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Gustavo Romero Umlauff

Venezuela: La ilegitimidad política

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El día de hoy se instaló la Asamblea Nacional en Venezuela, donde una mayoría calificada se encuentra en manos de la oposición al régimen de Nicolás Maduro.

Los diputados de la oposición asumen –ahora- el histórico rol de ejercer el supremo control sobre el Gobierno, aprobar las líneas generales del plan de desarrollo económico y social y la poderosa facultad de destituir al vicepresidente, a los ministros o a las principales autoridades del país, entre otras importantes atribuciones; pero, la decisión democrática del pueblo venezolano ha puesto a su presidente al límite del delirio apurándose a dictar inadmisibles medidas y decretos que pretenden socavar la abrumadora decisión colectiva de cambiar un rumbo político.

No sólo basta la licitud de la acción política para que sea acatada por los subordinados; es decir, que sea dictada o ejercida bajo determinadas normas legales sino que tenga un reconocimiento por parte de los ciudadanos como justa, razonable y equitativa.

El presidente Maduro cree que dictar decretos o normas sustentadas en atribuciones de dudosa representatividad califican el ejercicio del poder como legítimo. Parece no comprender que su poder para dirigir los destinos de su país no reside sólo en haber sido elegido para asumir su máxima magistratura –si es que en verdad fue el caso– sino que lo ejerza en legitimidad cumpliendo los requisitos de asentimiento y obediencia por parte de sus ciudadanos.

De ahí que la legitimidad política proviene de un compromiso tanto de quien ejerse el poder como de aquel que se somete a él creando los elementos mutuos de mando y obediencia. Así que, cuando el poder pierde reconocimiento ante la ciudadanía deja de ser sólo poder sin legitimidad, salvo que se obtenga obediencia por medio de la violencia del Estado.

No sólo basta que la democracia sea la instancia legitimadora del poder sino que se cumplan las reglas que de ella se deriva y que se acaten las decisiones colectivas. El poder político que es percibido como ilegítimo termina siempre siendo desobedecido y generándose la crisis que, intuyo, a donde se dirige Maduro sin advertir claramente las fatales consecuencias de ese descabellado proyecto.