cuando estaba en el poder el general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) producto de un golpe de Estado de la llamada primera fase de la Revolución de las Fuerzas Armadas que generó un conflicto político que sometió al país a un choque brutal por haber, entre otras decisiones conflictivas, estimulando la migración de la población autóctona a la ciudades, que llegó a ocupar todas las aceras de la calle y avenidas de Lima, convirtiéndolas en un campo de prófugos. Nacionalizó la banca, los recursos mineros, promulgó una reforma agraria para terminar con la oligarquía terrateniente; estatizó la industria pesquera así como empresas, periódicos y televisoras sin compensación y pudimos comprobar el estado de acoso a los empresarios que habían decidido quedarse y un estado de alteración permanente del orden público en mano de las Fuerzas Armadas.

Las dos visitas a Nicaragua se realizaron durante el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1979-1990) presidido por Daniel Ortega, de inspiración socialista, marxista y leninista; la primera, para apoyar a los empresarios agrupados en el Copsep, organización cúpula empresarial, para que pudieran conmemorar su fecha aniversaria y apoyar la solicitud de liberación de dirigentes gremiales presos del régimen; visita en cuya ocasión tuvimos contacto con prisioneros del gobierno revolucionario que nos atendieron con mucha frialdad evadiendo la respuesta a los planteamientos; visitamos las instalaciones clausuradas del periódico La Prensa con la presencia de la señora Violeta Chamorro que se encontraba en un grave estado de depresión; nos reunimos con el cardenal Miguel Obando Bravo jefe espiritual y actor fundamental en esas difíciles horas para el país, con otras organizaciones sociales y con familiares de los presos. En la segunda ocasión invitados por la Asociación de Abogado para participar en un encuentro en apoyo a la lucha para el rescate de las libertades cercenadas por el régimen. Constatamos, en ambas visitas, las condiciones precarias en las cuales había caído el país cuyo empobrecimiento estaba patentizado por un crónico desabastecimiento, las tiendas con las Santamaría bajadas; con vehículos, a tracción animal, que circulaban por las avenidas de Managua.
No podíamos imaginar que veinte años después iniciaríamos ese mismo calvario; y mientras nos alegra ver la situación en que ahora viven tanto los chilenos como los peruanos -no podemos decir los mismo de los nicaragüenses que han vuelto a caer bajo orteguismo; en cambio en Venezuela, con un gobierno que ha venido recibiendo el más elevado ingresos petrolero de la historia estamos sufriendo un cuadro similar del que habían caído chile, Perú y Nicaragua; y si Chile y Perú han logrado salir de esos regímenes antidemocráticos debemos y podemos lograrlo nosotros también y ese es el verdadero desafío que está planteado en la Venezuela de hoy para retomar la senda del progreso con la esperanza que no tengamos que pasar por las etapas sangrientas que sucumbieron los países que en Latinoamérica cayeron bajo gobiernos de orientación marxista leninista

Eso será posible si las organizaciones políticas de la oposición democrática logren -frente a este desgobierno- una mayor cohesión para atacar los problemas medulares que son las causas de los efectos dañinos y perniciosos de este sistema corrupto ineficiente, dispendioso y dadivoso las cuales, acompañadas con una mayor presencia y contundencia de las organizaciones gremiales de la sociedad civil organizada, entre las cuales las del empresariado, se luche en forma mancomunada, por el rescate de la moral cívica y de los derechos ciudadanos, por cuanto es la única forma de lograr un cambio en la manera de gobernar que debe ser a favor de los intenses del país y de su gente y no en contra, como ha venido ocurriendo en estos quinces años en Venezuela bajo el actual régimen.