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Claudio Fermín

Venezuela denuncia a torturadores y asesinos

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Es deber del gobierno garantizar la integridad física de los ciudadanos y por ello, la segunda semana de febrero un nutrido grupo de estudiantes de la Universidad del Táchira salió a las calles de San Cristóbal a denunciar la situación de inseguridad que se padece en los espacios de ese centro de estudios. Lejos de ser escuchados y obtener protección para las instalaciones de la universidad, para sus empleados, profesores y estudiantes, fueron golpeados, arrestados e imputados como si de delincuentes se tratase.

A partir de entonces, hace más de un mes, decenas de miles de estudiantes universitarios han protestado la conducta represiva de los organismos de seguridad que, bajo claras instrucciones de sus superiores, se han dedicado a la tarea de obstruir el derecho que todo ciudadano tiene a manifestar pacíficamente sus pareceres y a reclamar de los funcionarios públicos lo que en derecho están en obligación de cumplir.

El Sebin, la Guardia Nacional, policías regionales y bandas de irregulares armados hasta los dientes han protagonizado actos diversos de violación de los derechos humanos. El país ha sido sistemáticamente agredido por estos sujetos. Mujeres golpeadas y pateadas en plena vía pública; jóvenes sometidos a torturas diversas por parte de funcionarios; ciudadanos incomunicados a quienes se les ha negado solicitar el auxilio de familiares y abogados; inocentes imputados y sometidos a juicios penales para luego serles concedidas la libertad condicionada a que renuncien a derechos civiles. Y lo más desgarrador; 29 asesinatos en tan sólo un mes, como si tratasen de cumplir desbocadamente alguna orden de exterminio.

Tal conducta del gobierno ha mantenido al pueblo en la calle. El levantamiento cívico en contra de esas vulgares acciones ha sido casi unánime. Sólo quienes están amarrados por la coerción de los caporales que botan de su trabajo a quien no obedezca y se someta, murmuran a media voz la repugnancia que la mayoría grita en las plazas públicas y en la calle. El pueblo se ha alzado contra asesinos y torturadores.

Esa es la naturaleza de estas protestas. El país sufre muchos otros problemas: desabastecimiento; corrupción que desvía y agota las finanzas públicas; parálisis del aparato productivo; inflación. Pero la convulsión que vivimos ha estado signada por el asco que la sociedad venezolana siente por los monstruos, que disfrazados de agentes del orden, han enlutado a decenas de familias y vejado a centenares de personas.

El reclamo público contra estos otros males, no ha comenzado todavía, aunque esté presente en la conciencia de quienes denunciamos la violación de los derechos humanos por parte de Maduro y sus colaboradores.