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Martín Dinatale

Venezuela divide aguas

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Una vez más Venezuela desató fisuras, enfrentamientos y contradicciones en la política latinoamericana. Las diferencias domésticas de la Argentina tampoco quedaron ajenas ante la violenta crisis que transita el gobierno de Nicolás Maduro.
Más allá del desenlace que tenga el caso venezolano, la violencia en Caracas mostró dos posiciones antagónicas muy profundas en América latina y en la Argentina expuso los contrapuntos irreversibles que se darán de cara a los comicios presidenciales de 2015.
Desde el ámbito latinoamericano se pudieron ver en las últimas horas dos reacciones distintas ante el caso venezolano. Esto habla también de visiones disímiles que existen sobre la democracia.
El bloque de países del Mercosur emitió un comunicado en el que menciona “intentos de desestabilizar el orden democrático” del gobierno de Maduro.
En el mensaje firmado por la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y la misma Venezuela, que hoy ocupa la presidencia del Mercosur, se planteó un fuerte rechazo a "las acciones criminales de los grupos violentos que quieren diseminar la intolerancia y el odio en Venezuela como instrumento de lucha política".
No hubo mención alguna a las persecuciones políticas que sufren los opositores venezolanos ni los estudiantes que salieron a las calles y fueron duramente reprimidos. Parecería que para los países del Mercosur estos son "desestabilizadores".
Como contrapunto, los países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) buscaron exponer un "equilibrio precario", como lo definió un diplomático que formó parte del equipo que redactó el comunicado sobre el caso venezolano.
No resultó nada fácil para los miembros de la Celac redactar un texto que unifique posturas ante la situación de Venezuela. Costa Rica, en calidad de presidente pro témpore de la Celac hizo un extremado esfuerzo por consensuar las posiciones pro-chavistas de los países de la Alba (Ecuador, Cuba, Bolivia, Nicaragua y Venezuela) sumados la Argentina y Uruguay ante la voz crítica al gobierno de Maduro que partió de países como Colombia, Panamá, Perú, Chile y México, entre otros.
Así, la Celac emitió un comunicado en el que expresó su preocupación por los hechos violentos que tuvieron lugar en Venezuela y en una suerte de llamado de atención a Maduro consideró que “en todo momento debe garantizarse la institucionalidad democrática, el respeto a la ley, la información fidedigna y veraz; así como el pleno respeto de todos los derechos humanos”. En este sentido, los países de la Celac instaron al presidente venezolano a “propiciar un diálogo entre todas las fuerzas políticas del país”. Al mencionar “todas las fuerzas políticas”, la Celac dio por hecho que se deberían incluir en el diálogo a los opositores y no alentar a su encarcelamiento o persecución.
Un diplomático que siguió de cerca las negociaciones por el texto final de la Celac admitió que no fue sencillo el acuerdo y se buscó en todo momento evitar el discurso conspirativo que impregnó Maduro.
Salvo que la crisis se agrave no habrá por ahora una reunión de urgencia de los países de la Celac.
En la Argentina, los contrapuntos entre kirchneristas admiradores del chavismo y firmes opositores al gobierno venezolano se desataron abiertamente en el análisis de la crisis que vive el gobierno de Maduro.
La Cancillería argentina emitió un comunicado en el que respaldó fuertemente a Maduro y alertó “sobre los evidentes intentos de desestabilización que enfrenta el orden institucional en el país hermano”.
En una abierta toma de posición en favor del presidente venezolano y haciendo oído sordo de las detenciones de opositores, el gobierno de Cristina Kirchner sostuvo que “el legado de represión, masivas violaciones a los derechos humanos y profundización de la pobreza que dejaron las feroces dictaduras que asolaron América Latina ha reafirmado como deber prioritario de las democracias de nuestra región una solidaridad activa y de defensa común frente al accionar de grupos autoritarios, las corporaciones y aquellos ligados a la especulación financiera y productiva que pretenden gobernar de hecho, imponer sus intereses sectoriales y suplantar gobiernos legítimos surgidos de la voluntad popular”.
¿Qué más se podía esperar del kirchnerismo que tiene entre sus filas a un referente como Luis D'Elía que ayer pidió el fusilamiento del opositor venezolano Leopoldo López?
“Nicolás Maduro debe fusilar a Leopoldo López, agente de la CIA”, escribió el líder piquetero en su cuenta Twitter.
En línea con las expresiones de D'Elía, las agrupaciones kirchneristas que integran el espacio Unidos y Organizados se congregaron ayer frente la embajada de Venezuela en Buenos Aires para expresar su apoyo a la “Revolución Bolivariana y al Gobierno del presidente Nicolás Maduro” y alentaron cánticos contra la oposición “desestabilizadora” venezolana.
La contracara de estas expresiones quizás fue muy escasa en la política local. El PRO, la UCR y la Coalición Cívica exigieron activar los mecanismos previstos por los bloque regionales (Mercosur, Celac y Unasur) ante las muertes que hubo en Caracas. A la vez, condenaron la existencia de grupos de choque organizados por el gobierno venezolano destinados a atacar manifestaciones populares opositoras. El macrista Diego Guelar manifestó que “el pueblo de Venezuela está dando un verdadero ejemplo de civilidad. La inmensa mayoría muestra su voluntad de paz, democracia y justicia”, dijo. Guelar remarcó también que, a diferencia de lo que plantea Maduro, “sólo una minoría ínfima se expresa en forma violenta”.
Desde el Frente Renovador Sergio Massa manifestó que “sólo los débiles y los cobardes persiguen a los jóvenes”, cuando fue consultado acerca de la dura represión que el gobierno venezolano ejerció sobre jóvenes universitarios que marchaban en Caracas en reclamo de más seguridad. Massa instó a Venezuela a cumplir la Carta Democrática Interamericana y exigió a todos los países de la región, deben ser garantes de ella.
El debate sigue abierto. Seguramente mostrará pujas de ego y algunas muestras de desapego por la democracia.